Cómo explica la ciencia que a las mujeres les guste ir de compras y a los hombres no

Las estrategias de compras masculinas y femeninas suelen ser diferentes y según un psicólogo de la U. de Michigan, la razón es la evolución. Comprender este comportamiento, asegura, ayudaría a reducir los conflictos de relaciones, en especial en Navidad.


Fin de año, época de fiestas, celebraciones y regalos. Pero para un grupo de personas el solo pensar en ir de compras es incómodo. Son quienes están en el extremo de quienes encuentran en el comprar una instancia agradable y hasta beneficiosa.

Ir al mall para muchos puede representa un difícil momento. Y no es porque comprar en ellos sea compulsivo. Son más bien, verdaderos anti compradores, que al entrar a un centro comercial se sienten como si estuvieras en un reality de sobrevivencia abrumados ante tantas opciones. En definitiva, una pérdida de tiempo.

Y más allá de los estereotipos, suelen ser más los hombres los que responden a ese perfil. Una encuesta a 2.000 británicos realizada en 2013, encontró que los hombres se aburren después de solo 26 minutos de compras. Mientras para las mujeres esa misma tarea les lleva dos horas. La encuesta detalla que al 80% de los hombres no les gustaba ir de compras con sus parejas.

Es perfectamente natural que muchos hombres a menudo sientan que pierden el tiempo buscando un regalo y las mujeres no, señala a Qué Pasa Daniel Kruger, profesor de investigación de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan, en EE.UU., experto en psicología evolutiva. La razón de ello, dice, es la misma de por que ellos no notan la diferencia entre un calcetín blanco y otro beige, pero las mujeres sí.

La mirada evolutiva lo explica. Ambos usan diferentes estrategias, señala Kruger, que se entienden desde la teoría del forrajeo óptimo o modelo ecológico, es decir, el comportamiento que ayuda a predecir cuál sera la estrategia de un animal al buscar comida. Es ahí donde subyacen las diferencias en las experiencias y comportamientos en un centro comercial.  Las que se remontan a las habilidades que las mujeres usaban para recolectar alimentos, vegetales, hierbas y frutos, y las que los hombres utilizaban para cazar carne.

Precisión versus rapidez

La premisa del académico de la Universidad de Michigan, es que las estrategias de forrajeo asociadas con la caza y la recolección en el entorno ancestral, fueron dado forma a nuestras estrategias de forrajeo (o compra) en el entorno moderno del consumidor.

Y si bien en la actualidad ni la caza ni la recolección son necesarias, sí fueron muy utilizadas a lo largo de la evolución humana. Aún están presentes. “Debido a que las mujeres recolectaron comida más que los hombres y los hombres cazaron presas más que las mujeres, las características únicas de la caza y la recolección pueden subyacer a las diferencias de sexo en las experiencias y comportamientos de compra de hombres y mujeres”, sostiene.

“Cuando se reunían, las mujeres debían ser muy adeptas a elegir el color, la textura y el olor correctos para garantizar la calidad y la seguridad de los alimentos”, explica. Por ello, pasar más tiempo eligiendo, por ejemplo, el tejido, el color y la textura perfectos de un vestido, puede ser normal en ese contexto.

Desde la vereda masculina la caza debía ser rápida y precisa, para evitar el riesgo era perder la presa. En su mente estará entonces, indica Kruger, tener un elemento específico de compra y querer entrar al centro comercial, obtenerlo y salir rápidamente. Y en lo posible ir solos. “Es crítico llevar la carne a casa lo más rápido posible. Llevar niños pequeños no es seguro en una cacería y es probable que obstaculicen el progreso”.

Las mujeres, en cambio, disfrutarán de la experiencia de comprar más, incluso cuando no tienen nada específico que están buscando. “Por supuesto, hay diferencias individuales, no todas las mujeres u hombres son iguales y algunos pueden ser más parecidos al otro sexo en sus actitudes de compra”, aclara.

Tener una mejor comprensión de nuestra psicología evolucionada ayudaría a reducir los conflictos de relaciones. El investigador recalca que si a lo largo de la evolución de la humanidad las mujeres fueron las que, por ejemplo, se encargaron de recolección de plantas y hongos comestibles, esto no podía realizarse al azar. La búsqueda exhaustiva, podía tomar horas y era necesaria. De eso dependía la vida de su grupo familiar.

La evolución es la culpable

Estos comportamientos no están determinados genéticamente y no se aplican a todos, aclara. Sin embargo en sus investigaciones sobre actitudes de compra sí ha podido confirmar las diferencias predichas. En comparación con los hombres, las mujeres confiaban más en estrategias de navegación orientadas a objetos y obtuvieron calificaciones más altas en habilidades y comportamientos asociados con la recolección. Además, “el grado en que las compras se consideran recreativas, el grado en que las compras son una actividad social y la tendencia a ver nuevas ubicaciones fueron vistas como oportunidades para hacer compras. Los hombres obtuvieron calificaciones más altas en habilidades y comportamientos que se cree están asociados con la caza”.

¿Se pueden cambiar los comportamientos vinculados a la evolución? La respuesta es complicada, acota Kruger: “Todo lo que somos es una interacción compleja entre nuestra herencia genética y el entorno de desarrollo. Los entornos cambiantes podrían moldear los comportamientos, pero algunas cosas (los antojos de alimentos dulces y salados, etc.) serán más resistentes al cambio”.



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