La bitácora del doctor Höfer: Día 49, luchando contra el tiempo


Es muy tarde y la base Profesor Julio Escudero está en completa oscuridad, salvo por la lámpara que ilumina la mesa donde escribo estas líneas. He de despertarme en unas pocas horas, pero debo terminar la columna por mi compromiso con los lectores, independientemente de su número.

Alguien se preguntará por qué no me voy a dormir y termino la columna en otro momento, y la verdad es que no puedo hacer eso, porque hoy he recibido noticias que cambian totalmente la planificación que teníamos armada para los últimos días de nuestra estancia antártica. Lo único constante aquí es el cambio (otra paradoja de la ciencia antártica), así que toca seguir aporreando el teclado, mientras de reojo miro el reloj de la esquina inferior izquierda de la pantalla. Las noticias que me han entregado serán reveladas en la última entrega de este año.

En la ciencia antártica luchamos contra Cronos (el tiempo físico) desde el principio, pues como ya expliqué en ocasiones anteriores, el calendario es implacable y cualquier cosa que demore su llegada a Punta Arenas no podrá ser usada durante el trabajo en terreno. Una vez llegados al continente blanco batallamos ante el tiempo atmosférico, representado por Eolo y Poseidón en la antigua Grecia, mientras vemos cómo las horas, días y semanas se nos escapan entre los dedos como nieve que se derrite.

Este triunvirato del terror mitológico siempre amenaza nuestro quehacer por estas latitudes y por esa razón aprovechamos cada momento y ocasión como si fuese la última, expectantes a que la meteorología se complique o se altere la planificación original de una forma inesperada. Algo no tan extraño aquí, como comenté.

Una vez se calmó el viento salimos a continuar con nuestro monitoreo, a pesar de la nieve acumulada en el bote, el frío punzante y la nevazón de esta mañana. Si el mar lo permite, se trabaja, aunque claramente somos la fauna inadecuada para estos lares. Uno se coloca la bandana, el gorro y las antiparras de forma que no haya ni un centímetro de carne expuesto a las inclemencias, mientras ves a los pingüinos lanzarse de cabeza a las congeladas aguas o a las apacibles focas durmiendo sobre la nieve. Es allí donde nos damos cuenta de que somos nosotros los que estamos de visita y este sitio les pertenece realmente a ellos.

Por suerte, el viento está ausente durante toda la mañana porque si no hubiese sido muy difícil soportar el frío. Ahora eso nos da igual, ya que hemos tomado nuestros datos y preciadas muestras de agua de mar.

Mientras terminamos de filtrar los últimos litros de agua voy a cerrar rápidamente la columna de hoy, aún nos queda mucho por hacer y desde mañana los días finales prometen ser los más intensos de toda nuestra expedición. Como dice el viejo proverbio antártico “come cuando puedas, descansa cuando puedas”.

* El Dr. Juan Höfer, es oceanógrafo del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) de la Universidad Austral de Chile (UACh) y académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV).

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