La tragedia de los comunes: tacos interminables

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Supongo que usted o alguien de su familia, estará vivenciando en carne propia los interminables “tacos” de las mañanas y tardes. Quiero suponer que frente a toda la información que pudimos recibir durante el receso estival, esto no debiera sorprendernos, pero una cosa es haber inferido que habrá problemas y otro diferente es vivenciarlos.

El año 1968, en una revista importante en el campo científico, Garrett Hardin (que no era economista como muchos piensan, sino ecólogo), publicó el ya famoso ensayo intitulado “La Tragedia de los Comunes”. Por si no ha tenido la suerte de conocer este interesante tema, obligado en los estudios del área de la Economía de Recursos Naturales, se lo resumo brevemente para que Ud. saque sus propias analogías con nuestros tacos matutinos.

Hardin presentó en su ensayo, una situación en que un gran número de individuos, todos autónomos y de conductas racionales, al verse motivados por su interés personal, terminaban producto de dicho interés y oportunidad, agotando un recurso compartido de uso público. Ciertamente, y así lo hace ver el autor, ninguno de los individuos del contexto imaginaba - y menos deseaba- tal resultado. Más aún, lo ejemplifica con una situación de pastoreo en un lugar compartido entre varios pastores, quienes observan que “aún queda una extensa parte de pasto”, y que frente a ello, deducen entonces que se podría alimentar a una mayor cantidad de animales que la que tienen actualmente. Luego, razonando racionalmente, y producto de su legítimo interés individual, es que deciden aumentar la cantidad de animales. Al ser esta una decisión de cada pastor, se produce un colapso y se sobrepasa la capacidad del pastizal de renovarse y así proveer de suficiente alimento a todos los animales.

La moraleja es clara: si un recurso no le pertenece a nadie, nadie tomará en cuenta los efectos del uso del recurso sobre el resto de las personas, y viene a reflejar el siempre delicado equilibrio entre libertad y responsabilidad.

La indignación de los tacos es comprensible, todos buscamos tener mayor comodidad o seguridad frente a los contagios, o aprovechar mejor el tiempo entre varias obligaciones (escuela, hogar, trabajo), o quisimos darnos un gusto luego de años quizá de privaciones, o tomar alguna oportunidad única que se nos presentó. Sean cuales fueren las legítimas razones, el resultado está a la vista, y las pretendidas ventajas del vehículo se ven diluidas por las complicaciones que genera esta superpoblación del parque vehicular, que ha roto todos los records históricos de ventas este año.

Y acá hago el punto algo pesimista, lo reconozco, pero lo relevo para fomentar la reflexión: tuvimos que vernos enfrentados a sufrir las consecuencias de nuestros actos para generar indignación y comenzar a pensar en soluciones, muchas de las cuales (como si siguiéramos sin aprender la lección) las exigimos o demandamos a terceros: el gobierno, el municipio, el ministerio, “hay que”, “alguien tiene que”, pero pocos o ningún “tengo que”.

Más aun, frente a la inminente, anunciada y temida racionalización del agua, todavía cada uno de nosotros tiene la posibilidad de abrir la llave de su casa y tener agua, e inferir de ello que “aún queda” dicho recurso. Y por lo mismo, aprovecha de regar, probablemente de llenar la piscina si es que la tiene, o dejar corriendo por comodidad, la llave para lavar la loza, o tomar una larga y relajante ducha.

Pero al mismo tiempo, miles de “Usted”, racionalmente, realizan probablemente lo mismo. La próxima vez que se mire al espejo con el agua corriendo esos 30 segundos en el lavamanos, imagínese clonado mil veces, y multiplique por mil esos 30 segundos. Poco importa que los embalses estén en niveles mínimos, o que veamos al pasar por los puentes que muchos de los cauces de ríos o arroyos estén secos, todavía tenemos agua, todavía no tenemos el problema, pero va a llegar, y pareciera que sólo entonces veremos lo que haremos o comenzaremos a buscar responsables.

Pero aquí está el punto evidente: a diferencia de nuestra “tragedia de los tacos”, en donde podríamos eventualmente dejar nuestros autos estacionados y caminar, o siendo menos extremistas, buscar otras opciones como compartir trayectos, o mejorar y potenciar el transporte público, entre otras; en el caso de los recursos naturales no renovables como nuestra preciada agua, cuando llegue la tragedia ya será demasiado tarde, y si no estamos siendo capaces de reaccionar como sociedad al estar viviendo ya en carne propia una tragedia como los “tacos”, ¿qué esperanza nos queda para que una parte importante de la población anticipe y reaccione frente a lo que puede ser una verdadera “tragedia de los comunes”, como llegar a tener que regular el uso y consumo de un bien que, siendo sinceros, hemos despilfarrado debido a su pretendida abundancia que ya no es tal?

La sequía está requiriendo esfuerzos y creatividad enormes en el sector Silvoagropecuario, tenemos a científicos y científicas haciendo esfuerzos considerables y teniendo resultados notables. La ciencia y la tecnología nos han permitido avances increíbles, pero hay situaciones que ya no es posible obviarlas o minimizarlas.

La crisis hídrica está, y la única solución posible va a depender de manera relevante, de lo que resolvamos hacer o acordar hacer entre cada uno de nosotros. Si no toma conciencia social de la parte de responsabilidad que le atañe a Ud. en nuestra crisis, y actúa en consecuencia, renunciando a parte de su comodidad, no tenemos ninguna probabilidad de salir airosos de este problema.

*Académico del Instituto de Ciencias Sociales Universidad Estatal de O’Higgins. Doctor en Matemática Computacional y Aplicada

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