Rodrigo Arias

Rodrigo Arias

Fundador de OpenCluster

Qué Pasa

“Las empresas cumplen con la ley de inclusión laboral, pero lo desconocen”


Habiendo trabajado con más de 40 empresas corporativas y sobre un universo que supera las 70.000 personas, aseguramos que más del 90 por ciento de las empresas en Chile ya posee sobre el 2,45 por ciento de su dotación constituida por Personas en situación de Discapacidad.

Es interesante entender el espíritu de la nueva Ley de Inclusión que busca la contratación de personas en situación de discapacidad, pero no brinda herramientas ni indicaciones de cómo hacerlo de la forma correcta, suponiendo que cada empresa busque de acuerdo a su desarrollo organizacional, el modo más acertado de incluir las “capacidades” de las personas en situación de discapacidad.

El problema detectado, es que algunas empresas que iniciaron el proceso de inclusión desde la contratación y lo hicieron sin preparación, más bien como “Empresa Socialmente responsable”; contrataron personas desde la discapacidad y no por su “capacidad”. Asimismo, los equipos de trabajo no fueron preparados para recibir personas con esta condición y con ello, la frustración colectiva fue mermando la productividad y contribuyendo con la frustración de las Personas Incluidas, alimentando así un círculo vicioso con licencias médicas por enfermedades laborales.

Por el contrario, las empresas que adoptaron un buen modelo de inclusión solo experimentaron logros. La realidad es que la mayoría de las empresas ya ha incluido a lo menos el 2 por ciento de Personas en situación de Discapacidad, pero desde la ignorancia de qué es la discapacidad, por tanto cuando se han visibilizado aquellas Personas en situación de discapacidad que actualmente ejercen labores igual que los demás, se comienzan a derribar mitos y prejuicios acerca de lo productivo y eficientes que son y desde ahí, es posible centrarse en la capacidad y no en la discapacidad. Los estudios demuestran que, por ejemplo, las personas con ceguera desarrollan importantes habilidades comunicacionales que los convierten en interlocutores convincentes y persuasivos, siendo mucho más efectivos para roles en call centers y venta telefónica; mientras que las personas en situación de discapacidad cognitiva, muestran ser más puntuales y responsables, perfilándose para cargos de alta confianza y rutinas laborales determinantes en procesos productivos.

A solo un paso de concluir el 2018, el cumplimiento de la  Ley de Inclusión Laboral pisa los talones de forma intimidante para la gran mayoría de las empresas. Existen más de 3.600 empresas con más de 100 colaboradores, que califican como contribuyentes de esta ley, y que según cifras de la Dirección del Trabajo, un 70 por ciento de este perfil de empresas no estaría cumpliendo con su obligación. Dados los inminentes plazos, solo estarían en condiciones de recurrir a medidas subsidiarias.

Este universo de compañías suman 2.400 empresas. Considerando que los modelos de acreditación inclusiva exigen de al menos 3 meses, la única carta factible de jugar es aplicar un modelo mixto de medidas subsidiarias y programas de inclusión basados en la conciencia y no en la emoción.

En pocos días se conmemora el día internacional de la discapacidad y se avecina una nueva Teletón, invitándonos a reflexionar acerca de una inclusión eficiente y empática, antes que asistencialista. Más allá de las leyes que nos determinan, existe un compromiso moral y social que nos exige avanzar, en una sociedad sustentable y diversa, que enriquece y permea todos los espacios de nuestra comunidad.



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