Los mitos detrás de la regulación del mercado de marihuana: ¿Aumenta el consumo? ¿Disminuye el narcotráfico?

Foto: AFP

El Dr. Álvaro Castillo-Carniglia, académico de la U. Mayor, advierte que argumentos como ´vamos a acabar con el narcotráfico´ solo buscan causar impacto en la población más que ser una política real que solucione el problema. La experiencia internacional, en Uruguay en Canadá y EE.UU., puede servir como referencia, asegura.




En 2017 el paper Latin America: Results from a Latin-American Survey publicado en el International Journal of Drug Policy que analizó en nueve países las percepciones sobre el consumo de drogas y su ilegalidad, destacó a Chile como uno de los más proclives a reformas y abierto al uso medicinal de marihuana.

El mismo trabajo indicaba que sí, por ejemplo, en la década de 1970, en América Latina la imagen popular sobre el cannabis, y que continuó hasta el XXI, era la de una amenaza, en la actualidad existe una mirada heterogénea, más liberal y menos condenatoria.

¿Legalizar o no legalizar la marihuana? La regulación del mercado de drogas es un tema que reflota cada cierto tiempo. Pero en el marco de las primarias presidenciales donde algunos candidatos se han manifestados sobre el tema, “se ha puesto nuevamente en el debate”, indica el Dr. Álvaro Castillo-Carniglia, académico del Centro de Investigación Sociedad y Salud de la Universidad Mayor, quien participó en encuentro titulado “¿Legalizar o prohibir las drogas?”, de esa casa de estudios realizado este viernes y que contó además con la presencia de la Dra. Pía Mauro, académica de Epidemiología en la U. de Columbia (EE.UU.).

“Con las propuestas de los presidenciables, Lavín dice que básicamente bajo ningún concepto considera la legalización y sí tener programas preventivos y estrategias reducción de demanda, y en el programa de Jadue se plantea de legalización de marihuana”, ejemplifica Castillo-Carniglia.

Experiencia en Uruguay

Pero en esa discusión, dice el investigador, algo falta. No se plantea la evidencia científica internacional sobre la regulación del mercado de drogas. “Lo más cercano que tenemos es la experiencia en Uruguay, lo de varios estados en EE.UU. Pero la evidencia es divergente”, aclara.

En 2020 el estudio The impact of cannabis legalization in Uruguay on adolescent cannabis use, del cual Castillo-Carniglia fue parte, proporciona la primera evidencia empírica sobre sus impactos en el consumo de cannabis en adolescentes y los riesgos relacionados, en el primer país en el mundo en legalizar el cannabis recreativo, dónde se instituyó un modelo estatal regulatorio no comercial de producción y suministro.

Al estimar el impacto de la legalización en Uruguay sobre el consumo de cannabis en adolescentes, disponibilidad percibida de cannabis y riesgo percibido de consumo, determinaron que el enfoque regulatorio estatal puede minimizar el impacto de la legalización en el consumo de cannabis en adolescentes.

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Uruguay fue el primer país en el mundo en legalizar el cannabis recreativo, dónde se instituyó un modelo estatal regulatorio no comercial de producción y suministro. Foto: AP.

Hay muchos aspectos que convergen. Y en base a esas experiencias la pregunta adecuada, dice Castillo-Carniglia, sería: ¿Cuál es el objetivo de la modificación de ley de drogas? “Si se trata de disminuir el consumo en población, o el narcotráfico y sus consecuencias negativas, o si es dar más libertades individuales para aquellos que consumen. Todas esas discusiones son válidas, pero hoy son poco transparentes”, asegura.

“Mi impresión es que tiene que ver con algo valórico y no hay reflexión de las consecuencias directas o indirectas de una modificación al régimen regulatorio”, plantea.

Si se busca combatir el narcotráfico, se trata de un fin razonable. Pero no se hace cargo de lo que llama potenciales consecuencias indeseadas, advierte: “¿Qué es lo que pasa con las organizaciones criminales a cargo del narcotráfico? ¿Salen del mercado? ¿Se reconvierten a actividades licitas? ¿Modifican su actividad criminal a otras sustancias, a otras actividades, armas, violencia de otro tipo? Son organizaciones complejas, por eso se debe considerar cuál es la estrategia que le sigue a la legalización”.

En Chile existen estudios sobre políticas de drogas, particularmente sobre tabaco y alcohol. Esas investigaciones, que, si bien son insuficientes, indica el investigador, deberían ser parte de la reflexión.

¿Chile ha sido capaz de regular el mercado del alcohol y el tabaco? ¿De qué forma los intereses de la industria han influido en la toma decisiones sobre política pública, (por ejemplo, en aumento de impuestos, disminución de la disponibilidad física)? Conocemos poco esas dinámicas, así como del impacto de políticas implementadas en los últimos años, como la modificación en 2015 del reglamento 404 y 405 sobre psicotrópicos y estupefacientes o el pequeño aumento de impuesto al alcohol el 2014″, subraya.

¿Disminuye el tráfico de drogas?

Es importante saber qué se espera lograr con esa legislación. Un punto importante que también aplica dice para los detractores. “Si están preocupados que aumente la disponibilidad y disminuya la percepción de riesgo, y que eso puede llevar más consumo de riesgo, lo que se sabe es que el consumo de marihuana en Uruguay no ha aumentado, ni tampoco el de otras sustancias”, aclara.

En EE.UU. la información también apoya esa conclusión. Solo se ven pequeñas alzas en pequeños grupos, como población adulta en algunos estados. La legalización puede aumentar la disponibilidad, lo que a su vez podría llevar a aumento de consumo, dice “pero se da solo en personas de ciertos grupos”.

Plantear “que será una catástrofe y que toda la población se volcará al consumo, no es así”, destaca Castillo-Carniglia. La evidencia, que lleva menos de una década, y “según lo que sabemos, muestra que no ha habido grandes cambios”.

Lo que sí se ha detectado es un aumento en intoxicaciones en infantes por comestibles en base a marihuana, que están más disponibles. Esto se refiere a alimentos y bebidas a base de marihuana, como pasteles, galletas, dulces, chocolates y batidos.

A su vez, pequeños aumentos de accidentes de tránsito asociados al consumo de marihuana se han visto, por ejemplo, en el estado de Colorado, en EE.UU.

Lo que sí se ha detectado es un aumento en intoxicaciones en infantes por comestibles en base a marihuana, que están más disponibles. Esto se refiere a alimentos y bebidas a base de marihuana, como pasteles, galletas, dulces, chocolates y batidos. Foto: Reuters.

También se estudia el potencial efecto beneficioso de leyes de uso médico y recreativo para disminuir la sobredosis de opioides, “donde mueren decenas de miles de personas por sobredosis de opioides cada año”, indica Castillo-Carniglia. En EE.UU. donde es más factible morir por sobredosis de opioides que por un accidente automovilístico, ya se habla de un efecto de sustitución por marihuana. Es materia de estudio, explica, “pero las primeras investigaciones muestran que habría una disminución importante, que años posteriores se tiende a perder”.

La relación entre política y droga es súper compleja e intrincada. En ciertos grupos se comporta de cierta forma y en otros de otra, explica. “Lo que no hemos visto es que aumente el consumo, ni que disminuya el narcotráfico. Hay mucho mito y todos los argumentos como ´vamos a acabar con el narcotráfico´ son formas de causar impacto en la población más que una política real que solucione el problema”, subraya. El tráfico de droga no ha terminado en Uruguay, ni en Canadá, ni en los estados de EE.UU.

Cultura cannabica

En el marco de las normas sociales que no tiene que ver con las normas jurídicas, el investigador reconoce que efectivamente en Chile ha habido un aumento del consumo sostenido de marihuana.

El Estudio Nacional de Drogas de Senda indicó que entre 2010 y 2014 el uso de marihuana pasó de 4,6% a 11,3%: en cuatro años el aumento fue de 145%. En tanto, el Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar 2018 indica qu pasó de 34,2% en 2015, a 30,9% en 2017 y 26,8% en 2019.

“Si nos comparamos con los países que han implementado políticas de regulación, hemos experimentado una subida constante, además una baja en la percepción de riesgo y un aumento de la percepción de disponibilidad, estamos dentro de los primeros países del mundo en consumo adolescente”, enfatiza.

“Aquí no hay que perderse”, subraya Castillo-Carniglia, el consumo de drogas más allá de la marihuana, tiene efectos nocivos especialmente críticos en la población en proceso de neuro desarrollo, como la adolescente.

“Afecta distintos ámbitos de la vida, en el rendimiento escolar, en la posibilidad de insertarse laboralmente, en la motivación, hasta en trastornos psiquiátricos y trastornos por consumo de marihuana”, explica.

En 2020 un estudio en Chile, Universidad de Chile y de la Universidad Central, detectó un impacto educativo que incidiría en tareas habituales de aprendizaje entre adolescentes que están iniciando el consumo de marihuana fumable. El consumo recreacional regular de cannabis en jóvenes de educación secundaria puede afectar el aprendizaje y el procesamiento de imágenes relacionadas con el aprendizaje, concluye la revisión de estudios de académicos de la publicado en la prestigiosa revista Educational Psychology Review.

Pero, además, hoy la principal droga de ingreso a tratamiento es cannabis. “El cannabis no es una droga inocua. La preocupación por el consumo tiene que estar puesto en el estudio de políticas. Si se acepta un aumento de 2 puntos en prevalencia a cambio que disminuya la violencia asociada al tráfico, son cosas que se tienen que plantear porque tienen costos”.

Solo en EE.UU. en 2020 la venta de marihuana representó sobre los 17 billones de dólares en venta en la industria legal. Foto: Reuters.

En la discusión falta educación. “Parte de las legítimas demandas por modificar la ley de drogas se ha pasado al otro lado. Se ha pasado casi a fomentar el uso de marihuana y esa estrategia es peligrosa. Y lo han dicho las comunidades médicas y todos aquellos que están preocupados de controlar la demanda, en ese sentido es un manejo irresponsable de partidarios de su uso”, explica.

Son varios los intereses en esta discusión. Y también es innegable, dice la presencia de intereses económicos. “No me cabe la menor duda que hay intereses económicos. Solo en EE.UU. en 2020 representó sobre los 17 billones de dólares en venta, y esa es la industria legal, no considera el tráfico que sigue existiendo”.

Castillo-Carniglia señala que no sabe si es lo que está detrás de la llamada cultura cannábica, pero “hay que tener mucho ojo”, advierte: “La industria, así como existe el Big Pharma, el Big Tobacco (nombre que se usa para referirse a las empresas tabacaleras más grandes del mundo), existe el Big Cannabis, es una industria incipiente, pero que ya se cotiza en la bolsa. Hay intereses y parte de eso es trasmitir que es inocua, que es cool”.

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