No era una gripe estacional: Las razones por las que se subestimó al coronavirus

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Ante los primeros casos detectados en diciembre de 2019 en China se lo comparó con una “gripe, pero más fuerte”. Hoy con 4.399.550 personas contagiadas y 299.333 muertos a nivel mundial, y en Chile con una clara curva ascendente, señalar eso no resulta apropiado.




Los primeros casos de Covid-19 se detectaron en diciembre de 2019 en China. Al mes siguiente en la prensa mundial ya se publicaban noticias sobre ese misterioso virus. Para explicar su naturaleza se lo comparó con una “gripe, pero más fuerte”.

Hoy con 4.399.550 personas contagiadas y 299.333 muertos a nivel mundial, y Chile con una curva en claro ascenso, con 37.040 casos positivos y 2.659 casos nuevos al 14 de mayo, decir que es comparable a una gripe, no resulta apropiado. Su nivel de letalidad y su alta infectividad aún tiene con más interrogantes que respuestas a los científicos.

Entonces ¿por qué se pensó así en un comienzo? Los antecedentes anteriores de enfermedades por coronavirus, como el brote de Sars de 2002 y 2003 y el brote de Mers de 2012, mostraban que si bien eran escenarios complejos en ausencia de vacunas, se habían mantenido restringidas a ciertas áreas. Para muchos países esos virus fueron observados desde la distancia.

Se comparó con una gripe estacional y se subestimó. Así lo reconoció esta semana el exministro de salud de Brasil, Luiz Mandetta, quien en una entrevista dijo que ese país no se dio cuenta de la rapidez con que se podía propagar el coronavirus cuando se publicaron los primeros informes en China.

En entrevista en el programa de la BBC Hardtalk, Mandetta reconoció que inicialmente parecía que Covid-19 sería “un virus que no tenía mucha capacidad de propagarse realmente; parecía mucho más un Sars en 2002, que un virus que sería tan capaz de propagarse a las personas”.

Bolsonaro junto al ex ministro de Salud, Luiz Mandetta, quien en una entrevista dijo que brasil no se dio cuenta de la rapidez con que se podía propagar el coronavirus cuando se publicaron los primeros informes en China. Foto: Reuters

Las alertas del riesgo mundial de un virus no fueron asumidas como tales, pese a que figuras como Bill Gates y el destacado científico Stephen Hawking, ya lo habían advertido. Ambos, años antes ya habían manifestado su preocupación por el riesgo que representan los virus para la humanidad.

En 2015, Gates inició una charla TED en Canadá con un barril negro con sellos del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Se trataba, comentó, de uno de esos barriles que las familias tenían en los sótanos cuando él era niño para sobrevivir en caso de que se desatará el gran temor de la sociedad de los años 60: una guerra nuclear.

Ese miedo, señaló Gates, que hoy ya no existe. Pero no implicaba que no existía otra posibilidad que debería ser considerada como tal, una pandemia causada por un virus altamente infeccioso que se propagaría rápidamente por todo el mundo y “contra el cual no estaríamos listos para luchar”. Palabras que dijo en un momento en que el mundo se enfrentaba a la epidemia de ébola que, entre 2014 y 2016, con más de 10.000 muertos afectó principalmente a tres países en África Occidenta, y que se extendió limitadamente a otros como Estados Unidos, Italia y España.

Años antes, el fallecido autor de Una breve historia del tiempo, Hawking, reconoció “estar más preocupado, a largo plazo, por la biología que por las armas nucleares”. Advertencia que indicó en una entrevista que le realizó el periódico británico The Daily Telegraph, en octubre de 2001, en donde aseguró que sería un virus y no una bomba atómica lo que acabaría con la población de la Tierra.

Stephen Hawking
El destacado científico Stephen Hawking en una entrevista en 2001 manifestó su preocupación por el riesgo que representan los virus para la humanidad.

Amenaza

Christian García, epidemiólogo y académico de la Universidad de Santiago, ex jefe del Departamento de Enfermedades Transmisibles del Ministerio de Salud (Minsal), señala que a nivel mundial se tuvo una buena reacción gracias a que existía un sistema de vigilancia que se creó posterior al virus Sars, en el año 2003.

Ese sistema estableció un reglamento sanitario internacional para detectar tempranamente enfermedades desconocidas. Eso permitió que en China se tuviera a tiempo una respuesta que “contuvo bastante bien el virus”, destaca García.

Pero los países de occidente fueron menos estratégicos. “En Italia se trató de mantener la economía funcionando y las personas siguieron pensando que era un resfrío, se pensó que no era grave y que duraría poco”, indica el epidemiólogo de la Universidad de Santiago.

El largo período de incubación del virus y la ausencia de algunos datos, hicieron que en un inicio las proyecciones tanto negativas como positivas, no fueran las más acertadas, indica Waldo Cerpa investigador del Centro de envejecimiento y Regeneración Care UC y del Centro de Excelencia de Biomedicina de Magallanes, CEBIMA. “Nadie sabía, con toda la información disponible, tanto a nivel científico, no había manera de saber cómo se comportaría el virus”, detalla.

Por lo general, se confía en la experiencia para tomar decisiones. Pero con el tiempo, en el caso de Covid-19, se vio que la experiencia podrían ayudar, pero fue insuficiente para comprender lo que estaba por suceder.

Las comparaciones con Sars y Mers, fueron limitadas. “Las predicciones que se podrían hacer dejaron bastante que desear desde una perspectiva negativa y positiva, algunas proyecciones decían que a principios de abril íbamos a tener 40 mil contagiados, y eran proyecciones de epidemiólogos, pero eran bastante aventuradas. No teníamos manera de tener una predicción apropiada”, dice Cerpa.

Las medidas se orientaron según lo que decidieron los países que iban más adelantados en el desarrollo y casos por el virus. Ellos, que se enfrentaron hace seis semanas atrás a esta situación, detalla Cerpa, “se enfrentaron aún más a ciegas, en algunos casos tomaron una serie de medidas que no fueron suficientes como Italia, España y Estados Unidos”.

Con respecto a Chile, García indica que hubo un claro seguimiento a lo que fue la reacción de Estados Unidos, de mantener la economía funcionando o una mala interpretación de los datos. “Entendiendo que los datos no son un reflejo de hoy, sino que son la imagen de un proceso anterior, es un proceso que es lento y cada dato del día de hoy es una foto del pasado”, explica.

Así, el decretar recién ayer la cuarentena en la Región Metropolitana, no implica que sea que “ahora” estén aumentando los casos, aclara García: “lo que estamos viendo no es un reflejo de hoy, pero se ha actuado de manera reactiva y hace que estemos en la situación actual, desde hace mucho rato que los investigadores y especialistas decíamos a finales de marzo que había que cerrar la RM para evitar esta situación”

“Acá teníamos datos. Las autoridades son las responsables de las decisiones y es difícil cuando se hace esto saber cuál es el mejor momento, pero en situaciones como estas es mejor exagerar un poco. Estas son medidas reactivas hay 2.600 casos nuevos, pero hay más circulando y es una masa de personas que seguirá contagiando por semanas y meses, pero van en la dirección correcta y nos da la posibilidad de prevenir más contagios y muertes”, dice García.

Mensaje

Si la situación es grave, también es relevante, indican, que el mensaje sea claro en mostrar esa situación para asumirla o no como una amenaza. “Desde un principio no se entregó toda la información para que entendiera que esto era grave. Pero eso fue en inicios de marzo, ahora las medidas se han ido tomando con la claridad desde principio de abril, que es una pandemia grave y con capacidad infectiva alta y mortalidad alta. A pesar que el mensaje bien inicial pudo ser erróneo se corrigió”, detalla Cerpa.

El mismo presidente de Estados Unidos, Donald Trump señaló que la gripe era más mortal que el nuevo coronavirus en más de una ocasión. “El resfriado es tanto más contagioso, pero no te mueres porque te resfrías”, dice Cerpa. El mismo discurso ha tenido el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien ha dicho repetidamente que los riesgos del virus han sido exagerados. Hoy Brasil es el país que tiene el mayor número de casos de coronavirus en América del Sur.

El no tomar en serio la pandemia, tiene además otro elemento involucrado, que la ciencia no puede desconocer, dice Cerpa, la propagación de las noticias falsas: “Hay mucha información de fuentes distintas que esta influenciada de manera directa desde las redes sociales, como que las antenas 5G activan el coronavorius, que desinforman”.

El presidente de Estados Unidos Donald Trump, señaló en varias oportunidades que la gripe era más mortal que el nuevo coronavirus. Foto: REUTERS

Mensajes alarmistas que lamentablemente tienen gran alcance, dice Cerpa, porque si se asocia una emoción a un mensaje, éste llega de mejor manera.

Pero también el no asumir la real alarma, indoca Cerpa “puede tener origen en la falta de credibilidad del gobierno, porque al ver las redes sociales encuentras cosas muy irrisorias y en general con un mensaje que se repite y que es que las personas no toman en serio las medidas no porque sean descabelladas, sino porque viene de un gobierno que cuando empezó esta crisis no tenía la suficiente legitimidad”.

Da lo mismo, subraya Cerpa, quién este al mando “hay que tomar las medidas en serio, hay que alinearse con las medidas que se toman y estar consciente del compromiso ciudadano de cada uno de contribuir sin necesidad que las obliguen hacerlo”.

Pero además, existe otro elemento, quizás no considerado a nivel de política pública: la ansiedad matemática. Un sentimiento de aprensión y negación cuando se trata de matemáticas que lleva a las personas a evitarlas y no sentir cercanía cuando un mensaje se explica en cifras, que pueden jugar en contra a la hora incorporar un mensaje en la vida cotidiana y que puede influir en que no todas las personas se tomen en serio esta pandemia

Así lo han planteado en relación al coronavirus Clarissa Thompson académica de psicología cognitiva de la Universidad Estatal de Kent y Pooja Sidney, académica de psicología de la Universidad de Kentucky, expertas en el campo de la cognición matemática, que en sus investigaciones en adultos, descubrieron que las personas con ansiedad matemática eran peores al estimar una realidad cuando se les explica con números.

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