Países pobres se quedan sin vacunas por lo que el coronavirus podría seguir circulando hasta 2023

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Un informe advierte que países más pobres podrían tardar hasta tres años en inocular a sus habitantes, lo que hará estéril los esfuerzos por acabar con la pandemia en el corto plazo.




Casi 40 millones de dosis de la vacuna contra el coronavirus ya se han inyectado en al menos 49 de los países más ricos del planeta, mientras que “sólo se han administrado 25 dosis en un país de ingresos más bajos. No 25 millones, no 25 mil, sólo 25”, denunció este lunes Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salid (OMS), por lo que aseguró que el mundo se encuentra al borde de un “catastrófico fracaso moral”, si los países ricos acaparan las dosis del fármaco contra el Covid-19, mientras los más pobres sufren.

Los inadecuados suministros de vacunas Covid-19 para los países de bajos ingresos significa que podría llevar años vacunar algunas partes del mundo, lo que socava los esfuerzos globales para poner fin a la pandemia, concluyó un informe elaborado por el Centro de Innovación en Salud Global de la U. de Duke (EE.UU).

Según este informe y desesperados por vacunar a sus poblaciones contra el Covid-19, las naciones de altos ingresos, que albergan alrededor de mil millones de habitantes, han asegurado 4,2 mil millones de dosis, aproximadamente el 74 por ciento del total de pedidos gubernamentales.

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Por el contrario, añade el documento de la U. de Duke, los países de ingresos bajos y medianos solo han logrado reservar 675 millones de dosis. Esta desigualdad generaría que en muchas partes del mundo se podrían tardar hasta tres años en inocular a la población, tiempo durante el cual el virus continuará circulando, han alertado algunos expertos.

“Tenemos un problema de suministro catastrófico”, dijo Anna Marriott, gerente de políticas de salud en Oxfam GB, citada por el Financial Times. “Cuanto más tiempo pueda viajar el virus por el mundo, mayor será el riesgo de mutaciones y mayor será el riesgo de que las vacunas que tenemos se vuelvan ineficaces”.

Según Ignacio Silva, infectólogo y académico de la U. de Santiago, el problema es que las vacunas son un recurso vital para evitar la propagación del virus. “Las mascarillas, el distanciamiento social o las cuarentenas, solo logran atrasar las complicaciones de la pandemia, como saturar las unidades de pacientes críticos”, dice. “Una pandemia como el coronavirus solo se detiene con una vacuna”.

Señala que para llegar al esperado efecto rebaño, se necesita al menos un 80% de la población vacunada.

La esperanza de Covax

La plataforma de intercambio de vacunas Covax diseñada para garantizar un acceso equitativo a las inyecciones de Covid-19, dijo el jueves que tenía como objetivo entregar 1.800 millones de dosis a los países más pobres en 2021 y esperaba cumplir con los acuerdos de suministro para los más ricos en la segunda mitad de el año.

Los países más pobres recibirían las dosis de forma gratuita y ningún país vacunaría a más del 20% de su población antes de que todos los países recibieran la misma oportunidad.

Pero Covax, que está codirigida por la alianza de vacunas Gavi, dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dijo que había muchas incertidumbres que afectaban la adquisición y el suministro de vacunas Covid-19, y los términos de los acuerdos estaban “sujetos a cambios“.

Esta organización ha luchado por movilizar el apoyo necesario de las naciones ricas para subsidiar la iniciativa. Hasta ahora, solo ha obtenido pedidos por 1.070 millones de dosis, mientras que las naciones ricas han preferido firmar acuerdos bilaterales de suministro. “No es correcto que los adultos más jóvenes y más sanos de los países ricos se vacunen antes que los trabajadores de la salud y las personas mayores en los países más pobres”, dijo esta semana Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Tedros Adhanom Ghebreyesus. Foto: Reuters

Según el Financial Times, la incertidumbre sobre Covax ha obligado a economías en desarrollo y bloques regionales como la Unión Africana a ingresar al mercado comercial para competir por sus propios suministros.

“La situación global en la que nos encontramos es que tenemos que hacer lo que los países ricos hicieron antes, cubrir nuestras apuestas con múltiples acuerdos bilaterales”, dijo Fatima Hassan, fundadora de Health Justice Initiative, un grupo sudafricano que busca un acceso equitativo a las vacunas.

“La compañía juega a ser dios”, acusó Hassan sobre los fabricantes de vacunas y los acuerdos de no divulgación que rigen las ventas y significan que la información sobre precios y los volúmenes de suministro se han mantenido estrechamente guardados. “Alimentan la falta de transparencia y muestra con bastante claridad dónde se encuentra el poder en esta pandemia“, añadió la activista.

Silva añade que históricamente África ha sido golpeada con esta inequidad. El problema, dice, es que este individualismos va a producir por ejemplo, islas en el comercio o el turismo, donde países con tasas más altas de vacunación, no querrán recibir a personas de países con niveles de inoculación más bajos.

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