Rachel Bronson, la mujer que maneja el Reloj del Apocalipsis: “La ciencia está avanzando a una velocidad tan rápida que se hace difícil poder controlar su uso”

Foto: Reuters

La directora del Boletín de Científicos Atómicos entregó su punto de vista en el panel “El salto al vacío”, de esta última versión de Congreso Futuro: Habitar la incertidumbre. Su ponencia apuntó a generar instancias de vigilancia a estos avances que inevitablemente traen beneficios y amenazas.


Después de un 2020 que azotó con crisis sociales y una pandemia, ¿qué hora marcará el Reloj del Juicio Final? La directora del Boletín de Científicos Atómicos, Rachel Bronson, se presentó en esta décima versión de Congreso Futuro. En el panel titulado “El Salto al vacío”, Bronson explicó el origen y la necesidad de vigilar qué tan cerca estamos del fin de nuestra especie, basados en las acciones que los gobiernos, científicos y la sociedad en general realizan o dejan de hacer.

“La idea es buscar formas de retrasar y alejar el minutero de la medianoche, en este reloj. Al menos, este es mi desafío”, partió explicando Bronson en su exposición. Allí, contó que este concepto del “Reloj del Apocalipsis” fue creado en junio de 1947, por el Boletín de Científicos Atómicos, en Chicago. Dos años después de haber presenciado dos explosiones nucleares en Hiroshima y Nagasaki. “Se descubrió cómo dividir un átomo y esto generó muchas mejoras para el desarrollo de energías limpias, el tratamiento de cáncer y otros beneficios. Sin embargo, fue un gran peligro”, enfatiza Bronson.

Se necesitan fuertes instituciones, según cuenta, que velen por el buen uso de la ciencia, especialmente cuando se habla de nuevos descubrimientos y aplicaciones de la energía nuclear. “Cada avance siempre brinda oportunidades y peligros considerables. Son caras de una misma moneda”, explica.

Rachel Bronson, presidenta del Boletín de Científicos Atómicos que controla el llamado "Reloj del Apocalipsis". Foto: Reuters

De acuerdo a su repaso por la historia del Reloj del Apocalipsis, en 1949 su minutero llegó a estar a las 23.55, con las primeras pruebas nucleares realizadas por la URSS. Cuatro años después, el reloj avanzó a las 23.57, debido a la primera prueba de la Bomba de Hidrógeno, realizada por Estados Unidos.

Más adelante, en 1991, este reloj conceptual retrocedió hasta las 23.43, cuando finalizó la Guerra Fría y Rusia redujo sus arsenales nucleares. En 2017, en cambio, la modernización de armas nucleares a nivel mundial, el cambio climático, los ciberataques, y los comentarios de Donald Trump sobre la expansión del arsenal nuclear de EEUU, entre otras cosas, acercaron el reloj hasta las 23:58. La hora más cerca del fin de la especie hasta ahora.

Tareas pendientes

“Podemos crear normas y leyes para controlar, o regular el uso de los avances científicos, explicarlos por sus malintenciones”, específica Bronson. La directora del Boletín de Científicos Atómicos destaca que actualmente los debates sobre los beneficios y peligros se expanden al uso de Inteligencia Artificial, al cuidado del clima, o al manejo de pandemias.

Además, Rachel Bronson enfatiza que “la ciencia está avanzando a una velocidad tan rápida que se hace difícil poder controlar su uso. Como la ingeniería genética o el uso de drones”. Así, ella hace un llamado a generar instancias reguladoras fuertes que velen por los posibles peligros del uso malintencionado de la ciencia.

Estas instancias reguladoras, según expuso Bronson, deben ser mundiales. “Los líderes sólo pueden velar por el comportamiento de sus países, qué tan errados están. Vemos ahora que hay líderes que buscan invertir en enfermedades como en coronavirus, pero la confrontación de esta enfermedad se debe hacer a nivel global, no como hemos visto que líderes se han alejado de organizaciones internacionales como OMS, en el momento cuando son más necesitados”, finaliza.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.

El estrés puede generar efectos negativos en el organismo como envejecimiento prematuro y enfermedades crónicas, fomentando una mala calidad de vida.