¿Cómo se evaluará la gestión chilena en la COP25? Lo que se viene en la semana clave de la cumbre

De derecha a izquierda: Teresa Ribera, Carolina Schmidt y Patricia Espinosa.

De derecha a izquierda: Teresa Ribera, Carolina Schmidt y Patricia Espinosa.

Sin mayores novedades en las negociaciones terminó la primera semana de la Cumbre del Clima en Madrid. Desde mañana lunes empieza la parte "política", donde autoridades de todos los países deben destrabar las conversaciones. Chile, desde la presidencia, apuesta a sumar a países grandes a una alianza por la carbono neutralidad.




La Cumbre del Clima -COP25- no ha sido nada fácil para el gobierno de Chile, su principal organizador. Al repentino cambio de sede, a solo un mes del inicio, producto de las protestas sociales en el país, se sumó un comienzo un tanto convulsionado.

Y es que la cita comenzó con los países latinoamericanos molestos con la ministra de Medio Ambiente y presidenta de la cita, Carolina Schmidt, por haber cerrado un debate de considerar necesidades especiales para países africanos sin escuchar a los latinos. Y como la COP es, en teoría, de América Latina y no de Chile, más se enojaron.

El hecho no pasó a mayores y la decisión, en la práctica, tampoco zanjó nada. Pero encendió los ánimos desde el minuto uno de la COP.

La semana en IFEMA -la amplia estructura donde se está alojando la Cumbre en Madrid- pasó sin mayores avances en las negociaciones, con variadas reuniones bilaterales y algunos episodios para el recuerdo, como la funa que recibieron ejecutivos de Shell, Exxon y Chevron, tres de las más grandes compañías de combustibles fósiles del mundo, las principales responsables de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. En un evento, jóvenes se taparon sus oídos en protesta a la presencia de estas empresas en la Cumbre del Clima.

La apuesta de Chile

Durante la primera semana de la COP funcionaron los llamados "órganos subsidiarios" de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMUNCC). A partir del lunes, Chile oficialmente toma la batuta y liderará las conversaciones.

La ministra Schmidt ha sostenido variadas reuniones bilaterales durante toda la semana, buscando acercar posiciones en los temas más controversiales y en lo que es la gran apuesta de Chile en la COP: La Alianza de Ambición Climática por la carbono neutralidad.

Anunciada en septiembre durante la Cumbre Climática de Nueva York, es un esfuerzo que han liderado en conjunto la propia ministra Schmidt con la mexicana Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la CMNUCC. La alianza compromete a una serie de países a alcanzar la carbono neutralidad para 2050 y así responder a uno de los principales objetivos del Acuerdo de París.

El problema es que, hasta ahora, la alianza solo está conformada por 68 países. Ninguno de los grandes emisores es parte. Según el World Resources Institute, la alianza representa apenas el 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Chile está preparando un gran anuncio para el miércoles 11 de diciembre. Ese día era el escogido para presentar su nuevo compromiso de reducción de emisiones -NDC por sus siglas en inglés-, pero fue descartado después del estallido social. Ahora toda la atención estará en la Alianza y si es que uno de los países grandes se suma.

"Efectivamente nos faltan todavía los grandes emisores", reconoce el ministro de Ciencia, Andrés Couve, en los pasillos del pabellón chileno en la COP25. "Necesitamos tenerlos en la alianza para hacer la diferencia, pero también hay que pensar en que llamar a otros actores abre otras posibilidades: Hoy el 60% de las emisiones vienen del sector privado, por lo que tenerlos a ellos comprometidos con 1,5° es importante. Pero sin duda el desafío que tenemos es incorporar a los grandes emisores a la alianza y ahí la negociación que sigue es importante", afirma.

Durante la semana, Patricia Espinosa reconoció que la "ambición climática" no es, estrictamente, materia de negociación en la COP, y que depende precisamente de iniciativas como la Alianza liderada por Chile. Aún así, la presidencia chilena ha considerado incorporar un llamado claro a que los países actualicen sus NDC para 2020.

Si bien la actualización es lo que corresponde según el Acuerdo de París, hasta hoy solo las Islas Marshall, pequeña isla en el Pacífico, ha suscrito su documento de reducción de emisiones. Chile y Mongolia, por su parte, ya anunciaron sus nuevos objetivos que incluirá la NDC. Faltan más de 190 países.

Mercados de carbono y la dificultad de ponerse de acuerdo

Para Enrique Maurtua, de Fundación Ambiente y Recursos Naturales de Argentina, muchos países están esperando que se resuelva la negociación de mercados de carbono para suscribir su NDC. Se trata del Artículo 6 del Acuerdo de París y del principal mandato que tiene la COP25, pues es un tema que viene pendiente desde el año pasado.

"Las primeras contribuciones nacionales -en 2015- fueron de poca ambición porque no existían las reglas, no existía ni el Acuerdo de París, no sabías qué se iba a hacer con ese compromiso. Después apareció el Acuerdo de París, sumamos todo y vimos que no llegamos a los objetivos. Bueno, ahora necesitamos que en 2020 haya aumento de ambición. Y si hablamos de reducción de emisiones, los países quieren tener en claro cuánto va a corresponder al mercado y cuánto al compromiso", asegura.

La discusión de los mercados de carbono es sin duda la más álgida de la COP. Los países deben ponerse de acuerdo en el mecanismo que permita la transferencia de "créditos" obtenidos de distintas formas de reducción de gases de efecto invernadero, como puede ser la instalación de una central de energía renovable o la plantación de bosque nativo.

Las negociaciones en mercados han dedicado horas y negociaciones incluso hasta la noche durante la primera semana. "Es claramente un objetivo fuerte de la presidencia chilena, el cumplir con el mandato de concluir este punto", dice Enrique Maurtua.

El sábado por la noche se publicó el último texto borrador del Artículo 6, el que mantiene 247 puntos sin resolver aún. Estos tienen que ver, entre otras cosas, con indefiniciones sobre si el nuevo mecanismo de mercado permitirá la transferencia de unidades que funcionaban con el Mecanismo de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kyoto, si es que se traspasará un porcentaje de financiamiento a un fondo de adaptación para países vulnerables, si se establecerán límites al intercambio entre dos países y si es que evitará que dos países contabilicen dos veces la misma reducción de emisiones.

Las negociaciones en la semana estuvieron marcadas por la posición de países como China, India y Brasil, con sus intenciones de trasladar las unidades de Kyoto al nuevo mercado. Los tres son los países que más "vendieron" con el Protocolo de Kyoto.

"Algunos países están planteando algo para, básicamente, ganar dinero sin aumentar su ambición climática. Entonces tenemos un riesgo ahí, con qué va a pasar con los viejos créditos de carbono, cómo van a ser los nuevos, cómo va a ser la operativa de todo ese mercado y cuáles son las condiciones para tener un crédito de carbono", asegura Maurtua y aporta otros desafíos del Artículo 6: "Los mercados siempre buscan acomodarse a cierta generación de dinero, de oferta y demanda. La idea de un mercado de carbono es que genere incentivos. ¿Vamos a asegurar la integridad ambiental, los derechos humanos, los derechos indígenas en los proyectos? Porque si no, ¿qué cosas estamos incentivando?", se pregunta.

Otro tema que es relevante en la COP es la negociación sobre los impactos de eventos relacionados al cambio climático, como huracanes y ciclones. Formalmente llamado "Pérdidas y Daños", ha sido una discusión sin avance significativo y que refleja un eterno problema en las negociaciones climáticas: Los países pequeños que piden más financiamiento para enfrentar las consecuencias de la crisis provocada por los países desarrollados.

El G77, que reúne a países en vías de desarrollo de América Latina, África y Asia, solicitó formalmente que de la COP25 salga una herramienta financiera concreta que apoye a los más vulnerables que sufren los eventos meteorológicos extremos. "Bahamas tuvo que enfrentar el huracán Dorian hace solo unos meses. Y ni el financiamiento para la adaptación ni cualquier seguro pudo ser suficiente para lidiar con esa catástrofe inducida por el clima. Vemos que los países desarrollados no tienen intención de hablar de financiamiento, pese al hecho de que ha sido la propia falta de progreso en la reducción de emisiones lo que ha causado el aumento de estos eventos", dijo la investigadora Sadie DeCosta, parte de la Climate Action Network.

Dorian fue un huracán de categoría 5, el segundó más fuerte de la historia del Atlántico. El primer ministro de Bahamas, Hubert Minnis, lo calificó como "la mayor crisis nacional en la historia de nuestro país".

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