El largo epílogo de las casas Copeva

FOTO: PATRICIO FUENTES Y./ LA TERCERA

En 1997 fueron foco de conflicto nacional por las inundaciones que anegaron las viviendas recién entregadas. Lo que queda de las casas Copeva, de Bajos de Mena, está siendo derrumbado y sus habitantes esperan ser trasladados de una vez por todas para dejar esos recuerdos atrás.




La historia de Bajos de Mena está ligada al invierno. En específico, al invierno de 1997, cuando en Santiago llovió con fuerza, revelando la fragilidad de sus viviendas. Claudia Hernández lo recuerda bien. Había llegado ese año a un sector al sur de la Región Metropolitana que recién se estaba comenzando a poblar. Iba a vivir en la Villa Marta Brunet, en Puente Alto. No importaba que el lugar fuera lejano y con poca conectividad. Allá podía empezar de nuevo. Había postulado a un subsidio habitacional junto a su pareja y sus tres hijos. Antes habían sido arrendatarios en La Reina y en Santiago Centro.

La alegría de llegar a su nuevo hogar fue inmediata. El departamento, de casi 50 metros cuadrados, era como una mansión para ellos. Por primera vez tenían una cocina separada del living y los niños iban a tener una habitación para cada uno. Un sueño.

Eso hasta el diluvio de junio. El primer temporal del año no perdonó a ninguna de las débiles estructuras construidas por Copeva en Bajos de Mena. Claudia vio cómo el agua caía por las paredes como si fuera una cascada. "Tuve que tapar las paredes con toallas y sábanas", recuerda la mujer.

En 1994 llegaron las primeras familias a Bajos de Mena. Tres años después, las lluvias invernales destaparon las fallas estructurales de varios de los edificios que habían sido entregados como soluciones habitacionales. La respuesta fue tapar los edificios con una capa de plástico para intentar bloquear la entrada del agua.

Ese desastre fue uno de los hitos más tristes de la construcción de viviendas sociales en la historia de Chile. Los edificios se llovieron y los vecinos debieron ingeniárselas para intentar vivir en esas condiciones. La explicación de Copeva fue que el material utilizado en los departamentos no era adecuado para climas lluviosos.

El escándalo costó la salida del ministro de Vivienda de la época, Edmundo Hermosilla, por haber recibido un caballo corralero de regalo de Francisco Pérez Yoma, dueño de Copeva y hermano del exministro Edmundo Pérez Yoma.

En 2012, la Corte Suprema determinó que el Servicio de Vivienda y Urbanismo debía pagar una indemnización de más de $ 2.900.000 a cada una de las 592 familias por los daños causados en 1997. El fallo también estableció que el Serviu era el responsable de supervisar que la construcción fuera realizada con materiales aptos. Copeva debió cambiar su nombre para seguir funcionando como empresa constructora.

La indemnización nunca llegó a la familia de Claudia Hernández, pese a que su edificio también fue construido por Copeva. Su villa colinda con El Volcán, que fue la que más daños sufrió en el invierno de 1997 y que era parte de otro proyecto habitacional. "Nosotros también nos llovimos, pero recibimos menos ayuda", dice la mujer.

Hasta el día de hoy, muchos departamentos y casas en Bajos de Mena tienen hongos producto de la humedad. Aunque el agua ya no entra a raudales, aún sigue filtrándose por los techos.

A pesar de que han pasado más de 20 años, ese invierno de 1997 sigue muy presente en el recuerdo de las familias de esa población.

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Para acceder a Bajos de Mena desde el centro hay que viajar, por lo menos, una hora y media en transporte público. Al llegar se nota la falta de áreas verdes y la gran cantidad de edificios. Las calles pequeñas son un mundo. A veces no se sabe si estás pasando por una vereda o por el patio de algún vecino.

Según un estudio de la oficina de urbanismo Atisba, en Bajos de Mena viven 122.278 personas, en una superficie de 600 hectáreas. Esa es una de las particularidades del sector: tiene una densidad mayor a comunas como Curicó o Punta Arenas, pero con menos calidad de vida y casi sin acceso a servicios básicos o áreas verdes.

La urbanización de ese sector se realizó durante los primeros años de los 90 sin demasiada planificación urbana, por lo que se optó por construir viviendas destinadas a familias empobrecidas que buscaban mejores opciones en una comuna pujante como Puente Alto. Tras el escándalo por las casas Copeva se fueron realizando una serie de intervenciones sin mucho éxito.

Hasta el 2010 se construyeron 23 mil viviendas en el sector. Los departamentos originales fueron pensados para grupos de pocos miembros, pero rápidamente fueron quedando muy chicos. Las familias fueron creciendo y eso produjo hacinamiento.

Las ampliaciones en terrenos irregulares fueron una solución, pero que fue deteriorando el lugar. Al entrar en las villas es común ver viviendas que fueron aprovechando el antejardín o cualquier otro espacio para crecer unos pocos metros.

El hacinamiento y los materiales inadecuados también han dejado como legado varios incendios que por años han destruido las precarias viviendas.

Esta sobrepoblación volvió a hacer famoso a Bajos de Mena. Se le calificó como el "guetto más grande de Chile", un apelativo que, según sus vecinos, ha causado una serie de prejuicios injustos.

"Me parece que cuando hablan de guetto es como si fuera la basura. Acá tenemos gente muy valiosa. Por algo ha salido todo lo que ha salido de Bajos de Mena. Salió radio, salió tele, tenemos campeones mundiales acá en Bajos de Mena. No pueden tratarnos como ellos quieren tratarnos, porque en estas poblaciones hay gente que es muy valiosa", dice Claudia Hernández.

Actualmente, hay todo un entramado de organizaciones que pelean por sacarse de encima los estigmas de vivir en la periferia de Santiago. En esa zona funciona un canal de televisión online, dos radios comunales, 40 juntas de vecinos y varias decenas de dirigentes sociales.

Sus pobladores reclaman que las noticias sobre el barrio solo tienen que ver con los enfrentamientos a balas entre narcotraficantes. Ponen como ejemplo lo sucedido el 24 de octubre, cuando se dio amplia cobertura a una balacera en un acto de colegio que fue trasmitido en vivo por internet. Una semana después, para la Teletón, se organizó un acto en Bajos de Mena al que llegaron cinco mil personas, recaudando casi 14 millones de pesos. "Pero nadie vino a transmitir eso", reclama Adolfo Morales, dirigente de la población Francisco Coloane y fundador de la radio de Bajos de Mena.

Las villas más emblemáticas del sector son el Volcán I, II y III. Fueron esos vecinos los que debieron soportar el desastre de las casas Copeva. Con el tiempo, y con ayuda del Estado, fueron siendo reubicados en otros lugares de Bajos de Mena, pero acusan que aún hay gente que espera por soluciones para salir del lugar y encontrar una vivienda digna.

Como en las otras villas, fueron muchos los que se negaron a dejar el lugar.

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Los niños de la Villa Francisco Coloane -que limita con los Volcanes- se han acostumbrado a jugar entre los escombros. Ahí donde se acumula tierra y polvo había edificios que están siendo derrumbados progresivamente desde el 2013.

El Programa de Regeneración Urbana impulsado por el Ministerio de Vivienda es un intento más para cambiar el panorama en Bajos de Mena. La intervención tiene dos ejes. Uno tiene que ver con la demolición de estructuras y la relocalización de los propietarios en otros barrios. El segundo tiene que ver con la renovación de los espacios y la opción para que los vecinos sigan viviendo en el lugar, pero en mejores condiciones.

También implica la apertura de calles para generar mayor conectividad, la construcción de un centro cívico y la futura llegada del Metro.

La opción para la reconstrucción depende de las necesidades de cada villa. Los dirigentes advierten que la realidad de cada uno es distinta. "La gente está ansiosa, porque esta es una lucha que llevamos por muchísimos años. Al principio no teníamos nada, ahora ya llevamos dos años y por lo menos sacamos 24 familias", dice Claudia Hernández, quien es dirigente de la Villa Marta Brunet.

"Hay algo profundo respecto a qué quiere ser Bajos de Mena. Hay que mejorar áreas verdes, ingresar mas instituciones de rehabilitación, acompañamiento juvenil y hartas cosas más. Creo que, evidentemente, hay que buscar que Bajos de Mena tenga una inversión mas directa. Quizás siendo una comuna. Población hay como para serlo", dice Adolfo Moreno, dirigente de la Villa Francisco Coloane.

En Los Volcanes es donde parece haber más urgencias por su triste legado y por eso el plan empezó en ese lugar. En total, se deben demoler más de 700 departamentos. Muchos de los vecinos siguen peleando por la vivienda digna.

"Obviamente que uno ve que tiene que haber un mejoramiento. Esa es la idea. Esta debe ser la solución. Nosotros, con todo lo que pasó, con todas las miserias que se pasó y el abandono de quienes eran responsables, te puedo decir honestamente que poder tener una vivienda es como la recompensa. Si uno lo ve fríamente, sí, esto va a ser un cambio", afirma la dirigenta de El Volcán, Cristina Sáez, quien llegó al lugar en 1997, justo antes de las lluvias que cambiarían la vida de todos los vecinos.

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