Magdalena Piñera y el legado ambiental: “La naturaleza es el único capital que nunca pierde valor”
La presidenta de Fundación Parque Tantauco plantea revitalizar el programa Grandes Parques Bicentenario y avanzar en nuevos mecanismos de financiamiento para fortalecer la conservación pública y privada.

A cien años de la creación del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, el primero del país, Magdalena Piñera conversó con Pulso sobre los desafíos de Chile en materia de conservación y sostenibilidad. La hija mayor del expresidente Sebastián Piñera puso el foco en el papel del sector privado, la filantropía y las alianzas público-privadas en la protección de los ecosistemas y la generación de oportunidades de desarrollo para las comunidades.
Uno de los ejes de la conversación fue el Parque Tantauco, iniciativa que la familia Piñera impulsa desde hace 21 años y que combina conservación, investigación, educación ambiental y turismo sustentable. Piñera también abordó el legado de su familia en esta materia y los desafíos para avanzar hacia un modelo que permita financiar y fortalecer los parques nacionales. A su juicio, el financiamiento es uno de los principales retos para la conservación pública y privada.
Hablemos del legado familiar y de la red filantrópica que hoy integra. ¿Cómo nació este interés?
—Con mucho orgullo estamos celebrando 40 años de una historia de filantropía familiar que ha evolucionado y que hemos ido profesionalizando. La filantropía tiene que ver con abordar las causas de los problemas y buscar soluciones creativas, innovadoras y eficientes, con evaluación de impacto, presupuestos de largo plazo y una gestión profesional. En esa trayectoria surgió la Fundación Futuro, dedicada a promover el patrimonio cultural de Chile, donde trabajamos con profesores para democratizar el acceso a la cultura. También está la Fundación Piñera Morel, dedicada a la educación y con foco en la red de Liceos Bicentenario, que busca democratizar el acceso a una educación de excelencia y favorecer la movilidad social en todo el territorio.
Luego está la Fundación Parque Tantauco y, finalmente, la única que no fue creada por mi padre: la Fundación Presidente Sebastián Piñera. Esta busca poner en valor su figura y su legado, no como un acto de nostalgia, sino porque su liderazgo en democracia, defensa de los derechos humanos, conservación y medioambiente todavía puede inspirar a muchas generaciones.
En una entrevista reciente sostuvo que la filantropía no es caridad, sino una estrategia de futuro. ¿Qué significa esa visión, principalmente en materia ambiental?
—Estamos convencidos de que la filantropía es estrategia y visión de futuro. Cuando se invierte en capital humano, se generan oportunidades para que las personas desarrollen sus proyectos de acuerdo con sus talentos e intereses. Cuando se invierte en cohesión social, como ocurre con la cultura, se genera un espacio donde todos podemos encontrarnos de una manera alegre y positiva, sin mirarnos con odio ni rabia.
Cuando se invierte en cultivar y poner en valor la democracia, se entiende que todos debemos cuidarla cada día. Y cuando se invierte en el cuidado de la casa común, que es este planeta, se está invirtiendo en lo más importante: la preservación de la especie. Esos son actualmente los cuatro ejes de acción de la red filantrópica de la familia Piñera Morel.
¿Cómo nació el interés de Sebastián Piñera por la conservación y el medioambiente, y la decisión de crear el Parque Tantauco?
—Fue pionero en comenzar a hablar sobre conservación y medioambiente desde su época de senador. Luego vino la creación de este parque de casi 120.000 hectáreas, ubicado al sur de la isla de Chiloé, que ya cumple 21 años.
La motivación fue simple, pero poderosa: que las futuras generaciones puedan conocer la naturaleza en vivo y en directo, entre árboles vivos, y no a través de los libros de historia. La creación del parque no responde solo a un gesto romántico hacia la tierra, sino también a un deber ético con las futuras generaciones.
¿Cómo se ha desarrollado Tantauco en estos 21 años y qué ha cambiado en la forma de entender la conservación?
—Es un parque privado, pero abierto al público y con vocación pública. Durante todo el año desarrollamos programas de educación ambiental y más de 15.000 niños han visitado el parque mediante iniciativas como Travesía Parque Tantauco. También tenemos un programa de extensión con comunidades de toda la provincia.
Contamos con un pilar de conservación y ciencia, mantenemos convenios con distintas universidades y estamos lanzando un fondo concursable para realizar investigaciones en el parque. Hemos reforestado con más de 130.000 árboles, censamos desde hace 12 años la ranita de Darwin en el sector de Inío y ponemos este laboratorio natural a disposición de la academia y la ciencia.
Por último, está el turismo sustentable. La naturaleza no se cierra con llave desde fuera: se cuida y se vive. Hay que conservar, mitigar y restaurar, pero también vivir la naturaleza. Tenemos 130 kilómetros de senderos y tres centros de alojamiento: Inío, Chaiguata y Yaldad.
Sin duda, la experiencia que hemos adquirido nos ha enseñado a orientar mejor el trabajo. Hemos comprendido que debemos colaborar con las comunidades locales; preservar, cuidar, mitigar y restaurar; y, al mismo tiempo, mantener el parque abierto a la comunidad nacional e internacional. También entendimos que el proyecto no se limita a estas casi 120.000 hectáreas en Chiloé. Como fundación, nuestra misión es ayudar a articular al sector público, el sector privado, la sociedad civil, la filantropía y la academia. Eso logramos con la organización del seminario “100 años de conservación en Chile”. Hay mucho más músculo cuando trabajamos juntos.
El fin último del conocimiento es la acción. Creo que somos la primera generación que ha vivido las consecuencias del cambio climático y la última que puede adoptar medidas efectivas, con base en la evidencia, para frenarlo. El cambio climático no es ideología ni fe: está respaldado por la ciencia, está ocurriendo y debemos enfrentarlo si queremos sobrevivir.
En el seminario “100 años de conservación en Chile”, organizado por Fundación Parque Tantauco y otras instituciones, se destacó el papel de distintos actores. ¿Por qué es clave trabajar mediante alianzas público-privadas y con todos los sectores?
—Uno de los principales problemas de la conservación en Chile y en el mundo es el financiamiento. Es un gran desafío para la conservación nacional, tanto pública como privada. Por eso fue importante reunir a representantes del Congreso, el Gobierno, organizaciones ambientales, el turismo y otros sectores. Tenemos que potenciarnos mutuamente para convertir el cuidado del medioambiente en un polo de desarrollo para las comunidades locales y para el país.
Chile tiene una gran oportunidad. El turismo representa más del 7% del empleo nacional y cerca del 60% de los turistas que llegan al país declara que la naturaleza es una de las principales razones de su visita. Es un importante atractivo que debemos aprovechar en beneficio del país, las comunidades locales y los parques y reservas.
Al mirar los próximos 100 años de conservación, ¿cuáles son los objetivos más urgentes?
—Quisimos instalar dos temas. El primero es el financiamiento. Estamos trabajando en una propuesta con parlamentarios, autoridades gubernamentales e instituciones especializadas, y esperamos presentar pronto una iniciativa concreta. El segundo es revitalizar el programa Grandes Parques Bicentenario para Chile, un compromiso presidencial de mi padre ejecutado por la Corporación Nacional Forestal (Conaf), cuyo objetivo era llevar un parque por región a estándares internacionales de infraestructura y gestión.
Quedaron regiones pendientes. Nuestra propuesta identifica siete, junto con sus respectivos parques y reservas, que requieren mejoras en infraestructura y gestión. En algunos casos, el problema es el acceso; en otros, la señalética, los centros de información, las entradas o la falta de guardaparques y de una administración con financiamiento suficiente.
La propuesta contempla tres ejes de financiamiento: fondos de desarrollo regional canalizados a través de los gobiernos regionales; concesiones y alianzas público-privadas para servicios turísticos y centros de visitantes; y la reinversión de los ingresos propios.
En definitiva, la conservación es clave porque responde a una visión estratégica. La naturaleza es el único capital que nunca pierde valor y, sin ella, no existiríamos. Las futuras generaciones serán muy severas al juzgar qué casa les dejamos.
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