Putas asesinas: el ajuste de cuentas de Roberto Bolaño

Publicado en septiembre de 2001, hace 20 años, fue uno de los dos volúmenes de cuentos que el escritor nacional radicado en España publicó en vida. Por ese entonces, salió vía Anagrama, y en 13 relatos despliega parte de su universo narrativo. En Culto examinamos en voces de especialistas uno de los libros célebres del autor de Estrella distante.



En vida, Roberto Bolaño Ávalos publicó solo dos libros de cuentos. El primero salió en 1997 y se llamaba Llamadas telefónicas (incluía acaso su mejor relato corto, Sensini); el segundo, lanzado en septiembre del 2001, tenía un título sugerente: Putas asesinas. Ambos llegaron a las vitrinas bajo el sello Anagrama.

Con el calendario marcando inexorable los 20 años de ese lanzamiento, parece ser un buen momento para analizar el libro con el reposo de la distancia. Las cosas ya no son como en ese año: Bolaño falleció en 2003, y Anagrama ya no edita los libros del santiaguino, ahora salen vía Alfaguara. El volumen incluye 13 cuentos, entre ellos, hay un cameo del personaje alter ego del autor, Arturo Belano, uno de los protagonistas de Los detectives salvajes.

¿Cómo pensar Putas asesinas en 2021? Para el escritor y periodista Antonio Díaz Oliva, el libro es una puerta de entrada a su obra. “Los cuentos de RB son puertas hacia lo que Henry James llamaba la casa de la ficción. Y claro: en la casa de la ficción bolañiana hay habitaciones grandes, 2666 y Los detectives salvajes; el baño, Entre paréntesis, donde hay opiniones que huelen mal, así como mucho maquillaje literario que mi generación usó para dárselas de escritores; por último, en alguna parte de esa casa están los poemas”.

Díaz Oliva no cree que el libro sea uno de sus imperdibles, aunque reconoce que en su momento lo impactó. “Es uno de los 3 libros de RB que leí cuando este estaba con vida. Yo tenía menos de 18. Me voló la cabeza, al igual que Los detectives salvajes y Estrella distante. Era como leer a un beatnik chileno. O latinoamericano. Creo que Bolaño era un escritor latinoamericano. A secas”.

Por su lado, el narrador Álvaro Bisama, director de la escuela de Literatura Creativa de la UDP, señala a Culto que el libro es uno de sus preferidos. “A mí Putas asesinas me gusta mucho porque es uno de sus trabajos más pop, más trash; hay necrofilia, porno sudaca, viejos dioses de la India, la belleza de puros paisajes terminales; pero también el más confesional, alguien que escribe de sus fantasmas, de padres e hijos, de sus lecturas, que pasea por la memoria medio a la deriva, fingiendo una valentía que tiene no poco de fragilidad”.

Cuentos para sobrevivir

Al tocar este libro, se hace difícil no reflexionar en torno a la dimensión de cuentista de Bolaño, mejor conocido por sus monumentales novelas. “Siempre me gustaron más las novelas que los cuentos de Bolaño y los cuentos más que la poesía –señala Mário Gomes, escritor y académico de la U. De Concepción–. Lo interesante de los cuentos es que muchas veces son laboratorios experimentales en los que se desarrollan ideas, personajes, constelaciones que más tarde son retomadas en formato novela. Engordar, ramificar, variar. Eso es lo que Bolaño probablemente hace mejor que cualquiera. El mejor ejemplo es la transformación del último capítulo de La Literatura Nazi en América en Estrella Distante”.

“RB era un novelista, sí, pero también era cuentista –dice Díaz Oliva– No era un novelista que escribía cuentos en el tiempo libre. No era, como tantos otros escritores latinoamericanos uno de esos autores que caía en la trampa hegemónica de la novela. Sospecho que RB sabía que el cuento era un género que los jóvenes aspirantes a escritores leen y aprecian y emulan; y que por lo tanto, para poder mantener la juventud espiritual, lo mejor era escribir cuentos”.

De los cuentos de este libro, ¿cuál es el que más les gusta? Responde Bisama: “Depende. Uno envejeció con esos cuentos y los cuentos envejecieron con uno. Pasa a veces. Me gustan mucho ahora Carnet de baile y Encuentro con Enrique Lihn, que son recados, lecturas cruzadas y alucinaciones fantásticas pero también exámenes o preguntas sobre dos figuras tutelares. Me gustan porque, al final de cuentas, son dos historias de fantasmas”.

Últimos atardeceres en la tierra –dice Gomes–. Es el que quedó más grabado en mi memoria, aunque no sé si eso es suficiente para poder afirmar que me gusta. Si me gusta, entonces es porque no se me borró tanto como los demás. Y por la iguana que en algún momento se cocina”.

Por su parte, Díaz Oliva apunta: “Últimos atardeceres en la tierra y El retorno, entre esos. Ambos condensan el espíritu bolañiano. Esa mezcla de mezcla humor, desolación, lirismo, así como también una ruptura con la tradición y el homenaje a los maestros. O ciertos maestros”. Luego, el autor de La soga de los muertos (libro por el cual ganó el premio Roberto Bolaño en 2011) apunta algo clave, el nexo que Bolaño hace con Chile en este libro.

“En los cuentos de Putas asesinas se nota que no era un escritor que escribía del exilio desde el compromiso (no había “compañerismos”). De hecho, en los dos últimos cuentos (Carnet de baile y Encuentro con Enrique Lihn) ajusta cuentas con Chile. En los cuentos de Putas asesinas se nota que RB escribía no para obtener el beneplácito de la academia o el mercado editorial. RB escribía para sobrevivir. Y la sobrevivencia es algo muy personal”.

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