El origen de Los Detectives Salvajes: el café de Roberto Bolaño cumple 70 años

Ubicado en Ciudad de México, el Café La Habana, acaba de cumplir nada menos que siete décadas. En el lugar, Bolaño compartía con sus cercanos del círculo infrarrealista que luego inmortalizó en su novela de 1998. Esta es su historia.



La primera vez que sale mencionado en el diario que lleva presuroso Juan García Madero, es el 12 de noviembre de 1975. “Encuentro en el Café Quito con Jacinto Requena, Rafael Barrios y Pancho Rodríguez. Los vi llegar a eso de las nueve de la mañana y les hice una seña desde mi mesa en la cual llevaba unas tres horas provechosamente invertidas en la escritura y en la lectura”.

El lugar que menciona Madero, en rigor no se llamaba Quito, sino Café La Habana, y Roberto Bolaño lo inmortalizó en su esencial novela Los detectives salvajes (1998), cuya primera y tercera parte las relata justamente Madero, un personaje externo ficticio. Ubicado en Ciudad de México, el lugar acaba de cumplir nada menos que 70 años.

En el recinto, situado en la Colonia Juárez, en la esquina de la Avenida Bucareli con calle Morelos número 62, Bolaño se reunía con el círculo que frecuentaba en México, el de los poetas infrarrealistas, cuya historia narra en su novela, claro que con el nombre de Real visceralistas, algo muy propio del autor chileno, quien solía cambiar todos las denominaciones reales en sus libros.

Una de las infrarrealistas, Guadalupe Pita Ochoa, quien formó parte del núcleo fundador del movimiento, lo recuerda así en declaraciones recogidas por El País: “Llegábamos cualquier cantidad de jóvenes melenudos, con morrales, muchos libros y que consumían poco. Casi nadie llevaba dinero, a veces solo alcanzaba para un café con leche. Pero no era un lugar para ir a comer, sino para ir a tomar café y fumar, fumar, fumar, y hablar, hablar, hablar”.

“Leíamos poesía en voz alta, versiones libres de traducciones de poetas, o de algún libro expropiado de alguna biblioteca. Era básicamente un lugar de periodistas y de agentes de Gobernación, la policía política”, recuerda la poeta, quien aparece en Los detectives salvajes con el nombre de Xóchitl García.

Entre las añosas sillas y mesas de madera, Bolaño se reunía con su amigo, el poeta Mario Santiago Papasquiaro. Ambos, por descontado salen en la novela como Arturo Belano y Ulises Lima. Lo recordó con El País Rafael Catana, quien formó parte de los infrarrealistas en su segunda etapa, cuando Bolaño ya se había marchado a Europa y el grupo, liderado ahora por Santiago Papasquiaro quiso darle nuevo aire: “Eran años muy fuertes, terribles, pero también años de experiencia con la poesía. Estuve varias veces en el café La Habana después de unas manifestaciones, y algunas veces con Mario Santiago. Ramón Méndez Estrada [otro poeta infra] nos citó allí a varios para hacer una revista que se llamaría Con peyote baila el perro, en ese drama de la literatura, de los poetas, de la vida cotidiana, de la revuelta obrera que había en esos años en la Ciudad de México”.

El lugar tenía un aire de mitología fuerte, cargada a la segunda mitad del siglo XX latinoamericano. “Ahí también iban el Che y todos. Octavio Paz pasaba por allí, pero era demasiado pobre y popular para él. Seguramente fue alguna vez, pero no cuando nosotros íbamos”, relata Pita Ochoa. En efecto, al lugar concurrieron en su minuto Fidel Castro y Ernesto Guevara, quienes se encontraban en el exilio en México. El primero había llegado en 1955, tras haber pasado dos años preso producto del intento golpista de 1953, el asalto al cuartel de Moncada, que fracasó. Guevara, arribó en 1954, desde Guatemala. “El Che y Fidel se reunían aquí [en el café La Habana], porque vivían a ocho cuadras. Se sentaban y platicaban al fondo del bar”, señala a El País Victor García, coordinador del establecimiento.

Vista de Sesiones del Café La Habana, 2017. Un proyecto de Patti Smith para Sonora 128. Cortesía: kurimanzutto, Ciudad de México. Foto: Martha Reta

Pero volviendo a Bolaño, el lugar tuvo su impronta. Si bien, en 1977 dejó México para residir en España y no volvió más al lugar, hay quienes lo hicieron en su nombre. Este fue el caso de la cantante Patti Smith, una ferviente admiradora del trabajo narrativo de Bolaño. En 2017 dio una presentación en el lugar, y declaró que estaba consciente del peso de Los detectives salvajes, aunque su favorita es otra. “Sé que es una novela que se reverencia, pero yo soy fiel a 2666. Es como cuando la gente te pregunta si prefieres The Beatles o The Rolling Stones”, dijo la mujer de Because the night a El País. Acaso lo suyo en el café, era la parte de los fanáticos.

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