Cynthia Rimsky, Premio Nacional de Literatura: “Hoy la cultura y las artes están en peligro, no sólo en Chile”
Tras convertirse en la séptima mujer en obtener el Premio Nacional de Literatura, la autora reflexiona con Culto sobre la experimentación en su obra, el valor de la duda y la búsqueda de nuevos relatos.
“Ha creado una forma narrativa propia”, fue lo que señaló el acta del jurado que le otorgó el Premio Nacional de Literatura a Cynthia Rimsky (63), que este 2026 volvió a recaer en la narrativa. La autora de Poste restante, Yomurí o Clara y confusa es una de las voces más rupturistas de las letras nacionales, amén justamente de una escritura que se basa sobre todo en las preguntas, en una narrativa fluctuante, que no teme a la exploración.
De vuelta en su residencia, en Argentina, se toma un tiempo para atender a Culto sobre sus sensaciones de haberse convertido en la séptima mujer en obtenerlo en toda la historia del galardón.
“Respecto a ser la séptima mujer, se va aupando la arena y va a ser imposible dejar de ver la playa. Pero ¡ojo! el horizonte es que en un momento, ojalá cercano, dejemos de contar cuántos hombres o mujeres y hablemos del Premio Nacional de literatura a secas. Me gustaría estar con vida para verlo".
-¿Qué fue lo primero que pensó cuando le comunicaron que lo había obtenido?
-Complicidad con Hugo Herrera Pardo, quien fue el cabecilla de esta postulación junto a la Universidad Católica de Valparaíso; incredulidad, extrañeza, alegría y esperanza de que proyectos literarios que se atreven a experimentar -y a los que se evitó premiar a lo largo de la historia de Chile, entre ellos a Pedro Lemebel-, accedan al Premio Nacional.
-El jurado destacó que usted ha construido “una manera propia y reconocible de narrar historias”. ¿Usted siente que ha encontrado esa forma propia de escribir o siente que sigue explorándola?
-Por supuesto, estoy explorando. Apenas llevo once libros, once búsquedas, once desafíos en cada uno. Y es ese espíritu lo que es reconocible en los libros: la idea de seguir desafiando y desafiándome.
-El acta también destaca que sus libros no obedecen fácilmente a las categorías de novela, crónica, autobiografía, diario de viaje o ensayo. ¿Está de acuerdo con esa mirada de su obra?
-Desde Poste restante que empecé a experimentar con materiales documentales con el propósito de confundir los límites entre la ficción y lo real. Me formé en un mundo donde todavía existía la verdad y ahora estoy en un mundo donde se intentan pasar falsedades como verdades. Frente a ambos, construyo relatos donde campea la duda, la confusión, las preguntas, el error, la inexactitud, la ironía.
-Usted es la séptima mujer en recibirlo ¿Qué lectura hace de la presencia femenina en este reconocimiento a lo largo de la historia del premio?
-Que faltan alrededor de 43 escritoras (ríe). Pero también veo en esto una trampa: a las escritoras no se las lee y premia porque son mujeres sino por sus libros. Si hubo que llamar la atención por la desigualdad de condiciones es porque existe una segregación histórica que permitió que nos omitieran.
-Hace muy poco recibió también el Premio Herralde por Clara y confusa. ¿Cómo vive esta sucesión de reconocimientos después de una carrera que durante mucho tiempo se desarrolló bastante al margen de los grandes circuitos de consagración?
-Imagínate, hasta El futuro es un lugar extraño las editoriales rechazaban mis manuscritos, incluso las independientes. Así que era un margen bastante doloroso. Y eso viven muchas escritoras y escritores -no solo en Chile- que no se adaptan a los formatos que prevalecen con las modas o que no quieren o no se les dan bien hacer relaciones sociales, ir detrás de editores, etc. Me encantaría que este premio generara un efecto multiplicador y que las y los lectores se abran a estas escrituras donde lo central no es entender la trama sino gozar la escritura, la invención, sentir, imaginar a partir de los libros.
-¿Siente alguna cercanía con alguna tradición literaria chilena?
-Tengo mucha cercanía con la tradición chilena, en mi hay pedacitos de cada escritor o escritora chilena, no para replicar lo que hicieron, sino para incorporar torciones, confusiones, desvíos, tensiones que construyen nuevas lecturas de esa tradición y la mantengan viva y coleando.
“Escribo para descubrir lo que no sé”
-Poste restante nació a partir de un álbum de fotografías encontrado en una feria persa y de un viaje por Europa. ¿Desde el comienzo estuvo esa idea de que una historia puede aparecer a partir de un objeto, una imagen o un accidente?
-Fue medio una casualidad, como todos mis libros, pero también estaba leyendo, a instancias de Rita Ferrer, las crónicas de viaje de Walter Benjamin. Yo era muy mental y no conseguía terminar ningún texto hasta que descubrí - gracias a él- que puedes escribir de Rusia a partir del borscht, por ejemplo. Renunciar a lo global, ir a lo particular, al detalle, lo infraordinario, como dice Pérec. A partir de ahí fui construyendo una manera de trabajar la escritura desde la materialidad, la experiencia situada, como dice Lihn, y no de las ideas o de las tramas, y sobre todo del error.
-Los viajes tienen una dimensión importante en su obra, en libros como Ramal o La revolución a dedo hace crónica sobre ello, ¿se piensa como una escritora viajera?, ¿qué aspectos de esos viajes la marcaron y la impulsaron a escribir sobre ellos?
-Me encanta la aventura, mis primeras lecturas fueron de aventuras, soñaba con ser una aventurera, y viajé para cumplir ese deseo. Luego la aventura se trasladó a la escritura y a la imaginación, me encanta inventar procedimientos, no me pregunto cómo avanza la historia, me pregunto cómo cuento una escena, qué invento para contar, y cómo ese invento me conduce a un lugar desconocido. En ese sentido hoy puedo desviarme, aventurarme, perderme, sin tener que recorrer un camino real, el viaje se transformó en ficción.
-Así como escribió La revolución a dedo en el que narró su experiencia de la revolución nicargüense con 20 años, ¿qué proceso actual del mundo le parece interesante para relatar?
-Estoy trabajando con los discursos de odio, y con esa idea que pretenden imponer de lo Inexorable, de que el estado de las cosas es inalterable, que los seres humanos no podemos cambiar lo que ocurre.
-El futuro es un lugar extraño vuelve sobre la dictadura pero desde una perspectiva muy distinta de la novela testimonial o histórica tradicional. De alguna manera, su literatura es política, ¿considera que esa puede ser la lectura principal que puede hacerse de su obra?
-La llamo mi trilogía política: La revolución a dedo, El futuro es un lugar extraño y Yomurí. A diferencia de otras escrituras políticas me interesa fundamentalmente desarmar la épica, hacer preguntas incómodas, no trabajar con la memoria sino con el olvido, que me parece menos oficial; poner el ojo en personajes y situaciones menores, lejos del poder y de los discursos, rascar las superficies y, sobre todo, el humor, la ironía, me encanta que las y los lectores se rían al leer mis libros.
-De alguna forma, usted ha explorado otras formas de narrar, diferentes a las habituales, donde no todo necesariamente se resuelve ni es lineal. ¿Cómo ha construido ese camino?
-Escribo para descubrir lo que no sé. No para poner por escrito lo poco que sé y llenar mi ego. No me interesa llegar a una meta, descubrir una verdad o una solución, me interesa el camino, el proceso. La vida real no tiene la estructura de conflicto, desarrollo, clímax, solución. No hay antagonistas y protagonistas, todo el tiempo hay focos simultáneos, problemas que nunca resolvemos y que coexisten con otros que van y vienen con distintas intensidades. Ese orden que algunos buscan en la literatura no existe.
-Sobre lo anterior, ¿le interesan otras formas de narrar originarias de otras latitudes y culturas?
-Por supuesto, soy una curiosa. Me encanta cómo funciona el lenguaje, los dichos, los refranes, el humor, las formas de mirar.
Mirar Chile desde afuera
-¿Qué cosas de Chile pudo ver con mayor claridad desde Argentina?, ¿cómo ha cambiado su perspectiva la distancia?
-Hace unos años hice una selección y un prólogo para un libro con relatos de Marta Brunet y descubrí que ella vivió varios años en Argentina, cerca del grupo Sur, y fue allí donde cambió su manera de escribir, se alejó del criollismo y encontró una poética de la indagación. Brunet vuelve a Chile feliz con su nuevo libro bajo el brazo y Alone la destroza.
-¿De qué manera vivir en la Argentina ha marcado su literatura? ¿Hay elementos de esa tradición literaria que haya influido en su obra?
-Claro que sí. Por ejemplo, en Chile venden el fiambre en el súper, cortado grueso de quizás cuándo y te miran con mala cara si pides menos de 1/4 de kilo y lo echan en una bolsa plástica como caiga. En Argentina le pides 100 gramos al fiambrero y te corta unas lonjas finísimas que va colocando con arte sobre una lámina plástica y encima pone otra lámina para armar una segunda corrida. Todo eso lo envuelve en papel y lo anuda con una pitilla. En La Serena una vez compré una bandeja de papayas confitadas que tanto le gustan a mi madre y, en vez de la acostumbrada segunda fila de papayas, había un cartón grueso que simulaba algo que no existía.
-Usted también ha desarrollado una importante labor al frente de talleres literarios y clases en universidades. ¿Cómo ha sido esa experiencia para usted?
-Me gusta el trabajo con las y los estudiantes, ver cómo se transforman, cómo van descubriendo cositas, las preguntas que se hacen. Sobre todo me gusta enseñar en una universidad pública y gratuita.
-¿Se puede enseñar a escribir una buena novela o solamente se puede ayudar a alguien a descubrir qué novela quiere escribir?
-Lo segundo, por supuesto.
-Finalmente, ¿cómo ve usted actualmente a la literatura chilena?
-La veo con buena salud, inquieta, viva, lo que echo de menos son posiciones y acciones colectivas para defender los derechos adquiridos y repensar otros. Hoy la cultura, las artes, están en peligro, no solo en Chile. Ya no sirve salvarse solos.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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