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El regreso de los clásicos: por qué hay un renovado furor por la literatura canónica

Impulsados por una renovada apuesta estética de las editoriales, el cine y las redes sociales, títulos de Dostoievski, Austen u Homero se posicionan entre los más vendidos. Libreros y editores analizan el fenómeno que revaloriza el libro como objeto y rescata también la literatura local.

Es cosa de ir a darse una vuelta por cualquier librería. En los mesones no solo están las novedades que mes a mes las editoriales sacan al mercado. Junto a los títulos del 2026 conviven volúmenes de Fiodor Dostoievski, León Tolstói, Jane Austen, las hermanas Brontë, Gabriela Mistral, Isabel Allende y, últimamente, Homero. Y no solo en las tradicionales ediciones de bolsillo.

¿Es una moda? ¿Una tendencia? Lo cierto es que al consultarles a los libreros y a la gente del mundo de libro, el diagnóstico es unánime: los lectores están volviendo a los clásicos sempiternos. “Es algo que se repite constantemente; preguntan más por los clásicos que por las novedades, sobre todo los jóvenes”, comenta Elena Bahrs, dueña de la librería Ulises (Lastarria). Lo ratifica Gerardo Jara, de La Inquieta: “Es algo transversal. Por distintos motivos o buscando ciertas ediciones, hay una vuelta a la novela canónica del siglo XVIII, XIX o a las obras griegas”.

“Sí, yo creo que los clásicos están volviendo con bastante fuerza -comenta la escritora y una de las dueñas de la librería Catalonia, Catalina Infante-. En la librería vemos nuevos lectores que tienen ganas de ponerse al día con libros que quizás no leyeron en su momento, o que leyeron en el colegio y ahora quieren volver a ellos desde otro lugar”.

Desde la plataforma digital Buscalibre lo confirman. Daniela Méndez, gerente de la categoría libros, explica: “Observamos un interés renovado, especialmente entre los jóvenes. Si bien nunca dejaron de estar, hoy encuentran nuevas formas de conectar”.

¿Por qué está pasando esto? Hay varios factores, propios del mundo del libro. Méndez asegura que la misma naturaleza narrativa de los clásicos los ha vuelto a posicionar. “Muchos de estos títulos siguen abordando temas universales como el amor, la ambición, las relaciones humanas, los conflictos sociales o la identidad, que continúan siendo reconocibles para lectores de distintas edades. Eso permite que obras escritas hace décadas o incluso siglos sigan encontrando nuevas lecturas y mantengan su vigencia”.

Catalina Infante comparte su mirada: “Creo que hay varias razones. Por un lado, hay nuevos lectores que quieren descubrir esos libros que forman parte de una especie de imaginario literario común. Pero también hay algo muy importante: los clásicos siguen hablando de problemas y emociones que reconocemos perfectamente hoy. El deseo, los celos, la ambición, la familia, el dinero, la soledad, las relaciones de poder”.

A ello se suma un giro fundamental en la producción editorial. Sergio Parra, de Metales Pesados, destaca el cambio en el diseño: “Hace 20 años los clásicos eran toscos, con portadas académicas. A Dostoievski no le podías poner una portada colorida porque parecía una falta de respeto. Ahora no, y ese es un gran acierto”.

Mayor tamaño, tapas duras y cantos pintados forman parte de las nuevas ediciones de los clásicos. “Yo creo que es muy bueno eso de pintar los cantos. Son ediciones mucho más atractivas para un público más joven”, agrega Parra. Lo confirma Elena Bahrs: “El público los ha recibido encantado, les gusta el libro bonito, bien hecho, además que han llegado a buen precio. Son ediciones con excelentes traducciones. Los jóvenes necesitan poseer algo a lo que le encuentren valor en este mundo que parece ser tan volátil”. Y en Buscalibre añaden: “Han tenido una muy buena acogida porque hoy el libro también tiene una dimensión de objeto. Hay lectores que valoran especialmente una edición cuidada, con tapa dura, ilustraciones, cantos pintados o diseños especiales. Estas nuevas ediciones también han ayudado a acercar títulos tradicionales a públicos más jóvenes”. Aunque Gerardo Jara pone un matiz: “Algunos los pelan y otros los celebran jaja. Sí, lo de los cantos pintados es nuevo y no deja indiferente, pero a gustos colores”.

Dos de las nuevas ediciones de La Odisea. A la izquierda, con tapa dura (Penguin); a la derecha, con cantos pintados (Planeta)

¿Qué dicen las editoriales? Melanie Jösch, directora editorial de Penguin Random House Chile, comenta los motivos tras estos nuevos formatos: “Se trata de una tendencia mundial. Muchos lectores ya poseen una edición de estas obras, pero buscan versiones más cuidadas y atractivas, ya sea para regalarlas o para incorporarlas a sus bibliotecas personales. Son libros de enorme valor literario que también se han convertido en objetos de colección. Han tenido una respuesta excelente. Existe una valoración creciente no solo del contenido de los libros, sino también de su dimensión estética: el diseño, los materiales, la encuadernación y la calidad general de la edición”.

En la misma línea se pronuncia Juan Manuel Silva, gerente de ficción de Grupo Planeta: “Vemos que a las nuevas generaciones de lectores les interesa mucho el libro como objeto. Por eso, ediciones en tapa dura, con detalles en los cantos, con marcadores especiales, ilustraciones o cualquier elemento que enriquezca la experiencia de lectura es muy valorada por un segmento lector que, quizá hoy, se enfrenta por primera vez a estas historias, y se siente atraído por una propuesta visual y material más cuidada. Han tenido una respuesta muy positiva”.

Parra suma otro elemento técnico: la traducción. “Acaba de salir la traducción de los dos primeros tomos de En busca del tiempo perdido de Proust, que es extraordinaria, al igual que nuevas versiones de La Odisea”.

¿Cuáles son los clásicos que más se están leyendo? “Se buscan La Odisea, Crimen y castigo, Anna Karenina, Cumbres borrascosas, etc”, apunta Gerardo Jara. Catalina Infante agrega: “Dostoievski es uno de los que más se vende. Los hermanos Karamázov y Noches blancas tienen mucha salida. También se venden muy bien Anna Karenina, Jane Austen, las novelas de las hermanas Brontë y Madame Bovary, de Flaubert”. Elena Bahrs suma: “Nos están pidiendo Dostoievski, Mary Shelley, Emily Brontë, Tolstoi, Poe, Proust, Victor Hugo, Jane Austen etc. y estas últimas semanas Homero”. En Buscalibre la tendencia es similar, pero añaden un nombre: “Entre los clásicos que hoy muestran mayor interés en Buscalibre aparecen La casa de los espíritus como clásico chileno, Cumbres Borrascosas y La Odisea. También vemos una presencia importante de autores como Jane Austen, Franz Kafka y las hermanas Brontë, que continúan conectando con nuevas generaciones de lectores”.

Marcel Proust

El cine y las redes sociales

Otro factor que ha contribuido a empujar los clásicos es el cine. Las recientes adaptaciones a la pantalla grande de La Odisea, de Christopher Nolan; o Cumbres borrascosas, de Emerald Fennell; además de la serie La casa de los espíritus de Prime Video son un ejemplo de ello. Lo comenta Catalina Infante: “Las adaptaciones vuelven a poner determinados libros en circulación y hacen que personas que quizás nunca habían pensado en leerlos se interesen por ellos. La Odisea o Cumbres borrascosas, por ejemplo, vuelven a aparecer en la conversación a partir de sus adaptaciones. Muchas veces el camino funciona al revés de lo que uno imaginaría: alguien ve una película y después quiere leer el libro”. Sergio Parra añade: “La Odisea ha vendido harto por el impulso que ha dado la película. Han sacado varias ediciones también”.

En Buscalibre también rescatan ese empujón, pero no solo en el clásico de Homero: “Influye significativamente ya que una adaptación audiovisual funciona como una nueva puerta de entrada a historias que muchas veces el público conoce de nombre, pero que todavía no ha leído. Cuando una obra vuelve a instalarse en la conversación se despierta el interés por conocer el texto original, comparar ambas versiones o profundizar en personajes y tramas que en pantalla se suelen condensar. Lo hemos visto con títulos como Cumbres Borrascosas, La casa de los espíritus o Cien años de soledad, que vuelven a circular con fuerza cuando existe una adaptación, un anuncio o una conversación cultural en torno a ellas”.

También opina similar Melanie Jösch, aunque eso sí, destaca que no solo La Odisea se ha posicionado: “Claramente estamos viendo en las listas de best sellers un feliz retorno a los clásicos, tanto antiguos como contemporáneos. Desde La Odisea, impulsada por la adaptación cinematográfica de Christopher Nolan, que ha reavivado el interés y el debate sobre la obra y sus múltiples interpretaciones, hasta Dostoievski, el gran maestro ruso”.

Elena Bahrs agrega el elemento de las redes sociales: “Mi impresión es que el cine ha ayudado para los que están de moda. También tiene que ver con Tik Tok y la curiosidad de los jóvenes por leer algo que es fundacional en la cultura tanto de occidente como de oriente. Hay una necesidad de muchos jóvenes de no perderse los hitos que han formado el gusto de lo que se ha escrito en el siglo XX y parte del XXI”. Sergio Barra añade: “Han ayudado mucho las campañas por redes sociales. Los BookTokers e influencers están recomendando estos libros, yo creo que también es interesante ver la lectura que les están dando a los clásicos”.

¿Y los clásicos chilenos?

Si miramos esta tendencia con el motor de tres tiempos de la historia, del célebre Ferdinand Braudel, podríamos que decir que los clásicos europeos y estadounidenses estarían dentro de la coyuntura, y habría que esperar si se proyectan a una mediana duración. Sin embargo, en el caso de los clásicos chilenos, la línea equivaldría a la larga duración, es decir, es un interés que se encuentra de manera más sostenida en el tiempo, ajena a lo inmediato. “No han tenido el mismo impulso los clásicos chilenos -señala Sergio Parra-. Creo que ahí los influencers están al debe, deberían mirar a los clásicos chilenos”.

De todos modos, en el caso de los nacionales, los libreros apuntan que se tratan de un interés permanente para los lectores. “Mas que impulso de los clásicos chilenos los que siempre tienen su público son: María Luisa Bombal, José Donoso, Baldomero Lillo y Manuel Rojas. Y los extranjeros nos piden Mistral y Neruda”, señala Elena Bahrs. “Creo que ocurre de una manera un poco más acotada -dice Catalina Infante-. Hay títulos que tienen ediciones nuevas, como Casa grande, Martín Rivas y El socio. También vemos interés por María Luisa Bombal y Marta Brunet. Me parece especialmente interesante porque muchas veces nuestros clásicos chilenos han quedado asociados a la lectura escolar, y volver a ellos por decisión propia permite descubrirlos de otra manera”. En Buscalibre, La casa de los espíritus de Isabel Allende anotó un crecimiento del 35% en los últimos meses, consolidándose como un fenómeno permanente.

El trabajo de rescate ha sido empujado fuertemente por sellos independientes y universitarios. Simón Ergas, editor de La Pollera, aclara que su labor va más allá de la reimpresión: “Los libros que hemos trabajado en general no son solo reimpresiones de clásicos, sino ediciones desaparecidas con modificaciones sustanciales que estaban pendientes. Cavilaciones, por ejemplo lo transcribimos del puño del autor, a El compadre le faltaba un capítulo que dejó Droguett para futuras reimpresiones que nunca se incluyó, el Poema de Chile, de Gabriela Mistral estaba publicado a la mitad”.

En Ediciones UDP, la labor se ha centrado en la poesía y la narrativa. Felipe Gana, su editor, menciona el rescate de autores como Enrique Lihn, Gonzalo Millán, Rodrigo Lira, Martín Cerda, Claudia Donoso o Germán Marín. Gana acota sobre la recepción del público: “Nos llama la atención la excelente respuesta a obras complejas como Patas de perro, de Carlos Droguett, que va por su segunda edición o lo nueva visibilidad que está teniendo la obra Mauricio Wacquez. Pero el caso de Marta Brunet me deja contrariado, una gran novela como La mampara que después de su primera edición nunca más tuvo una que le hicieran valor al libro, no funcione mejor en ventas. Creo que estamos en deuda con ella como autora, no hay ediciones de María Nadie, pero creo que debería leerse mucho más”.

Marta Brunet

Atentas a este segmento, las grandes editoriales también apuestan por el patrimonio local. Planeta acaba de lanzar una colección en tapa dura con grabados del colectivo Caudal Gráfico y prólogos de autoras contemporáneas (Diamela Eltit, María José Navia, María José Viera-Gallo y Daniela Catrileo) para renovar Martín Rivas, El socio, Sub Terra / Sub Sole y Casa grande.

¿Por qué se leen los clásicos? Melanie Jösch ensaya una respuesta: “Porque siguen siendo lecturas insustituibles. Nos enfrentan a las grandes preguntas de la condición humana y abordan temas que continúan siendo profundamente vigentes. La Odisea, por ejemplo, nos recuerda que todo acto tiene consecuencias y que los conflictos esenciales de la existencia trascienden las épocas”. Sergio Parra concluye: “No es que la gente esté volviendo a leer clásicos porque hay una mala literatura actual. Los clásicos tienen una extensión narrativa, una profundidad de personajes, emociones y culpas mucho más compleja. Por eso permanecen”.

Para terminar, unas cifras. Daniela Méndez asegura: “Hoy los clásicos representan un crecimiento de alrededor del 30% en Buscalibre y también hemos visto que el 10% de estas compras corresponde a nuevas ediciones de obras ya publicadas anteriormente, lo que da cuenta de un interés que combina descubrimiento, relectura y colección. Otro dato que podría ser interesante es la evolución de la categoría en el tiempo: durante 2026, las ventas de clásicos fueron 30% superiores a las registradas en 2025, mostrando que se trata de una demanda que ha logrado sostenerse más allá de lanzamientos puntuales”.

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