Fallece el destacado escritor peruano Alfredo Bryce Echenique a los 87 años
El célebre escritor peruano, autor de la emblemática novela "Un mundo para Julius", murió a los 87 años, dejando un legado literario imborrable que retrató con ironía y sensibilidad a la sociedad limeña.
Este martes ha muerto el célebre escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, según han confirmado fuentes cercanas a Culto y según confirman medios de su país. Contaba 87 años.
A lo largo de su trayectoria, deleitó a los lectores con títulos como Un mundo para Julius, Tantas veces Pedro y La vida exagerada de Martín Romaña, consolidando un estilo único basado en la oralidad y un humor teñido de melancolía.
Nacido en el seno de una familia de la alta aristocracia limeña en 1939 —era tataranieto del presidente José Rufino Echenique—, Alfredo estaba destinado a ser un abogado de éxito o un banquero de prestigio. Sin embargo, su sensibilidad lo empujó hacia los márgenes de su propia clase social.
Esa posición de “observador interno” fue la que le permitió escribir, en 1970, Un mundo para Julius, una novela que dinamitó las estructuras de la narrativa peruana de la época en el que relató la alta sociedad limeña desde de los ojos de Julius, un niño solitario que observa la hipocresía y el racismo de su familia desde la complicidad con la servidumbre, Bryce realizó la radiografía más devastadora y, a la vez, delicada de la oligarquía limeña. La crítica coincide: Julius no solo era un personaje, era el símbolo de un Perú que se fracturaba entre el privilegio y la exclusión.
En 1964, Bryce partió hacia Europa, siguiendo los pasos de tantos otros escritores latinoamericanos. París, Perugia, Montpellier y Madrid fueron los escenarios donde forjó su leyenda. Fue en este exilio voluntario donde nació su “anti-héroe” por excelencia: Martín Romaña.
En La vida exagerada de Martín Romaña (1981), Bryce perfeccionó lo que él llamaba su “escritura oral”. La novela es un torrente de palabras, una confesión desmesurada donde el protagonista intenta escribir la gran novela de la revolución mientras lidia con el desamor, la hipocondría y su propia torpeza. Para Bryce, el humor era el mecanismo de defensa contra el dolor. “Escribo para que me quieran más”, confesó en múltiples entrevistas, una frase que se convirtió en su mantra personal y que explica la conexión casi eléctrica que mantenía con sus lectores.
La historia de Bryce no se entiende sin sus amistades literarias. Fue íntimo amigo de Julio Ramón Ribeyro, con quien compartía esa visión del “perdedor” elegante y la melancolía del exiliado en París. Juntos representaron la cara más humana y menos “monumental” de las letras peruanas.
Con Mario Vargas Llosa tuvo una excelente relación. “Mario estuvo a mi lado cuando empecé a escribir. Mi primer libro, a pedido de él, se lo di a leer y me aconsejó lo que debía hacer, incluso desde el punto de vista de los editores. Me recomendó que escogiera a Carlos Barral, de la editorial Seix Barral”, recordó el autor en díalogo con El Comercio, en 2025.
“Nos unió una amistad muy respetuosa desde nuestra soledad y tranquilidad para escribir y leer. Creo que en eso he sido coherente con Mario, en buscar la libertad siempre y la tranquilidad para escribir”, aseguró.
Del que reconoció su influencia plena fue del argentino Julio Cortázar, parte del Boom Latinoamericano junto a Vargas Llosa. Así lo dijo a este medio en 2019. “(De él aprendí) que uno no debe buscar su realidad, aquella que lo parió, como base real de lo que escribe. Si te alejas de tu país y lees a mil autores nuevos, puedes escribir de otras cosas. Pues sí, Cortázar lo hizo. Pero cuanto más escribía sobre París, más escribía sobre Argentina. Yo también recorrí ese camino. Cuando mi traductor al francés leyó mi primer cuento parisino me dijo que había descrito una ciudad insólita porque en el fondo estaba hablando del Perú. Ese desdoblamiento es profundo y enriquecedor”.
Sin embargo, a pesar de ser contemporáneo, Bryce nunca se sintió incluido en ese club llamado el Boom Latinoamericano. “Llegué tarde, nunca me sentí parte de sus profetas. Vivía en París y el Boom fue gestado en Barcelona por Carlos Barral, quien me publicó Un mundo para Julius".
En sus últimos años, instalando definitivamente en Lima tras décadas en España y Francia, Bryce se mostraba como un hombre que había hecho las paces con su pasado. En entrevistas íntimas, se dejaba ver como un ser que disfrutaba de la soledad, pero que seguía necesitando la interlocución constante. “Siempre consideré mi vida como una aventura”, dijo a El Comercio.
Entre otros premios, Bryce Echeñique recibió la mención en el Premio Casa de las Américas en 1968, el Premio Nacional de Literatura en 1972, el Premio Nacional de Narrativa de España en 1998, el Premio Planeta en 2002 y el Premio Grinzane Cavour en Italia ese mismo año. También fue reconocido por el Banco Financiero en 2004 y obtuvo el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances en 2012.
En sus últimos años ya había anunciado su retiro de las letras publicando sus memorias, editadas por Anagrama. Incluso, ya avizorando lo que venía habló de manera abierta su deseo respecto a sus restos. Lo hizo en una entrevista concedida a Infobae Perú en diciembre de 2024. “Me gustaría que me incineren y me echen al mar de La Punta. He pasado momentos de creación extraordinarios, aislado del mundo, escribiendo. Apenas salía a bañarme al mar en la mañana y me encerraba a escribir”.
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