Lars Ulrich y el día que habló con el “Dios de los dioses”: el ídolo que moldeó al baterista de Metallica
Aunque la técnica de Ulrich ha sido cuestionada por décadas, su ambición nació de la admiración por un virtuoso inalcanzable. El líder de Metallica revela quién fue el héroe que lo dejó sin palabras durante la era de Master of Puppets.
En la historia del rock, Lars Ulrich es una figura polarizante. Para muchos, es el cerebro estratégico que convirtió a Metallica en una potencia mundial; para otros, un baterista cuyo ímpetu escénico suele superar su precisión técnica. Sin embargo, en los años 80, un joven Ulrich no solo buscaba conquistar el mundo con el thrash metal, sino que intentaba emular a los gigantes que habían convertido la batería en un instrumento solista.
A pesar de que su estilo distaba mucho de la perfección, Ulrich siempre tuvo claros sus referentes. Y en la cima de su pirámide personal, por encima de leyendas como Ian Paice o John Bonham, se encontraba un nombre indiscutible: Neil Peart, el canadiense a bordo de la nave en Rush.
Durante la gestación del ineludible Master of Puppets, cuando Metallica empezaba a reclamar su trono, surgió una oportunidad que parecía un sueño. Cliff Bernstein, mánager de la banda y responsable de haber llevado a Rush a Mercury Records, le propuso a un joven y nervioso Lars hablar directamente con su héroe.
“Yo era así de pequeño en ese momento”, recordó Ulrich años después sobre aquella llamada. “Estaba hablando con Neil, que era como el Dios de los Dioses. Me armé de valor para marcar el número”.
Para el baterista danés, Peart representaba la posibilidad de que la batería fuera el motor principal de una banda, una idea que intentó inyectar en las complejas estructuras de temas como Disposable Heroes.
Ambición sobre técnica
Si bien James Hetfield no quedó impresionado por la destreza de Lars la primera vez que lo vio —recordando cómo se le caían los platillos mientras tocaba—, sí quedó cautivado por su hambre de triunfo. Esa energía fue la que permitió que la influencia de Rush se filtrara en el thrash metal primigenio: quizás sin la delicadeza de Peart, pero con una ferocidad que cambiaría el género para siempre.
Aunque Ulrich ha optado por los ritmos básicos en lugar de cambios de cifras y ritmos complejos -sobre todo a partir del Black Album-, lo cierto es que el eco de aquel “Dios de los dioses” sigue presente en la ambición de un hombre que, aunque sabía que nunca podría igualar a Peart, se atrevió a llamar a su puerta.
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