Culto

Mon Laferte da el show más emotivo de Viña 2026 y se lleva una histórica Gaviota de Platino

El regreso de la cantante al Festival es de esas presentaciones que quedarán en el recuerdo. Una puesta en escena cargada de dramatismo, una interpretación sobresaliente de la cantante, la invitación de Javiera Electra y Akriila, y un repertorio que ni siquiera dependió de los hits, marcaron una actuación coronada con la entrega de la Gaviota de Platino. El "Monstruo" la pidió desde el primer segundo. Una noche inolvidable.

Se sentía una electricidad en el aire. Quienes llegaban a la Quinta Vergara para la quinta noche del Festival de Viña, hacían ver que deseaban hacerse parte del reencuentro de Mon Laferte con su ciudad natal. Las coronas de flores, cintillos y letreros del público fundamentalmente femenino así lo indicaban (algunas hasta luciendo recreaciones del vestuario de Mon en Viña 2017).

Las flores rojas a un costado de la oreja se repetían, de galería a palco. Los aplausos de la fanaticada sonaron apenas los animadores mencionaron a Mon Laferte (y también los gritos a Matteo Bocelli, Milo J y Pablo Chill-E, los jurados más ovacionados). Ya eran muy notorios en la previa y cuando en la música envasada sonaba algún tema de la viñamarina, el karaoke se gatillaba de inmediato.

Ya en las pancartas del público se leía “Platino”. Una petición que pasaba de la palabra al grito con sumo entusiasmo. En la tanda previa, cuando los animadores leyeron algunas de las que pedían el trofeo, el “Monstruo” bramaba. “¡Platino!¡Platino!“.

Sin obertura, la noche comenzó más temprano. Mon Laferte salió al escenario a las 21.45 horas ante una fuerte ovación. Y de inmediato sonó el grito: “¡Platino!¡Platino!“.

Contrario a lo que manda el manual, arrancó con la quieta Mi hombre, uno de los temas de fibra jazzera de su último disco, Femme Fatale. Mon, luciendo vestido blanco, manos atadas y venda en los ojos, comenzó a cantar. A pesar de que no es un tema clásico, la fanaticada lo conocía. Misma cosa cuando siguió con Femme Fatale. Deja en claro su capacidad como intérprete . La línea “Yo quería que me amaran nada más” sonaba como desde las entrañas.

Y en eso el aplauso bajó de inmediato. Chillón, lluvioso, intenso. Mon derramó una lágrima, que le renueve el maquillaje antes de cantar la última línea del tema. No ha necesitado recurrir a los hits para emocionar. Algo que sólo logran los mejores.

El espectáculo está articulado en torno al concepto golden age del disco. Piano, batería, cuerdas (donde se sumó la chelista Felicia Morales, un clásico del pop chileno), una sección de bronces y la elegante y precisa guitarra de Sebastián Aracena.

Pasa una nueva lectura para Tormento, adaptada para el sonido de Femme Fatale. Mon se cambia de vestuario, con vestido rojo y banda, como la portada del disco, flanqueada por dos bailarinas vestidas del mismo concepto, con aire de película de Almodóvar. El karaoke sonó poderoso, intenso y la transmisión tomaba primeros planos al rostro de Mon. Y el “Monstruo” volvió a exigir lo que deseaba para la noche.

“Buenas noches Viña del Mar”, saludó. “Estoy un poco hiperventilada, pero los quiero mucho”. La luz blanca, se concentraba sobre ella y parecía darle lumbre a su cabello platinado. Y siguió con Amor Completo. El “Monstruo” la coreó de principio a fin. El ánimo se levantó con la saltarina Si tú me quisieras, con bailarines en escena.

“Les tengo una sorpresa”, dijo para dar paso a la invitación a Akriila y Javiera Electra, dos jóvenes artistas nacionales, para cantar Pa donde se fue. Las tres sentadas en sillas blancas, dos guitarras y un bello momento que se vio íntimo e hizo un quiebre en el show. La canción, despojada, desnuda, e igualmente intensa. “Y ahora una canción de amor”, dijo como si fuera una broma. “Para que la dediquen”. My one and only love sonó solo con la guitarra de Aracena y voces de apoyo.

El show se complementa con trabajadas visuales, en que predomina el blanco y negro, y cinematográficas tomas del rostro de Mon, como si fuera diva de los 50′. Cambia al paisaje de ventosa playa rocosa para cantar Melancolía, uno de sus sencillos más recientes, igualmente coreada. Y más aún cuando sonó Amárrame, mucho más cerca de su versión original, con cuerpo de baile en escena, quienes le aportan una suerte de escena dramática a la canción. Cerca de la coda, sus músicos pasan adelante y el “Monstruo” canta como si estuviera en un bar.

Entran los animadores. Mon se ve emocionada y el público entiende que es su momento. “Antes de cantar ya estaban pidiendo premio” dice Doggenweiler. Ahí Araneda conduce el momento y no demora la entrega de la Gaviota de Plata y Oro. Entonces el “Monstruo” repitió su mantra. Pero Araneda, con sentido televisivo intenta hacer hablar a Mon. “Solo quisiera dar las gracias al Festival por darme la oportunidad de presentarme nuevamente”, dijo, desbordada. Pero el “Monstruo” no afloja.

De inmediato la banda empieza con Mi buen amor, introduciendo un bloque de éxitos. En el público una pareja sorprende y se pide matrimonio. La Quinta brama. Mon los felicita. “Felicidades!”, les dice. La vida da sorpresas, sorpresas da la vida, decía alguna antigua canción. Siguen con Otra noche de llorar, con Mon cantando acostada en el escenario. Y llega el momento de Tu falta de querer. El “Monstruo” gritó el primer estribillo con escándalo. Mon solo atina a mirarlos. La canción es un himno que retumba en la Quinta.

Y el grito le sigue. “¡Platino!¡Platino!“.

Araneda, con sentido televisivo -y copa de agua en mano- amaga con despedir a Mon. El “Monstruo” arremete como una bestia embravecida. Y hasta que Doggenweiler da el pase. “¿Qué queremos decirle?”. Y ahí sonó el grito. Mon ya está de vuelta en el escenario. “No canté muy bien porque estaba nerviosa” dice. El público hace el gesto con las manos. Hay Gaviota de Platino, entregada por la alcaldesa Macarena Ripamonti.

Como adelantó este medio, la entrega de la Gaviota de Platino ya estaba considerada para esta noche. Para otorgarla, los artistas deben contar con un mínimo de 30 años de carrera y tener un vínculo profundo con el escenario del Festival de Viña del Mar. En el caso de Mon Laferte, la avalan sus celebradas presentaciones de 2017 y 2020, además de ser oriunda de la ciudad.

Respecto a los 30 años de carrera, desde la Municipalidad se comentó a este medio que el hito que se considerará para contar el inicio de su trayectoria será su ingreso al conservatorio Izidor Handler de Viña del Mar, a los diez años.

Mon aprieta los trofeos contra su regazo. Araneda la ayuda. “Es hermosa”, dice. “La verdad, no se qué decir”. Otra noche de llorar y de celebrar para la cantante chilena más importante de este siglo. “Chile, te amo”, remata.

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