Culto

Selva Almada: “En Argentina somos una sociedad muy atravesada por la violencia”

Tras cerrar su exitosa "Trilogía de varones", la escritora argentina regresa con Una casa sola, una novela donde las paredes narran el destino de una familia desaparecida en democracia. En esta charla, desmenuza el proceso de darle voz a lo inanimado y su diálogo con la tradición gauchesca.

SELVA ALMADA PENGUIN RH dic 2025 ALEJANDRA LOPEZ

Uno de los juegos favoritos de Selva Almada cuando era una niña en su natal Entre Ríos, en el interior de la Argentina, era explorar casas vacías. En esos veranos en el pedacito de campo de su abuelo, la muchacha salía a explorar los alrededores junto a sus tías. “En esa zona, muchos vecinos habían abandonado el campo para irse a vivir a la ciudad. Entonces quedaban las casas en pie o medio en ruinas, vacías, y para nosotras era como un plan ir a investigar esas casas que habían quedado abandonadas y que todavía había objetos. Se iban cubriendo de telas de arañas o de yuyos, encontrábamos cosas ahí, qué sé yo, y me parecía un planazo”.

Años después, siendo una mujer en la cincuentena y una reconocida escritora, recordó esos veranos algo bucólicos para escribir una novela sobre una casa de campo, con la particularidad de que la historia la cuenta la misma vivienda. Así le dio forma a Una casa sola, su nueva novela en la que narra la desaparición en democracia de una familia completa, los Lucero, y el único testigo de ello fue justamente la casa, que va narrando esto al mismo tiempo que aparece también el monte donde se ubica. Así se va generando una historia que mezcla naturaleza, campo, memoria, pero también violencia.

02 Abril 2025 Entrevista a Selva Almada, escritora argentina. Foto: Andres Perez Andres Perez

Almada es una de las voces más interesantes que ha surgido en la narrativa argentina en los últimos 15 años. Desde su novela debut, la célebre El viento que arrasa (2012) se ha caracterizado por narrar al campo trasandino y la zona del Litoral, cerca de los ríos Uruguay y Paraná. En marzo del 2024, fue finalista del Premio Booker por la traducción al inglés de No es un río, que fue mencionado por la mismísima Dua Lipa en una entrevista.

La casa es la narradora en primera persona: habla, siente, recuerda y se resiente. ¿Cómo llegaste a la decisión de que fuera ella quien contara la historia?

En una primera versión había un narrador omnisciente que estaba muy cercano al punto de vista de la casa, y en el transcurso de la escritura me di cuenta que, sin querer, empezaba a colarse una primera persona. Cuando me di cuenta de eso dije a ver qué pasa si escucho esa voz que está surgiendo ahí sin que yo la buscara. Primero me dio un poco de vértigo porque para la literatura argentina tampoco es algo tan extraño. Hay una novela de Mujica Lainez que se llama La casa y que narra la casa, pero no sabía bien cómo iba a sonar eso, si iba a poder construir una voz que fluyera, que no se notara impostada. Así que empecé a probar el tono, a buscarlo, a ver qué aparecía mientras probaba esa nueva voz. Y bueno, me gustó, me pareció que funcionaba. No me imaginaba toda una novela contada con esa única voz narradora. Me parecía que ahí sí se podía agotar el artificio en algún momento, entonces ahí decidí meter una segunda voz que es la voz del monte, que son estos seres medio espectrales que viven ahí y que pertenecen a distintos tiempos, están mezclados ahí los tiempos históricos y hay gauchos matreros de las guerras del siglo XIX mezclados con un ex combatiente de Malvinas en 1982, una mujer de principios de siglo, una curandera un poco más cercana en el tiempo al soldado. Y me pareció que como que esa segunda voz equilibraba esta voz tan pregnante de la casa y que así iba a poder sostenerlo.

¿Sentías que necesitabas explorar un territorio narrativo diferente después de la “Trilogía de varones” (El viento que arrasa, Ladrilleros y No es un río)?

Sí, ya una vez que terminé No es un río sabía que quería buscar otras cosas. Fue el cierre de ese grupo de tres novelas donde los protagonistas eran varones y donde todo lo que rondaba las tramas de esas tres novelas tenían que ver con la masculinidad. No sabía qué iba a hacer ni cómo iba a aparecer, pero sí sabía que ya ese ciclo había cerrado y tenía que empezar a imaginar otras posibilidades.

Federico German Paul

La novela gira en torno a la desaparición de toda una familia (Damián Lucero, Lorena y sus cuatro hijos) en plena democracia. ¿Por qué te interesó contar una desaparición que no está directamente ligada a la dictadura militar?

Hay toda una tradición muy importante en la literatura argentina de novelas de la dictadura, que han abordado el tema muchísimas veces y de distintas maneras, y después siguen habiendo desapariciones en democracia. Cuando empecé a viajar por el país empecé a ver una campaña de un lugar de una entidad del Estado que se llama Sidefu, que justamente se encarga de atender denuncias de desapariciones o de personas extraviadas, etcétera. Empecé a ver en los aeropuertos del país, mientras hacés los trámites, hacés las colas y demás, pantallas en las que van pasando fotos y datos de gente a las que están buscando. Y de repente la gente desapareció hace 15, 20 años, o sea, en plena democracia y de los cuales no se sabe nada. Me empezó a impactar mucho eso, como de repente enterarme de que había tanta gente de la que no se tiene noticias, que no se sabe dónde está. De ahí salió la idea, que no fueran aquellos desaparecidos en dictadura, sino desaparecidos en democracia.

¿Ves alguna conexión entre Una casa sola y tus libros anteriores?

Sí, yo creo que, de alguna manera, todos mis libros están conectados. A veces de manera más evidente, a veces más subterránea. El monte de Una casa sola está íntimamente conectado con el monte que ya aparece en No es un río, o con esa presencia que tiene el río en esa novela. También están todas conectadas por el lenguaje, por la búsqueda de una poética del lenguaje que es algo en lo que vengo trabajando en casi todos los libros o por lo menos en todos los últimos. Y también por el tipo de personajes. En general, mis personajes vienen del mundo del trabajo físico, son personas bastante marginales, pero no de la marginalidad urbana o conurbana, sino de la marginalidad de pueblo o de estos lugares semi rurales o en el caso puntual de esta novela directamente rurales.

02 Abril 2025 Entrevista a Selva Almada, escritora argentina. Foto: Andres Perez Andres Perez

La novela recupera lenguaje y atmósferas de la literatura gauchesca, del campo argentino ¿Cómo dialoga Una casa sola con esa tradición?

Para la parte de la voz del monte, donde están estos personajes, estos espectros, ahí me fui directamente a buscar a la literatura gauchesca: giros, frases, las adivinanzas que aparecen, expresiones, o sea, el lenguaje de esos personajes está inspirado y basado en obras de la literatura gauchesca.

Una casa sola exige una lectura reposada, casi al ritmo del campo. ¿Fue una decisión consciente alejarte del ritmo más acelerado de la vida urbana?

Creo que tiene que ver con la materia de la que están hechos esos personajes y el personaje mismo de la casa. Es una casa que está vacía hace muchos años, hace una década y es una casa que está volviendo al monte de donde salió porque está hecha con tierra de ese mismo monte, con ramas, con cañas, con cosas que quienes la construyeron fueron sacando del propio monte y la casa está volviendo ahí. Entonces un poco tiene ese ritmo propio de las cosas de la naturaleza, de la semilla que brota que crece hasta convertirse, en un árbol del pájaro que muere y las moscas le ponen sus huevos y los gusanos y como que me parece que sigue un poco ese modus operandi de las cosas de la naturaleza. Entonces tiene un ritmo un poco más quieto, un poco más lento. Creo que también es una novela que está muy condensada, es una novela breve, con mucha condensación y entonces también eso hace que como si tuvieras que ir como desenredando un ovillo, el lector tiene que ir un poco desentrañando y desenredando esos hilos.

Selva Almada. Foto por Grillo Valdez.

Una temática muy presente en tu obra, y en este libro también, es la de la violencia. ¿Qué significa para ti ese tema?

Es verdad que todas las novelas que he escrito están atravesados por el tema de la violencia. En este caso como que lo que me interesaba abordar era la violencia de los que mandan hacia los que están por debajo de ellos, la violencia de los patrones contra los peones, pero también la violencia de los caudillos en el siglo XIX con esos cuerpos que arreaban a las guerras y que al principio los seguían de manera incondicional pero después cuando se querían ir, no podían irse. Creo que en Argentina somos una sociedad muy atravesada por la violencia, entonces eso a mí me sigue resultando curioso y me sigo haciendo preguntas acerca de eso. Y a partir de esas preguntas escribo esas ficciones.

En otro ámbito, ¿cómo has visto a la Argentina bajo el gobierno de Milei?

Un desastre. Es una época muy terrible en Argentina desde la llegada de Milei al gobierno. Como que de repente un montón de cosas que sentíamos que estábamos todos de acuerdo como sociedad, ahora se ponen en duda constantemente desde el gobierno y eso es algo que creo que nos ha dejado a todos muy muy golpeados. Por ejemplo, habíamos llegado a un acuerdo que había habido una dictadura, que había sido sangrienta, que había personas desaparecidas, que había bebés que habían sido robados y entregados a otras personas. Yo nací en el 73, cuando volvió la democracia en el 83 tenía 10 años, mi generación creció con el nunca más, con el Juicio a las juntas y de repente que toda esa estructura que creíamos muy sólida, esté siendo atacada desde el propio estado, creo que es algo que todavía nos conmociona muchísimo. Además de eso, otras cosas que habíamos construido como sociedad esta última década y media, por ejemplo, con Ni una menos, con el feminismo, la ley de femicidio o la ley del aborto, ahora el gobierno niega que existan los femicidios porque niega la figura del femicidio. Son frentes que se abren todo el tiempo, que se cuestionan, que se ponen en duda y que se niegan. Es bastante agotador vivir en este estado de cosas. Esto simbólicamente, pero en lo económico el país es un puto desastre, o sea, hay cada vez más gente echada del sistema, hay cada vez más gente empobrecida, sin trabajo, las fábricas cierran. Realmente es un momento tremendo para el país y también preocupa el avance de las derechas en todo el mundo.

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