Educación

El rector que logró quintuplicar el patrimonio de su universidad en 15 años

Claudio Ruff, máxima autoridad de la Universidad Bernardo O’Higgins, analiza el momento actual de las universidades y los desafíos que enfrentan ante la revolución tecnológica en curso. “Antes, la tecnología salía de la universidad al mundo empresarial, pero hoy día son las empresas las que están en la punta con la innovación, por lo que vamos a tener que irnos integrando de una u otra forma”, sostiene.

Claudio Ruff, rector de la Universidad Bernardo O’Higgins. Andres Perez

Desde 2011, Claudio Ruff Escobar, economista y doctor en Ciencias de la Ingeniería, se desempeña como rector de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), institución en la que previamente ejerció como vicerrector de Administración y Finanzas, por lo que posee un conocimiento profundo del sistema de educación superior y de las potencialidades de su propia universidad, la que ha dado un salto indiscutido en la última década.

“Pasamos de una universidad que era eminentemente docente a una que se ha complejizado muchísimo, de la mano de una verdadera transformación del capital humano. Cuando llegué había dos docentes con grado de doctor, hoy día tenemos casi 300. Junto con ello, hemos tenido un gran crecimiento en el patrimonio, que se ha multiplicado por cinco, pero los estudiantes solo se han duplicado. Por lo tanto, es una universidad que es capaz de desarrollarse más que de crecer en cantidad”.

¿Cómo analiza el modelo universitario chileno en el cual se ha desarrollado la UBO?

Como economista, administrador, creo que el modelo chileno, en general, hace que las universidades sean muy competitivas. Yo creo que es muy bueno. Es un gran proceso de transformación y cambio, y las leyes indudablemente que ayudaron mucho en eso, como el sistema de acreditación, la supervisión. Las universidades chilenas son muy buenas en la región, con muy buenos índices. Y, claro, ser universidad es algo complejo, pues deben abocarse a tres misiones, como la educación, la docencia, posgrado, investigación científica y, por supuesto, la vinculación con el medio.

¿Está de acuerdo con las regulaciones que rigen a las universidades?

La regulación que se estableció en nuestro país es lo propio que ha ocurrido en los países que han transitado desde el nivel del subdesarrollo a un desarrollo medio. Tenemos un sistema bastante regulado y ordenado. Si al país le faltaban algunos pilares para saltar el desarrollo, yo creo que el pilar de la educación, en general, tiene muy buenos cimientos.

Claudio Ruff, rector de la Universidad Bernardo O’Higgins.

¿Qué balance hace usted del impacto que ha tenido la gratuidad en la UBO y en sus estudiantes?

Es un gran beneficio para los estudiantes, porque los que están hasta el sexto decil tienen una certeza de entrar y poder acceder a la educación superior en todos sus niveles y con un financiamiento que era difícil. Hasta ahí era solamente el financiamiento de los padres, de ellos mismos. Pero al entrar en gratuidad se le dio una certeza a ese estudiante y también a la institución en cuanto a poder tener un equilibrio entre lo presupuestado y lo ejecutado. Esa fue una política pública correcta, que se puede perfeccionar, indudablemente. De hecho, hoy día se está viendo que hay algunas cosas que se están perfeccionando y, por lo tanto, creo que lo que está pendiente es ver, en materia de financiamiento, resolver el problema de cómo pasamos a otro sistema distinto, al del crédito general del Estado.

¿Cuáles serían las bases de ese sistema de financiamiento distinto?

Lo que en su momento casi se acordó. En la legislación anterior había casi un acuerdo final de todas las partes. Yo creo que faltó uno o dos meses para sancionarlo (a fines del gobierno anterior). La ministra de Educación nos contaba el otro día, nos decía a los rectores, que hay un tema de financiamiento que es una gran carga fiscal la que tiene que hacer el Estado al sistema. Bueno, le propusimos que a lo mejor podríamos hacerlo por parte, avanzar en un sistema de financiamiento de la educación superior que tenga una gradualidad en su implementación.

¿El trato que se les da a las universidades privadas, pero que cumplen con un rol público, lo ve como igualitario o hay diferencias que resultan discriminatorias?

Ahí está montada otra polémica. Bueno, efectivamente hay un grupo de siete universidades que manifestamos este tema. Hoy se está discutiendo en un tribunal respecto a los criterios que se usaron para determinar los aranceles regulados de la gratuidad. Es un tema técnico del cual tenemos argumentos sólidos para demostrar que efectivamente hay una arbitrariedad, que esperamos que se corrija.

¿Cuál es su posición respecto al debate de la duración de las carreras universitarias?

Probablemente, son demasiado largas. Efectivamente, entre la duración de la malla y la duración real hay un gran espacio y, sobre todo ahora, la presión la pone esta cuarta o quinta revolución industrial, en que el conocimiento está llegando de muchas maneras y mucho más rápido. Sin embargo, no quiero poner un pero, pero hay un sin embargo en este debate de la duración de las carreras: el estudiante que se está recibiendo hoy día en la institución de educación superior, que sale del cuarto medio, está teniendo muchas falencias. Soy uno de los siete rectores que integra el Comité de Acceso a la Educación Superior, me incorporé el año pasado, y en mi primera pregunta al equipo técnico les pregunté qué porcentaje del currículo se pasa en la educación media en Chile. La respuesta fue un 50%.

¿Qué responsabilidad tienen las universidades en la inserción laboral de sus estudiantes una vez egresados?

Bueno, este es un tema que antes no era tema. Ahora es tema porque desde el 2010 que esto viene siendo regulado. Las universidades hoy día tenemos oficinas de alumni, tenemos oficinas de colocaciones. En la UBO hay una Dirección de Empleabilidad, porque nos preocupamos que los estudiantes en su etapa previa a la titulación empiecen a acercarse al mundo del trabajo por distintas vías y, finalmente, logren insertarse de la forma más rápida posible y con una buena remuneración.

¿Ese énfasis no conlleva el riesgo de convertir a las universidades en centros de preparación para el empleo?

Bueno, pero el mundo está cambiando. Antes, la tecnología salía de la universidad al mundo empresarial, pero hoy día son las empresas las que están en la punta con la innovación, por lo que vamos a tener que irnos integrando de una u otra forma. Esto es una avalancha, urbi et orbi, en que las universidades tenemos que reinventarnos y avanzar hacia otro estadio.

Su universidad ha buscado fortalecer su investigación y ha desarrollado una línea vinculada con la francofonía científica. ¿En qué consiste este enfoque?

El gran paraguas está dado por la Organización Internacional de la Francofonía, que es un organismo de las Naciones Unidas, y que tiene 80 años de historia. Y posee un brazo académico que se llama Agencia Universitaria de la Francofonía. Nosotros no enseñamos en francés, pero sin embargo debemos tener unos 30, 35 investigadores o académicos que hablan francés. Esto nos ha permitido incorporarnos a una red de la francofonía científica y tener, por ejemplo, tres proyectos con Francia con las universidades de Grenoble, París 1 y la Sorbonne, de investigación, donde hay un investigador con otro investigador, con financiamiento compartido. Entonces, nos permite asignar recursos, proyectos, porque la francofonía también tiene sus recursos propios.

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