Correr para vivir: las carencias que transformaron a Selemon Barega en el primer medallista de oro en el atletismo en Tokio

Barega festeja el triunfo más importante de su trayectoria deportiva. (Foto: AFP)

El etiope dio el primer gran golpe en la especialidad estrella de los Juegos Olímpicos. En los 10.000 metros, superó al gran favorito, el ugandés Joshua Cheptegei. Su carrera es una historia de superación, en la que recorrer grandes distancias se transformó en una forma de satisfacer necesidades básicas.


Selemon Barega dio el primer golpe en el atletismo, la especialidad estrella de los Juegos Olímpicos. El etiope se quedó con la medalla de oro en los 10.000 metros, distancia en la que venció al gran favorito, el ugandés Joshua Cheptegei. Marcó 27′43″22, 41 centésimas de segundo menos que quien se quedó con la plata. La carrera se definió en los últimos metros y puso a su ganador en el centro de la atención mundial. Barega corría por la gloria y la alcanzaba. Antes había corrido por su vida. Y cada una de esas zancadas fue forjando su cuerpo y su mente hasta llegar, insospechadamente, a transformarlo en un deportista de elite.

Hace un tiempo, el propio protagonista de la historia del día en Tokio definía cómo se fue transformando en atleta. Las condiciones de vida que enfrentaba lo fueron moldeando. “Toda mi vida, he estado corriendo. Vengo de una granja rural al sur de Etiopía, ese es mi estilo de vida. ¿Necesitas agua para tu familia? corres por ella. ¿Comprar algunas cosas en el mercado local? Corres. ¿Llegar a la escuela, no importa lo lejos que esté? Agarras tus libros y corre. Vengo de una familia de ocho y todos corrimos a lo largo de nuestra infancia, aunque yo fui el primero en ser un competidor. Mi escuela estaba a unos 50-60 minutos de mi hogar, dependiendo de lo rápido que corriera. Corría dos veces al día, desde la edad de siete años, pero en ese entonces nunca se trataba de entrenar”, relataba en una entrevista para la IAAF, en la que se refería a su vida.

Selemon Barega celebra con la bandera de Etiopía tras obtener el oro en los 10 mil metros. (Foto: AFP)

Futbolista frustrado

Seguramente, el oro en Tokio en un sueño cumplido para el fondista de 21 años, pero no el que marcó su niñez. El africano se declara fanático del fútbol y su principal anhelo estaba precisamente enfocado en transformarse en una estrella del balompié. Las condiciones físicas claramente las tiene. Sin embargo, faltaba lo otro: la técnica. A pesar de eso, alucinaba con entrar a Old Trafford ataviado con los colores de su equipo favorito, el Manchester United. El grupo de entrenamiento que integraba en la capital de su país estaba dividido en dos bandos identificados con escuadras de la Premier League inglesa. Por un lado, los fanáticos de los Diablos Rojos y, por otro, los seguidores del Arsenal. “Al crecer, no quería ser atleta, sino futbolista. Incluso hoy, estoy obsesionado con ese deporte. Al final resultó que, nunca tuve el talento para el fútbol, pero unos años después de practicar el atletismo tuve un nuevo sueño. Comencé a correr de manera competitiva en 2013, y puedo recordar terminar segundo en mi primera carrera. Sin embargo, mi gran avance no fue hasta el 2016″, explicaba.

En efecto, ese año comenzaron los triunfos y una nueva vida. Después de quedarse con los 5.000 metros en el Mundial Sub 20 de Polonia, comenzaron a llegar los auspiciadores, como Nike. Y también pudo sumarse a grupos de trabajo de alto nivel. Nuevamente, como en sus orígenes, pensaba en correr para seguir escalando. “Lo sabía en ese punto: si podía correr bien, tendría una buena vida”, decía. Nunca más paró de destacar. En el Mundial indoor de 2018 fue medallista de plata en los 3.000 metros. Un año después, ocupó el mismo puesto en los 5.000 metros en el Mundial disputado en Qatar. Era un aviso para su consagración definitiva.

El secreto del éxito

Barega no se complica a la hora de revelar el secreto de su éxito. La fórmula es tan simple como conmovedora. “Trabajamos muy duro. Corro alrededor de 120 a 130 km a la semana en entrenamiento, y recientemente comencé a trabajar en el gimnasio para ganar más fuerza. De niño, mi programa de gimnasia era simple: llevar cosas en nuestra granja, donde cultivábamos todo tipo de cereales. Antes de mí, nunca había atletas en mi familia, pero uno de mis hermanos menores ahora sigue mi ejemplo, y espero que sea igual de rápido”, resumía en 2019.

El atletismo es para Etiopía una forma de posicionarse en el mundo. Y Barega confiesa que, muchas veces, la presión se siente. “Los campeonatos son muy diferentes a las carreras en el circuito, especialmente cuando se corre para un país como Etiopía. Desde los días de Haile Gebrselassie y Kenenisa Bekele, esperan medallas de oro, por lo que cuando te pones esa camiseta, sabes que cargas con una gran responsabilidad. Sientes la responsabilidad hacia tu país, tu gente, y eso es difícil cuando compites sin liebres, se vuelven carreras impredecibles. Cuando compito en la Diamond League me siento libre”, reflejaba.

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