Las historias que conducen al “chef de Putin”

El Presidente Putin es atendido por el chef Yevgeny Prigozhin. Foto: AP

Yevgeny Prigozhin es un exconvicto que pasó de tener un puesto de hot dogs en San Petersburgo a convertirse en un poderoso oligarca, con vínculos con el Kremlin. Algunos lo relacionan al envenenamiento del líder opositor Alexei Navalny y al ejército de trolls en la campaña de Estados Unidos de 2016.




El envenenamiento del líder opositor ruso Alexei Navalny y el arresto de mercenarios en Bielorrusia en los días previos a las cuestionadas elecciones del 9 de agosto vinculados a la empresa Wagner han vuelto a colocar en el centro de la atención a Yevgeny Prigozhin, un oligarca de 59 años muy cercano al Presidente ruso, Vladimir Putin, quien se ha convertido en una atractiva figura para la prensa occidental.

Pese a mantener un bajo perfil en Rusia, Prigozhin ha logrado notoriedad gracias al particular cargo que consiguió en su momento: “El chef de Putin”. Su nombre comenzó a sonar durante la investigación sobre la interferencia de Moscú en las elecciones de Estados Unidos de 2016, ya que, según se señala en el libro Russian Rulette, de Michael Isikoff y David Corn, es el fundador de la Agencia de Investigación de Internet (IRA), proveedora de un ejército de trolls que buscó influir en dichos comicios y que ha diseminado información considerada falsa sobre distintos temas. Por este motivo, ha sido sancionado por Estados Unidos. Su empresa Concord Catering, sus socios comerciales y la IRA fueron acusados por un Gran Jurado de EE.UU. en febrero de 2018 por esa interferencia electoral. “Los estadounidenses son personas muy impresionables: ven lo que quieren ver. No me molesta en absoluto que esté en esa lista. Si quieren ver al diablo, que lo vean”, dijo. Es más, el miércoles el Tesoro de EE.UU. lo sancionó por la interferencia en las elecciones de medio mandato.

Prigozhin nació en 1961 en Leningrado. En 1977 se graduó de un internado centrado en el atletismo y trató de hacer una carrera de esquí, pero pronto se rindió. En su libro The Apprentice, el periodista del diario The Washington Post, Greg Miller, relata la peculiar historia de Prigozhin, oriundo de San Petersburgo, al igual que Putin. Prigozhin pasó cerca de 10 años en la cárcel por una serie de crímenes. El primero de ellos lo cometió cuando recién había cumplido 18 años, en 1979. Un tribunal de Leningrado le dio una sentencia similar a una suspensión condicional por robo. Dos años después, volvió a comparecer ante un juez, esta vez por hurto como parte de un grupo delictivo organizado, por fraude e involucrar a menores en la prostitución. La sentencia fue de 12 años, pero cumplió casi 10.

Fue después de su liberación, en medio del colapso de la Unión Soviética en 1991, cuando su vida cambió para siempre: junto con su padrastro abrió un puesto de hot dogs en San Petersburgo. Poco después se convirtió en el gerente de Contrast, la primera cadena de abarrotes de San Petersburgo que fue inaugurado por el empresario Boris Spektr, antiguo compañero de clase de Prigozhin en el internado. Luego, con otro socio se introdujo en el negocio de la restauración de propiedades.

Es así como su situación económica cambió unos años más tarde, gracias a la compra de una escuálida embarcación que convirtió en un local de comida flotante, al que llamó Restaurante Nueva Isla. El local atrajo a una clientela diversa, principalmente a los residentes de San Petersburgo. Prigozhin se ganó entonces el cariño del futuro Presidente ruso con una atención personalizada y con disposición para realizar acciones que iban más allá de las usuales para el propietario de un restaurante. “Putin vio cómo construí mi negocio, comenzando desde un quiosco”, dijo en una entrevista con la revista de San Petersburgo, Gorod 812.

El Presidente Vladimir Putin durante un discurso en Moscú. Foto: Reuters

En el verano de 2001, dice el sitio web ruso Meduza, Putin fue a cenar al restaurante con el Presidente francés Jacques Chirac. Prigozhin sirvió personalmente sus platos a los dos jefes de Estado. “Vladimir Putin vio que no me importa servir personalmente a la gente real. Después de todo, son mis invitados”, explicó.

Por entonces, Prigozhin se había separado de sus socios comerciales y se estableció de forma independiente en el negocio de la restauración y el catering. Su éxito fue tan grande al servir a la clientela de élite, que en mayo de 2008 ganó el contrato de catering para los invitados en la inauguración presidencial de Dimitri Medvedev. Rodeado por los principales líderes del Kremlin, el encantador Prigozhin fue recibido como “uno de los chicos”. Incluso, después se encargó de organizar los cumpleaños de Putin.

Millonarios contratos

La conexión finalmente sirvió para que Prigozhin consiguiera una serie de lucrativos contratos de catering, como la entrega de comida a escuelas de San Petersburgo, Moscú y para el Ejército ruso. Sus lazos con políticos cada vez más poderosos tuvieron sus frutos. En 2002, Putin también llevó a los líderes mundiales, entre los que se incluía George W. Bush, a cenar en el Restaurante Nueva Isla mientras recorrían los canales de la ciudad.

Estos contactos le permitieron al chef acceder a figuras de alto nivel, que le proporcionaron dividendos millonarios. Al mismo tiempo, habría ofrecido el suministro de mercenarios para vigilar los pozos petroleros en Siria, a través de la empresa Wagner. Gracias a esto, ha llevado una vida de lujos que a veces exhibe en las redes sociales.

Inicialmente, Prigozhin no estaba contento de que le hubieran impuesto el proyecto de la empresa militar privada, sugirió el sitio de noticias ruso The Bell, consignado por un artículo del centro de estudios Carnegie Moscú.

La cadena CNN y el diario El Mundo recordaron que Navalny -quien actualmente se encuentra en Berlín tras ser envenenado en Rusia- se convirtió en uno de los enemigos de Prigozhin. Esto, porque el político de 44 años denunció a la empresa de catering del oligarca por una intoxicación alimentaria en escuelas de Moscú. Ante esto, la fundación del líder opositor perdió la demanda por difamación por un valor cercano a los US$ 1,6 millones. Este verano, Navalny aseguró a sus seguidores que esa derrota lo forzaría a cerrar su plataforma. “Tengo la intención de arruinar a los miembros de este grupo de gente desvergonzada. Desde luego, si el camarada Navalny se va donde nuestro Señor, personalmente no tengo el propósito de perseguirlo en este mundo”, afirmó Prigozhin, citado por la nota de prensa de Concord, empresa del “famoso chef”.

Imagen de la Plaza Roja de Moscú. Foto: AFP

El centro de estudios R. Politik señala que los servicios de seguridad, como el FSB, están siendo “tomados sin pudor” por actores “casi estatales” como Prigozhin y otros que duplican las labores de estos servicios. El think tank pone al oligarca como un ejemplo de quienes podrían estar enemistados con Navalny y podrían haber llevado adelante su envenenamiento.

Un tribunal moscovita consideró como calumnias las denuncias sobre la mala calidad de los almuerzos escolares de la empresa vinculada a Prigozhin, por lo que dictaminó el pago de la cuantiosa reparación económica.

Pero las denuncias sobre los oscuros pasos del oligarca van más allá. A comienzos de agosto se reveló que 33 hombres -algunos con pasaporte ruso y otros ucranianos- habían sido arrestados e identificados por las autoridades bielorrusas como mercenarios afiliados al llamado Grupo Wagner, una red de contratistas privados de seguridad militar vinculados a la información privilegiada del Kremlin, que ha sido sancionada por Estados Unidos. Moscú ha dicho que estos hombres estaban de paso por Minsk y que iban a un país no identificado en América Latina.

En este sentido, la investigadora estadounidense del Center on the Future of War, Candace Rondeaux, analizó datos filtrados de Evro Polis, una empresa vinculada a Prigozhin que se encuentra sancionada por Washington, así como de otras tres firmas rusas supuestamente vinculadas al oligarca: Mercury LLC, M Invest y Broker Expert. Del estudio se desprende que, desde principios de 2017, Minsk ha servido como centro de tránsito para empresas relacionadas con Wagner para destinos como Libia, Siria o Sudán.

En abril de 2019, Reuters reveló que Wagner operaba en Venezuela y que habían llegado contratistas rusos para reforzar la seguridad del Presidente Nicolás Maduro. La agencia estimaba que cerca de 400 mercenarios pertenecían a Wagner.

El Kremlin siempre ha negado sus lazos con Prigozhin, pero una investigación del portal Bellingcat reveló que el oligarca estuvo en contacto regular con los principales funcionarios de Rusia y que usó su número de teléfono personal para hacer llamadas a miembros de élite del gobierno de Putin, entre 2013 y 2014.

Todas estas acusaciones no lo han dejado indiferente. De hecho, ha presentado 15 demandas diferentes contra el motor de búsqueda Yandex, con la esperanza de utilizar la ley rusa de 2016 que establece el “derecho al olvido” y hacer que la empresa de internet elimine los resultados de búsqueda que enlazan con artículos que él cree que empañan su reputación.

Según el líder opositor Navalny, la familia de Prigozhin tiene un jet privado que es usado con frecuencia. También posee un yate lujosamente amueblado, llamado St. Vitamin, de unos 37 metros de largo y avaluado en US$ 6 millones. Su glamorosa hija Polina se jactó en una cuenta de redes sociales abierta de que el barco tenía “seis dormitorios, un comedor, una terraza, una cocina, habitaciones para el personal, dos cubiertas y una terraza”.

Cuando se casó, Polina celebró la ceremonia en el Palacio Konstantinovsky, conocido como el “Palacio de Putin”, una residencia del Presidente en San Petersburgo construida por los Romanov. “Lo más difícil fue conseguir millones de flores naturales”, dijo, explicando cómo caían en cascada desde los techos del palacio. La casa familiar, una propiedad de San Petersburgo que incluye una casa para él y su hija, cuesta aproximadamente US$ 105 millones de dólares, denunció Navalny. Pero también es dueño de una finca en la cima de un acantilado en Gelenzhik, en el Mar Negro, donde también se rumorea que Putin tiene un palacio.

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