Manifiesto de Gonzalo González, ingeniero en sonido: "He trabajado en más de mil grabaciones de discos"

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"En 1994 partí con Chancho en Piedra y su obra prima, Peor es mascar lauchas, que fue un quiebre en la música que se estaba haciendo post dictadura. Era lúdico, festivo, fue un destape generacional. Seguí con Mama Funk de Los Tetas y con Ser Humano de Tiro de Gracia. No paré de grabar y mezclar hasta 2004. En esta década se concretó la idea de vivir de la música".




Por muchos años odié mi nombre. Me llamaron así porque en los años 70 mi papá abrió un negocio de abarrotes que los amigos del sector llamaron "Gonzalito", por su apellido y por lo joven que era. Para mis padres, yo venía con la marraqueta bajo el brazo, así que estaba destinado a llamarme Gonzalo González.

He trabajado en más de mil grabaciones de discos. En 1994 partí con Chancho en Piedra y su obra prima, Peor es mascar lauchas, que fue un quiebre en la música que se estaba haciendo post dictadura. Era lúdico, festivo, fue un destape generacional. Seguí con Mama Funk de Los Tetas y con Ser Humano de Tiro de Gracia. No paré de grabar y mezclar hasta 2004. En esta década se concretó la idea de vivir de la música.

Tuve que dejar todo por irme de gira con Los Prisioneros. En el año 2001, me invitaron a hacer el sonido de su doble concierto en el Estadio Nacional. La idea inicial era trabajar esos dos días y luego hacer un disco recopilatorio, pero finalizado el segundo show entró el manager al camarín, Carlos Fonseca, y nos dijo: "nos vamos a recorrer Chile". Fue un quiebre en mi vida, porque abandoné todo lo que estaba haciendo y pasé tres años entre Chile, América y Europa.

Nunca me ha llamado la atención vivir en México. En 2004, Los Bunkers me ofrecieron quedarme con ellos, pero no logré imaginarme viviendo allá con mis hijos. Igual creo que hay que mantener un vínculo con ese país porque te abre las puertas a diversos mercados, como California. Pero, ¿para qué irme a Norteamérica donde hay 500 tipos como yo? Por lo menos acá soy un poco más singular y la poca historia que tengo les importa más a los chilenos que a los mexicanos.

El mundo de los CD se fue al suelo cuando apareció el mp3, la piratería y Napster. En esos años críticos trabajaba en Estudios del Sur y logré reinventarme con otros dos amigos sonidistas en una casa que nos arrendó muy barata Roberto Edwards. Ahí nació Estudios Triana, donde estuve siete años y grabé a gran parte de la nueva camada de música chilena: Javiera Mena, Gepe, Chico Trujillo, Teleradio Donoso y Francisca Valenzuela, entre varios más.

Aunque sigo grabando discos, estoy más dedicado a realizar mastering. En mi estudio actual, CHT, creé la primera sala 100% dedicada a masterizar. Lo que hago es poner el timbre final a un disco, es un retoque que puede ser muy sutil o más severo, pero si yo me equivoco queda mal para siempre, entonces es de alta responsabilidad.

Casi me gano un Grammy. Hace dos años estaba veraneando en Maitencillo junto a mi familia y me escribe por WhatsApp el productor de Mon Laferte y me dice: "Chalo, queremos masterizar contigo el primer single junto a Juanes, estás compitiendo junto a un gringo. ¿Te atreves?". Tomé el auto, me vine al estudio, hice la pega y cinco días después me llama y me dice: "quedó tu trabajo, seguimos contigo". Y la canción fue nominada (Grabación del Año). Imagínate hubiese rechazado la pega.

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