Petro y su mayor fantasma: ¿Por qué a la izquierda le ha sido esquiva la Presidencia de Colombia?

El trauma por el conflicto armado, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y las acciones del M-19 -guerrilla de la que Gustavo Petro formó parte- explican, en algo, la resistencia histórica de los colombianos a los candidatos de izquierda. Sin embargo, el panorama para este sector cambió abruptamente tras el Acuerdo de Paz de 2016. Por lo mismo, no es extraño que el candidato izquierdista sea ahora el favorito para imponerse en las elecciones presidenciales de hoy.




Además del trauma provocado por el conflicto armado que estalló a comienzos de los 60 -con un rol protagónico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN)-, otros dos hechos torpedearon de manera profunda el deseo de la izquierda colombiana por alcanzar la Presidencia: el asesinato en 1948 de Jorge Eliécer Gaitán, de ideas socialistas y a quien se daba como seguro ganador en la contienda presidencial de 1950, y las acciones del Movimiento 19 de abril (M-19) entre 1974 y 1990, guerrilla urbana de la que Gustavo Petro formó parte.

Durante décadas la política colombiana se dividió entre liberales y conservadores, con espacio para las disidencias, pero sin que la izquierda haya tenido opciones reales de acceder a la Casa de Nariño. Hoy esa posibilidad depende de un puñado de votos, ya que Petro -de 62 años y apoyado por un movimiento de izquierda- es el favorito para imponerse en las elecciones, cuya primera vuelta se realiza hoy. De acuerdo con las últimas encuestas, el exalcalde de Bogotá posee alrededor de un 40% de intención de voto, seguido unos 10 puntos más atrás por el candidato de derecha, Federico “Fico” Gutiérrez, mientras que en tercer lugar se ubica el empresario Rodolfo Hernández, quien pretende dar la sorpresa y pasar junto a Petro a segunda vuelta.

Para el abanderado izquierdista del Pacto Histórico, imponerse en primera vuelta sin necesidad de un balotaje es vital. Esto, porque en un eventual segundo turno la campaña podría ser muy cuesta arriba para él. Los analistas, en todo caso, no descartan ningún escenario, dado que las encuestas se han equivocado varias veces en Colombia, tal como ocurrió en el plebiscito por el Acuerdo de Paz de 2016, cuando de manera sorpresiva la opción No se impuso con un 50,21%.

“Gustavo Petro tiene un recorrido muy bien consolidado en las elecciones presidenciales, porque son 15 años de construcción de un movimiento alternativo que es sólido y que tiene un voto cautivo muy importante, porque ha logrado aglutinar a la izquierda y también porque ha sabido transformarse de una manera tal que lo hace muy similar a lo que en su momento fue Lula en Brasil, cuando se despojó de la imagen que tenía como sindicalista y de su discurso antiestablishment”, dice a La Tercera el analista colombiano Vicente Torrijos.

Foto: REUTERS/Luisa Gonzalez

Este profesor de ciencias políticas y asuntos estratégicos alude a la pesada mochila que ha debido cargar Petro: su pasado en el M-19, la cercanía que en su momento tuvo con Hugo Chávez y sus posturas radicales en algunas materias. Todo esto ha sido tema en la contienda electoral, a pesar de los desmarques del candidato izquierdista. De hecho, la militancia en la extinta guerrilla urbana lo persigue como una poderosa sombra.

A fines de abril, Petro debió volver a aclarar su rol en el M-19 cuando le preguntaron por qué no ha pedido perdón a las víctimas de la toma del Palacio de Justicia en Bogotá, acción que mantuvo como rehenes a 350 colombianos entre el 5 y 6 de noviembre de 1985, y cuyo desenlace -acción policial y militar de por medio- derivó en la muerte de 101 personas. “Yo no tomé el Palacio. La organización, colectivamente, aceptó que fue un enorme fracaso y una enorme equivocación. Yo no tomé ninguna decisión respecto al Palacio, porque no podía, estaba preso. Yo estaba subordinado militarmente”, dijo en una entrevista con el diario El Tiempo.

“Petro ha buscado aproximarse al centro, se ha alejado de Maduro y Chávez, y de la Revolución Cubana, e incluso se mostró favorable al voto de Joe Biden frente a Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos, eliminando así ese elemento antiimperialista que lo caracterizaba. Entonces gracias a un trabajo de mercadeo, Petro ha logrado despojarse de ese pasado pendenciero, no del todo de su pasado guerrillero, aunque lo ha dulcificado”, considera Torrijos.

Fueron precisamente esos elementos los que le costaron caro a Petro en las elecciones de 2018, cuando perdió en segunda vuelta (54% a 41%) frente al Presidente Iván Duque. En cuanto a sus propuestas, el candidato del Pacto Histórico propone ahora un “cambio”, reforma agraria incluida, además de la promesa de que no dará nuevas licencias para explotar petróleo. Además, ha dicho que elevará los impuestos a los grandes terratenientes y que involucrará “al pueblo” para “democratizar” los recursos, algo que genera resistencia entre algunos sectores.

“El electorado colombiano ha sido esquivo con la izquierda. El único gobierno realmente cercano a la izquierda que ha tenido Colombia fue el de Ernesto Samper, entre 1994 y 1998, donde hubo una identificación con la socialdemocracia y con una agenda social ambiciosa, aunque fue un gobierno muy controvertido”, señala a La Tercera el politólogo colombiano Fernando Posada. “La razón de por qué Colombia no ha tenido una izquierda fuerte políticamente, en términos de resultados electorales, es en gran parte como resultado del conflicto armado, en el que distintas guerrillas con tendencia de izquierda hicieron que ese sector en Colombia fuera percibido como un sector político afín a los proyectos subversivos y revolucionarios, y por lo tanto eso estigmatizó históricamente a los sectores políticos de izquierda. Sin embargo, esto cambió con el proceso de paz y el desarme de las Farc”, opina Posada.

Por lo mismo, parte importante de la sociedad colombiana recién ahora ha podido considerar el modelo de sociedad que propone la izquierda, que se diferencia de las ideas del movimiento político de la extinta guerrilla. Así, con Petro a la cabeza, la izquierda colombiana desarrolló un proceso de reinvención sin la carga de ser asociada con los grupos armados. De hecho, el partido político formado por los excomandantes y milicianos de las Farc con suerte concita un 1% de respaldo ciudadano. Los colombianos también han dado muestras de su rechazo hacia el M-19. En 1990, el año en que se desmovilizó, el candidato de ese movimiento, Antonio Navarro Wolff, logró apenas un 12% y en 1994 un 4%.

Foto: REUTERS/Luisa Gonzalez

“La campaña de la derecha basada en el miedo (a la izquierda) ya no tiene el efecto que causaba en anteriores elecciones, en las que asociar a Petro al castro-chavismo era algo fácil”, dice Torrijos. Eso sí, la izquierda también ha tenido que enfrentar a una sociedad culturalmente conservadora y no precisamente participativa en términos electorales.

“Esta es la tercera campaña presidencial de Petro. Él ha logrado ser asociado con una idea de cambio y con una izquierda de discursos más progresistas, como la problemática medioambiental o la falta de equidad de género. Ya no es el Polo Democrático de 2010, que era una izquierda más afín a proyectos más ortodoxos de socialismo”, apunta Posada. “Para sus detractores, Petro es un riesgo, fundamentado en la poca viabilidad y sustento técnico de sus propuestas, y también por el hecho de que ha tenido enfrentamientos con sectores de la prensa y con sectores de la industria nacional”, agrega.

Además de Samper -aunque en estricto rigor el expresidente ha sido un político ligado al Partido Liberal-, el otro antecedente mencionado por los historiadores colombianos es el caso de Alfonso López Pumarejo, quien gobernó durante dos períodos (1934-1938 y 1942-1945) y que es visto como un progresista que reformó la Constitución, abrió el espectro a los sindicatos y a la educación pública, además de sentar las bases a una reforma agraria. No por nada su período es conocido como “Revolución en marcha”.

Gustavo Petro (a la izquierda) y otros ex integrantes del M-19 junto a Hugo Chávez, en Bogotá en 1994.

Pasado guerrillero

Para llegar hasta donde se ubica ahora, la “nueva izquierda” asociada a la figura de Petro ha debido transitar un largo trayecto. El candidato izquierdista tenía 17 años cuando se unió al M-19 y su chapa era “Andrés Aureliano”, nombre inspirado en Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. En 1985 fue capturado en el barrio Bolívar de Zipaquirá por porte ilegal de armas. Una versión distinta dio recientemente Everth Bustamante, excomandante del M-19 citado por The Associated Press. Según él, su paso por la cárcel no tuvo que ver con su “actividad político-militar”, sino que fue arrestado por ayudar a una comunidad a tomar un predio de manera ilegal para construir un barrio.

Petro pasó al menos 16 meses en prisión. “En la tortura me hice hombre”, dijo hace poco. Economista de profesión, partió de abajo: fue concejal por Zipaquirá, congresista por Cundinamarca, alcalde por Bogotá y actualmente senador.

Católico -en su muñeca lleva una pulsera de oro con una cruz que le bendijo el Papa Francisco-, admira a Víctor Jara y a Silvio Rodríguez, como también a Pablo Neruda, Julio Cortázar y García Márquez. También ha dicho que siente fascinación por Rousseau, Julio Verne y Dostoievski. “Lee todas las noches y le cuesta cerrar los ojos antes de la 1 a.m. Duerme poco. Vive la vida de un rockstar, pero sin excesos. En los sitios públicos, la gente se desbarata por tener una foto con él. Algunos se le acercan con veneración, otros lo insultan, y mal. La derecha lo abomina por haber sido guerrillero y la izquierda lo romantiza por lo mismo y por habérsela jugado por la paz. Al centro le cuesta descifrarlo. Desde hace rato no se define como izquierdista, sino como progresista”, señaló el diario El Tiempo.

En su autobiografía Una vida muchas vidas, publicada en 2021, Petro cuenta que “en un momento me agarraron la cabeza y la colocaron justo debajo de una de las llantas de un camión. Enseguida un soldado disparó un fusil. Yo me dije: ‘Ahora sí me mataron’. Tirado allí, en el pavimento, sentí el roce en los labios del beso que me había dado Mary Luz, la que sería mi primera esposa. Pensé que ese beso sería la última sensación sobre la tierra y me alisté a morir”. La cita no es casual, ya que la preocupación de morir de forma violenta y fulminante lo ha acompañado toda su vida, incluso en la actual campaña presidencial.

“Sus seguidores lo observan como una persona empática con la clase trabajadora y con la capacidad de hacer un cambio estructural; sus detractores, en cambio, lo ven como un populista y un individuo autoritario que promete cosas que son imposibles de cumplir”, apunta Paola Montilla, docente de la Universidad Externado de Colombia. D

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