El fútbol en tierra de nadie: el caos en que se transformó el intento de volver a jugar

Sebastián Moreno, Luis Marín, La Pintana

Foto: Photosport.

La ANFP persiste en la idea de retomar las competencias, pero choca incluso con factores que no puede controlar. Los futbolistas ahora presionan para no volver a las canchas y las barras mantienen la amenaza del boicot justo en una etapa decisiva de la temporada.




El fútbol está en tierra de nadie. Justo en el medio del conflicto social y presionado por todos lados. Por los que abogan por volver a jugar y por lo que no quieren acción en las canchas sin paz en las calles. La ANFP pretendía que hoy se retomara la actividad, pero terminó siendo un caos el intento. El partido entre Magallanes y Cobreloa, que iba a marcar el reinicio de la actividad después de tres semanas, finalmente no pudo disputarse. Tampoco podrán enfrentarse, mañana, Melipilla y Copiapó ni San Luis con Santiago Morning por no tener estadio. La opción de que el Campeonato de Primera División pueda desarrollar su vigesimaquinta y decisiva jornada vuelve a estar en entredicho. No existen ni certeza ni convicción respecto de la factibilidad de jugarla.

En Quilín se aferran a las garantías que reciben de parte del gobierno y de Carabineros. Fue en ese plano que se llegó a concebir que el fútbol podría retornar. Y es en ese sentido que el organismo que preside Sebastián Moreno vuelve a apelar a condiciones que se acerquen a la normalidad. "La nueva programación del encuentro será informada oportunamente, luego de realizar las coordinaciones pertinentes con ambos equipos y la autoridad correspondiente", dice, por ejemplo, en relación al postergado choque entre la Vieja Academia y los naranjas. El problema, solo remitiéndose al mismo caso, es que esas coordinaciones se habían realizado, llegando incluso a determinarse que el partido se jugara a puertas cerradas. Aún así, el duelo terminó suspendiéndose a minutos de su inicio y en virtud de un factor adicional, pero previsible: la adhesión de los funcionarios municipales de La Pintana al paro nacional convocado para esta jornada.

Los futbolistas, que ahora reclaman la inconveniencia de retomar la actividad, habían concurrido la semana al acuerdo para volver a las canchas. Incluso prescindiendo de un pacto histórico que impedía disputar encuentros entre el mediodía y las 15.30 horas en horario estival para evitar las consecuencias de la alta temperatura en la salud. La bautizada ley Anti Calor había surgido en 2013, pero el gobierno, la ANFP y el Sifup, la entidad que agrupa a los deportistas habían decidido dejarla de lado en virtud del escenario de emergencia. Todas las partes hablaban de realizar sacrificios para tender hacia la normalidad. Ahora vuelven a dudar.

Fragilidad

Los futbolistas se ponen en otra trinchera. O recién descubren que la realización de los encuentros depende de un factor adicional: los dueños de los estadios. "Esto demuestra mucha fragilidad. Para mí es una falta de respeto. ¿Quién decide quien juega o no se juega? Me pongo en el lado del jugador y para ellos es una falta de respeto. Ahora es imposible jugar. Me pongo en el lugar de ellos. Es una falta de respeto gigante y demuestra la fragilidad. Es complicado. Han sido semanas muy difíciles. Es complicado que se suspenda, que una municipalidad tome la decisión. Es una falta de respeto. Volvemos, pero con una realidad que esté acorde. Esto demuestra la fragilidad", dispara Luis Marín, secretario del Sifup apenas se entera de la imposibilidad de que Magallanes y Cobreloa se enfrenten.

En la línea de los que no quieren volver a jugar, por ejemplo, se manifiesta Mauricio Pinilla. El delantero de Coquimbo Unido emplaza a la ANFP. "¿Qué esperan para suspender la fecha? ¿Que hinchas o jugadores terminen agredidos, apedreados o heridos? ¡Basta de pensar con el bolsillo! #SuspendanYa", tuitea el atacante. Su intervención, como cualquiera en este contexto, genera mucha atención, pero poco consenso.

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Desde el sur, Franco Bechthtoldt, volante de Curicó Unido, es más conciso, pero no menos categórico. "¿Y siguen creyendo que se puede estar pensando en jugar un partido de fútbol en estas condiciones? Genios". Eso sí, el mediocampista es más cuidadoso y evita mencionar destinatarios en el mensaje.

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Nozomi Kimura, defensor de Cobreloa, el club afectado por la suspensión in situ de un partido que ya había sido postergado en dos ocasiones anteriores, recurrió a una invitación a reflexionar. "Tómense un cafecito... ¡Y háganse a cargo!", tuiteó.

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La amenaza de las barras

Otro factor externo, pero no menos inquietante es la postura que han adoptado las barras. Las de los clubes más populares del país, Colo Colo y Universidad de Chile, se han situado en la primera línea de las manifestaciones y, de modo simbólico, han llegado a turnarse en lo más alto de la estatua al general Baquedano en la plaza del mismo nombre, centro neurálgico de las marchas en Santiago.

En paralelo, eso sí, la adhesión al movimiento se ha traducido también en amenazas respecto del boicot a un eventual reinicio del fútbol. Sin ir más lejos, la semana pasada, cuando empezó a verse como mucho más posible el retorno a las canchas, los grupos organizados de fanáticos amenazaron con impedirlo.

La estrategia para evitar problemas, al menos en los encuentros programados para mediados de esta semana, fue la de jugar sin público. Pero, pensando sobre todo en la fase decisiva en que están los torneos de Primera División y Primera B, la pretensión era incluso evitar la reducción de aforos, una aspiración que no aparece tan factible. "No somos nosotros quienes definimos si se reducen o no los aforos. Acá es súper importante aclarar que el sistema funciona a partir de que la ANFP entrega la programación. Los diversos clubes van a tener que presentar sus propuestas a las intendencias y gobernaciones. Cada una, de acuerdo a su realidad, va a intentar gestionar esos partidos de la mejor forma. El criterio general es, ojalá, no bajar los aforos, limitar lo menos posible ese tema, pero vamos a estar sujetos a la contingencia", había declarado Cristóbal Lladser, jefe del plan Estadio Seguro.

Eso sí, como medida precautoria, se determinó que todos los encuentros finalizaran con luz natural, para favorecer la evacuación segura de los recintos.

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