Gobiernos regionales: La prueba que viene

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Los presidentes de partidos Álvaro Elizalde (PS), Ernesto Velasco (PR) y Heraldo Muñoz (PPD).

Si la oposición no comprende las particularidades de las elecciones de gobernadores y sus consecuencias profundas, corre el riesgo de sufrir una derrota estrepitosa, de enfrentar altamente debilitada las elecciones presidenciales y de caer en la irrelevancia política a partir de 2021.



El 25 de octubre de 2019 se inicia un nuevo  ciclo electoral en Chile: ese día vencerá el plazo para que los actuales Ministros, Subsecretarios, Intendentes, Gobernadores, Alcaldes, Concejales y Seremis que quieran ser candidatos a Gobernador Regional, renuncien a sus cargos.

Para ser elegido gobernador regional se requiere, al menos, el 40% de los votos. Si ningún candidato supera esa cifra, habrá una segunda vuelta, el tercer domingo del mes de noviembre del 2020. El Gobernador Regional reemplaza, en parte, las funciones del actual Intendente, y encarnará el poder ejecutivo del Gobierno Regional. Será quien tome decisiones esenciales en materia territorial, de desarrollo económico, social y cultural.

En otras palabras, el ciclo que se inicia en octubre de 2019 será decisivo en el futuro de los partidos y alianzas políticas, y redefinirá los ejes de poder político tal como los hemos conocido hasta hoy.

En primer lugar, constituirá una primera evaluación del oficialismo y la o las oposiciones en las urnas. Además, el piso de 40% para la elección es un incentivo que obliga a la oposición actual a plantearse seriamente un nuevo trato, porque, de ir dividida, entregará el triunfo a un oficialismo  que al menos está ordenado. Ello, generará condiciones mucho más favorables para la derecha de cara a la elección presidencial y parlamentaria de 2021.

En segundo lugar, la importancia de la elección de alcalde disminuirá notoriamente, porque pasará a ser parte del contingente de campaña del candidato a Gobernador Regional, aun cuando éste deberá tejer alianzas y negociar con ellos.

En tercer lugar, es perfectamente posible que los Gobernadores Regionales alcancen votaciones más altas que la de los actuales parlamentarios, y es posible que utilicen esa influencia para determinar decisiones políticas en la agenda legislativa.

En cuarto lugar, los Gobernadores Regionales electos el 2020 serán decisivos para la elección presidencial de 2021, y tendrán un gran poder de negociación. ¿Por qué? Porque podrán exigir de los candidatos compromisos en materia de transferencia de competencias a los GORE, como por ejemplo, las del SERVIU, FOSIS, INDAP, MOP, entre otros.

Así las cosas, el inicio de un nuevo ciclo electoral se encuentra muy cerca. ¿Afectará este ciclo al actual Ejecutivo? Claro que sí, porque el gobierno se verá prontamente tensionado por la elección, sea por renuncia de autoridades, por la competencia interna o por un adelanto del síndrome del "pato cojo". Pero traerá consecuencias aún más importantes a la oposición, porque, de no comprender las particularidades de estas elecciones y sus consecuencias profundas, corre el riesgo de sufrir una derrota estrepitosa, de enfrentar altamente debilitada las elecciones presidenciales y de caer en la irrelevancia política a partir de 2021.

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