Investigadores de Unesco demuestran que sequía en Coquimbo fue provocada por sobreconsumo

Así lucía el embalse Puclaro en 2016, uno de los años en que se enfocó la investigación de Pizarro. Foto: Hernán Contreras

Un grupo interdisciplinario de científicos decidió estudiar las causas de la extendida sequía en la Cuarta Región. Las conclusiones fueron contundentes: mientras más aumentó la riqueza en la zona, mayor fue la reducción de caudales, pozos y aguas subterráneas.


¿Cuál es el verdadero precio del crecimiento económico en Chile? Con esta pregunta, un grupo interdisciplinario de investigadores decidió estudiar las causas de la extendida sequía en la Región de Coquimbo. Las conclusiones fueron contundentes: mientras más aumentó la riqueza en la zona, mayor fue la reducción de caudales, pozos y aguas subterráneas.

El estudio, titulado Cambio climático y uso excesivo: desafíos de los recursos hídricos durante el crecimiento económico en Coquimbo, publicado en la prestigiosa revista Sustainability el pasado 15 de marzo, revisó los datos disponibles por la Dirección General de Aguas (DGA) desde 1984 a 2018, considerando 43 estaciones pluviómetricas, 10 estaciones de flujo de ríos y 11 piezómetros (utilizados para la medición de pozos), demostrando que la falta de agua en la Cuarta Región no ha sido profundizada por el cambio climático, sino por el consumo productivo y humano.

“Los resultados y el análisis realizado permiten concluir que, si bien las precipitaciones presentan una disminución en el período de estudio para la Región de Coquimbo, estas caídas no son significativas. De ello se deduce que la menor oferta en caudales medios y máximos no podría atribuirse directamente a factores climáticos, sino a otras variables”, comienza concluyendo el informe.

Y continúa: “se verificó y concluyó que las actividades económicas han tenido un fuerte crecimiento en el período estudiado y, al ser altamente demandantes de agua, es muy probable que sean las principales causas de la disminución de la oferta hídrica”.

La investigación

El estudio, liderado por el investigador de la Universidad de Talca y director de la Cátedra Unesco en Hidrología de Superficie, Roberto Pizarro, se basó en los datos entregados por las estaciones mencionadas, las que fueron evaluadas utilizando la prueba de Mann-Kendall, sugerida para evaluar la tendencia en series de datos ambientales

El embalse de Puclaro, seco en 2016. Foto: Hernán Contreras

Si bien la investigación establece que las tendencias de las precipitaciones mensuales fueron principalmente negativas (53,1%) durante los 34 años observados, la significación estadística apenas llegó al 0,8 %. En cuanto a las precipitaciones anuales, estas también han exhibido una disminución similar (72,1%), pero tampoco afectó significativamente.

“Las tendencias de las lluvias exhibieron una alta variabilidad y carecieron de importancia. Si bien las cantidades de precipitación han disminuido, este no parece ser el principal factor responsable de la escasez de agua en la región, sino más bien un consumo excesivo de este recurso”, asegura el estudio.

Esto, porque sí se estableció una significativa disminución en los caudales de los ríos, a nivel anual y mensual. En las muestras mensuales, las tendencias negativas llegaron al 10,8%, 33,3% y 29,2% de los casos en sus caudales mínimos, medios y máximos, respectivamente. Asimismo, los caudales anuales mostraron cifras aún más dramáticas, llegando a 10%, 80% y 50%, en los valores mínimo, medio y máximo.

Además, se señala que “la demanda de agua subterránea para el riego de cultivos ha aumentado constantemente, alcanzando la paridad entre el uso de los recursos de agua superficial y subterránea a partir de 2010″.

Por eso, la variación más significativa se encontró en los pozos y aguas subterráneas. Allí, se evidenció que el agua de los pozos se encuentra a mucha mayor profundidad (nivel freático), demostrando una disminución en el 81,8% de los casos mensuales y en el 72,7% de los casos anuales.

“Cabe mencionar que las disminuciones del nivel freático coinciden con el inicio de la megasequía en Chile. Con base en lo anterior, es posible señalar que, a pesar de la presencia de este fenómeno en la última década, las cantidades de precipitación en la zona no muestran una disminución significativa, por lo que es probable que la precipitación no sea el principal factor responsable de la disminución de los caudales y el aumento de la profundidad de las napas freáticas. Sobre todo considerando que la reducción de agua en la región se da en conjunto con un aumento de las actividades productivas (principalmente minería y agricultura), sectores que demandan miles de hectómetros cúbicos por año”, recalca el documento.

¿Qué hacer?

Pese a que durante el período estudiado los niveles de agua se redujeron notoriamente, los derechos de aguas se continuaron entregando. “Se verificó un incremento en el otorgamiento de derechos de aguas subterráneas, lo que habla de las altas demandas del recurso. Sin embargo, se recomienda monitorear y modelar con datos fidedignos las cuencas para en el futuro comprender mejor la hidrología regional y cuantificar los efectos sobre los recursos hídricos con mayor precisión”.

“Esto sugiere que aquí el problema de la sequía no fue por causas del cambio climático, como se ha propuesto durante las últimas décadas, sino un abuso del consumo del agua. No queremos decir con esto que el cambio climático no existe, porque está y seguirá afectándonos, pero lo que se revela es algo similar a lo que hace poco se demostró en Aculeo, que es que primero se secan las fuentes de agua por sobreconsumo industrial y humano”, asegura Roberto Pizarro.

Desde hace décadas, los hidrólogos nacionales e internacionales vienen pidiendo políticas que promuevan la medición de las cuencas y el fomento de la investigación en la materia, sin embargo, recién el año pasado se aprobó el nuevo Código de Aguas, que propone solo algunos avances. De hecho, el año pasado Pizarro junto a otros expertos publicaron un documento en el que plantean una serie de recomendaciones para poder enfrentar la megasequía en el país.

Pueblos de la Región de Coquimbo en ruinas, tras años de intensas sequías. Foto: Hernán Contreras

Pablo García-Chevesich, académico del departamento de Ingeniería Civil y Ambiental en la Escuela de Minas de Colorado, Estados Unidos y miembro del Programa Hidrológico Intergubernamental de la Unesco, quien también participó en ambos estudios, resume la situación.

“Hace 50 años hemos estado ciegamente asignando derechos de aprovechamiento de aguas, sin considerar las consecuencias sociales y ambientales que se puedan producir, ni tampoco tomando en cuenta los efectos del cambio climático. Es importante educar a las personas para que cuiden el agua; crear una Ley de la eficiencia hídrica para cada proceso industrial, incluyendo la minería y la agricultura; tratar y reutilizar todas las aguas residuales del país; solucionar los actuales conflictos por el recurso para evitar un estallido social por el agua y, por supuesto, importar agua para las cuencas que lo necesiten, mediante desalación sustentable, son opciones a considerar”, señala el hidrólogo.

Y profundiza: “Como país debemos comenzar una nueva era en la gestión de nuestra agua, en donde se acepte el simple hecho de que pasamos de ser desde uno de los países más abundantes en materia hídrica, a uno de los más afectados por la escasez del vital elemento. En adelante, debemos actuar con miras hacia el futuro, en forma sustentable, pensando en quienes aún no han nacido y solucionando los problemas que se crearon debido a una deficiente gestión por parte de las autoridades respectivas”.

“Lo más terrible es que este mismo escenario debe ser el que se vive en otras regiones que hoy están enfrentando el mismo problema”, advierte Pizarro.

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