La euforia de Medel y Vidal: la intimidad del festejo de Chile en Asunción

Los Viejos Rockeros comandaron los festejos del equipo de Martín Lasarte que se ilusiona con seguir sumando para meterse de lleno en el Mundial de Qatar 2022. Sánchez tuvo un gesto especial con Núñez, la figura cruzada, a quien felicitó por su desempeño.




“!Eh, eh, eh, eh, eh!”, grita un desaforado Alexis Sánchez. Mueve la mano derecha, con el puño apretado, ya sin polera. A ratos se peina. Continúa lanzando gritos al aire, por varios segundos, mientras su socio Arturo Vidal, el mismo que lo ayudó a provocar la única cifra del encuentro frente a Paraguay, se suma al live de Instagram del tocopillano.

El Niño Maravilla está feliz y lo quiere compartir con todo el mundo. Poco le importa mantener su típica compostura reservada, alejada de todo tipo de euforia. El camarín de la Roja es una fiesta y nadie quiere restarse. Pocos minutos antes, el equipo que conduce Martín Lasarte se impuso a los guaraníes, en el Defensores del Chaco, con una avivada del tocopillano, que tiene a los Viejos Rockeros de lleno en la disputa por el Mundial.

La música se escucha a todo volumen en el camarín de la Selección. Marcianeke, el artista chileno, se convierte en el socio ideal. “Sigan hablando mufas”, grita Vidal, ya lejos de la camára, en una clara alusión a la molestia que tiene con la prensa. Alexis, no muy amigo de la tecnología, se sigue mirando a la cámara del celular. Apreta botones hasta que se rinde. “¿Cómo se gira esta wea?”, le pregunta a Enzo Roco. El defensor llega a auxiliarlo. “Ahí...no, ahí, dale”, le dice su compañero.

El tocopillano quiere inmortalizar la victoria. Se pone de pie y comienza a filmar a todos sus compañeros. Uno por uno los enfoca. Y los felicita. “Bien, hermanito”, le dice a Gabriel Suazo, el capitán de Colo Colo. “¡Te lo dije!”, le grita a Brayan Cortés. Mena, mucho más calmado, deja de chatear en su celular para sumarse a las celebraciones.

Alexis no deja a nadie afuera. Suma a Ben, a quien lo interpela en inglés. “Ben, speak english?”, dice, entre risas el ex Cobreloa. El delantero del Blackburn Rovers atina a responder de manera eufórica en español: “¡¡Vamos!!”, lo que desata la locura del tocopillano. “Edu, saluda para la gente. Estoy haciendo un en vivo. Para mi mamá”, dice el Dilla a Vargas, quien está chateando, con toallas en los hombros.

Puesto por puesto, Sánchez recorrió todo el vestidor para mostrar a sus compañeros y a parte del equipo que asiste a la Roja. Se tomó un tiempo extra, sin embargo, cuando llegó al cubículo de Marcelino Núñez, el joven de Universidad Católica que ayer jugó con la camiseta 10. Al cruzado le dio la mano y lo felicitó. Fue como darle su bendición al jugador de mayor proyección del torneo nacional. Y Núñez, con timidez pero con la sonrisa de siempre, reaccionó con orgullo y felicidad. El volante, sin duda, se ganó el respeto de los emblemas de la Roja.

Alexis está orgulloso de sus compañeros. Pero al rato, se aburre. Se vuelve a enfocar. Y pide ayuda. “¿Cómo se corta”, le vuelve a preguntar a Roco. “No sé. ¿Cómo se corta esto?”, dice el defensor. “Ahí po, papá”, se mete Vidal.

“Hasta los 50″

La fiesta en el Defensores del Chaco está lejos de terminar. El Pitbull, desde la otra esquina, también comparte la alegría del camarín. “¿Qué pasooo?”, dice mientras se peina mirándose.

“¿Qué pasa gente? Sufrimos pero jugamos bien, o no cabros?”, dice el segundo capitán de la Roja a sus seguidores. “Estoy con la voz mala. No puedo hablar muchachos. Hacía mucho calor, estaba muy húmedo. Era impresionante (...) Grité mucho, estaba terrible nervioso”, dice, mientras saca la lengua. El volumen de la música empieza a subir y el camarín baila. “Dale Ben, esa ben”, dice Gary. En una esquina, el atacante mueve los brazos, de pie, mientras sus compañeros celebran sus pasos.

Vidal insiste: “Sigan hablando mufas”, desatando la risa de sus compañeros. “Capi’, venga”, le pide Medel a Bravo. El guardameta no duda en acercarse. “Vamos Chile, carajo. Vamos, vamos, vamos”, dice el portero del Betis. “Estamos vivos, carajo”, le enrostra el Pitbull.

Gary continúa con su análisis del partido. “¿Cómo jugamos hoy cabros? Lo importante es que jugamos como equipo. Estuvo duro, era duro hoy. Cuando hay que sufrir, sufrimos”, agrega. Incluso hace mención a la dolencia en el tobillo que lo obligó a ser reemplazado. “Me duele el tobillo. Estoy cansado cabros (...) Hace un mes estoy jugando con el tobillo medio mal. Me duele caleta”, comenta.

Al rato, se une a la tranmisión Yito Vidal, el amigo de Arturo Vidal que le cuida los caballos en Chile. “¿Qué pasa, Yito. Oye, Arturo, está el Yito. Celia, está el Yito”, le grita Medel. “Yitoooo. Máquina. Se vienen los pasos prohibidos. Me duele un poco el tobillo, pero ya se vienen”, dice el Rey.

Medel, en su rol más conciliador, le envía un mensaje a la gente. “Vamos el martes, cabros. Los necesitamos con todo. Vamos a jugar hasta los 50 años”, dice Medel, mientras aprovecha de preguntarle a su socio de la fiesta, Vidal. “Arturo, ¿hasta los cuánto vamos a jugar?”. “Nos queda otro Mundial aparte de este”, le responde el volante del Inter. “Arturo, el Yito dice que estás hablando par la galería. Que no le des color”, riéndose.

El Pitbull, al poco rato, comienza a cansarse de la transmisión. Todos sus compañeros están pegados al celular, con pocas ganas de seguir cantando. El cansancio comienza a pasar la cuenta. “Oye, cabros, celebren. ¿Qué pasa?”. “Tomy (Alarcón). Bien entrado, papá. Ese es mi doble, es mi doble”, dice por su parecido físico.

El Pitbull, quien lleva casi 10 minutos armando la fiesta, comienza a evidenciar cansancio. Agradece a sus seguidores y se despide con un particular mensaje. “Ya, cabros. Todos juntos, todos juntos cabros. Jugadores, hinchas, periodistas...todos juntos para que vayamos al Mundial. Vamos todos o no va ninguno. Ya, cabros. Chao, nos vemos”.

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