Realmente libres




En su columna de opinión del 23 de abril, “Realmente libres”, Daniel Matamala realiza una descripción catastrófica de las reformas promovidas por Milton Friedman y sus seguidores en Chile. “La historia demostró que Friedman estaba equivocado… él y sus discípulos destruyeron las aún precarias estructuras sociales que estaba levantando Chile para entregar protección social a los ciudadanos”. Esta es una tesis clásica de izquierda, que reniega de los logros de Chile en los últimos 40 años, lo que es legítimo, pero resulta curioso viniendo de un periodista. Evaluemos los argumentos y los datos para dimensionar la veracidad de esta tesis.

El periodista basa su argumento crítico en tres áreas; educación, salud y pensiones. Revisemos qué ocurrió en esas áreas luego de que los seguidores de Friedman destruyeran deliberadamente las precarias estructuras sociales de nuestro país.

Comencemos por educación. Al mirar los datos se observa que durante los años 80 Chile fue el país con mayor aumento en la tasa de escolaridad de Sudamérica, logrando el primer lugar a finales de la década.

Fuente: Our World in Data.

Pero no solo importa la cobertura, sino también la calidad de la educación. En esa dimensión, calidad, Chile también se ubica en el primer lugar de Sudamérica en la prueba PISA, en cada una de las tres pruebas.

¿Significa entonces que tenemos un sistema justo de educación? Por supuesto que no, pero la culpa no es de Friedman, sino básicamente del colegio de profesores y de políticos que han privilegiado la inamovilidad de los profesores en lugar del bienestar de los niños. No permiten a los directores de escuelas públicas poder reemplazar a los profesores que no están a la altura. Fuimos nosotros, no Friedman, quienes privilegiamos la gratuidad en la educación superior y pusimos al final de la fila al Sename y a la educación inicial (los niños no marchan). El subsidio a la demanda es positivo, pero para que funcione bien se debe exigir calidad, y desgraciadamente se permitió a escuelas y liceos de mala calidad seguir funcionando. Se pensó más en las fuentes laborales de los profesores que en el bienestar de los niños.

Sigamos con salud. El Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas mide expectativa de vida, porque, sin ser un indicador perfecto, da una idea global de la calidad de la salud. A partir de los 80 Chile pasó a liderar en este indicador en Sudamérica, y no fue simplemente producto del azar, sino del desarrollo de una política pública impulsada por el Dr. Fernando Monckeberg y apoyada por el sector público en forma sistemática durante los años 70, 80 y 90.

Fuente: Our World in Data.

¿Significa entonces que tenemos un sistema justo de salud? Claramente no, pero el problema no es de Friedman, ni de las Isapres, como argumenta el periodista, sino de la mediocridad del sistema público por captura política de los partidos políticos. De acuerdo a los datos oficiales del Servicio Civil, cada vez que existe un cambio de gobierno, un 80% de los directores de hospital son reemplazados, y esto ha ocurrido en todos los gobiernos.

Terminemos analizando las pensiones. El periodista argumenta: “En seguridad social, no hay libertad alguna para elegir. Todos los trabajadores están obligados a entregar parte de su sueldo a cuentas administradas por instituciones privadas con fines de lucro”. Es incompleta y liviana su crítica en esta dimensión, pues todos los especialistas en la materia coinciden en que crear una AFP estatal no cambiaría sustancialmente la “libertad de elegir”. El ahorro individual es probablemente lo mejor que tiene nuestro sistema, y el verdadero problema de las bajas pensiones son la baja productividad, la informalidad y las lagunas de los trabajos en Chile, especialmente la injusta situación que viven las mujeres en el mundo laboral. El pilar solidario del sistema mixto, elemento en el cual estamos de acuerdo, no debe ser financiado por un impuesto al trabajo (sistema de reparto), sino con rentas generales.

El periodista argumenta que las ideas de la libertad significaron en la práctica prosperidad para pocos. Los datos nuevamente nos ayudan a evaluar esa tesis. De acuerdo a la Encuesta Suplementaria de Ingreso de INE, el 10% más rico aumentó su ingreso en 160% en las ultimas décadas, mientras que el 10% más pobre aumentó sus ingresos en 230%. No es casualidad que los inmigrantes no viajan desde Chile a Argentina o a Venezuela, sino justo en dirección contraria. Si miramos lo que ha ocurrido con la desigualdad de los ingresos en las últimas décadas, nuevamente los datos muestran avances importantes.

En resumen, resulta curiosa la crítica del periodista a reformas que permitieron reducir la pobreza a un cuarto de lo que era en 1990; aumentar la movilidad social más que cualquier otro país de la OCDE; a triplicar la clase media, y a más que cuadriplicar el ingreso per cápita en los últimos treinta años, siendo uno de los países más exitosos de la región.

Previo a considerar la necesidad de aumentar el tamaño del Estado (cuestión siempre posible de debatir), el periodista al menos debiese cuestionarse si los recursos públicos actuales están siendo bien administrados. Al respecto, se debe tener en cuenta que más de la mitad de los programas analizados por la Dirección de Presupuestos al elaborar el presupuesto 2021 no presentó un buen desempeño, y nadie exige un mínimo de ética en el gasto social. Adicionalmente, el periodista debiese considerar que el gasto público aumentó en forma significativa en las últimas tres décadas, pasando de 19,7% del Producto Interno Bruto (PIB) en 1990 a 24,5% del PIB en 2019 (previo a la pandemia), destacando en dicho periodo los sostenidos incrementos del gasto en salud, de 1,7% a 5,2% del PIB, y en educación, de 2,2% a 5,4% del PIB.

Desgraciadamente Matamala omite en todo su análisis la importancia del crecimiento económico y de la certeza para la inversión, elementos clave en el desarrollo social y humano de las ultimas décadas, tanto por su efecto directo en la creación de empleo y la reducción de la pobreza, como en su efecto en la recaudación de impuestos. No podemos olvidar la fragilidad de las tasas de crecimiento del PIB, donde en las últimas décadas hemos observado un cambio estructural a la baja, con un crecimiento promedio que pasó de 6% en la década de los 90s, a 4% en la década de los 2000, luego a entorno a 3% en la década del 2010, y actualmente el crecimiento de tendencia no supera el 2%.

El modelo de economía social de mercado, lo que busca es reemplazar un Estado de bienestar por una sociedad de bienestar. En una sociedad de bienestar los problemas públicos los resuelven la combinación del esfuerzo estatal con el esfuerzo privado.

Sin esa combinación no hubiera sido posible le enorme inversión en educación y salud que hizo Chile como un todo. Esa organización social permitió pasar la matrícula universitaria de 100 mil alumnos a más de un millón; permitió que los privados construyeran a su costo miles de colegios que educan a más de 1,5 millones de alumnos. Lo mismo pasó en salud.

En una sociedad de bienestar se pone a las personas en el centro de la solución de sus problemas y por eso no se confunde el financiamiento de las necesidades de salud o educación de las personas con obligarlas a satisfacerla en entidades estatales monopólicas. Es distinto obligar a un padre a educar a sus hijos en un colegio estatal a que el Estado pague la colegiatura de ese mismo hijo en el colegio que el padre elija.

Por supuesto ningún sistema es perfecto y trabajar por su mejoramiento es una tarea permanente y en que todos debemos involucrarnos. Pero para eso es necesario identificar la variable que efectivamente ha impedido la construcción de una sociedad más justa, y en el caso de Chile no ha sido Friedman y menos aún la “libertad de elegir”, sino la mediocridad de la política, del Estado, y la demagogia del Congreso (de izquierda y de derecha), que en lugar de preocuparse por implementar con seriedad las mejores políticas públicas, en el ultimo tiempo aprueban cualquier idea que les permita ganar un par de votos, y desgraciadamente el periodismo, partiendo por los matinales, ha guardado silencio e incluso ha profundizado esta demagogia y populismo.

Lo más urgente que tenemos de cara al futuro es retomar la seriedad y el reformismo responsable en la política. No hay atajos en este largo camino hacia la prosperidad y la felicidad, pero ya sabemos hacia dónde nos lleva el populismo, basta con preguntarle a los inmigrantes que han llegado a nuestro país. Debemos sentir orgullo por lo que hemos construido en los últimos 40 años, y aspirar a construir el segundo piso de la casa con sentido de urgencia, un país donde la calidad de la cuna no determine las oportunidades de nuestros niños, y para ser realmente libres debemos implementar en forma serie y consistente lo que propone la Fundación Kiri (www.fundacionkiri.cl) en nuestro niños.

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