Sicólogos del CAR envían una carta para exigir una explicación: Chile no llevó profesionales del área mental a Tokio 2020

El Team Chile desfila en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos (Foto: Reuters)

Mientras el mundo se conmovía frente al drama de Simone Biles, los representantes nacionales en Tokio debían arreglárselas sin la asesoría de los expertos en el área, en un evento deportivo que han definido como estresante, más aún por los efectos que generó la pandemia de coronavirus. Los profesionales se quejaron a través de una carta que llegó a manos de la ministra del Deporte, Cecilia Pérez.




El drama de Simone Biles instaló en el mundo del deporte un problema al que solo se le prestaba una atención tangencial. El alto nivel de presión al que estaba sometida, sumado a una compleja historia de vida, había provocado que la gimnasta estadounidense, llamada a convertirse en la gran figura de los Juegos Olímpicos, sencillamente, colapsara. Que llegara a decir que estaba luchando contra sus propios demonios. Lo siguiente es conocido: se fue borrando de las siguientes competencias. Recién esta semana pudo volver, para obtener un bronce en la viga, una cosecha demasiado alejada de las expectativas que se tenían sobre ella, pero que, a la luz de las circunstancias, constituyó una gran conquista para ella. Pero el planeta quería verla repetir lo que había conseguido en Río 2016. Ponía sus ilusiones en ella. El problema es que para la deportista cada mensaje, público o privado, se transformaba en un peso insostenible.

No hay que mirar tan lejos. Después de finalizar su participación en las semifinales de la categoría C1 200 del canotaje, María José Mailliard describió la mezcla de sensaciones que la atravesaron. “Tenía miedo, porque la gente puede ser cruel. Tenía mucha presión, sentía que la gente esperaba mucho de mí y eso también me jugó en contra. Traté de manejarlo, pero lamentablemente no trajeron a mi psicóloga acá. Me hizo mucha falta, la verdad. Estaba con muchos sentimientos a flor de piel por la muerte de mi abuela. Todas las cosas me afectaban el doble. Traté de manejar las cosas lo mejor posible, sentía que no estaba ciento por ciento como quisiera”, declaró quien era una de las grandes esperanzas del Team Chile para conseguir una actuación destacada e incluso una medalla.

Biles tuvo la fortuna de contar con contención profesional, lo que incluso le permitió volver a presentarse en el gimnasio, más allá de que no lo hiciera siquiera cerca de su real capacidad. Mailliard, en cambio, estaba abandonada a su suerte. Frente a cada estímulo, a cada mensaje y a cada posteo en el nuevo enemigo de los deportistas de elite: las redes sociales.

Chile no llevó sicólogos deportivos al máximo evento del deporte mundial. Las únicas que contaron con ese apoyo fueron las integrantes de la selección femenina de fútbol, en cuya delegación estaba incluido el profesional Felipe Fuenzalida, aunque ese costo lo asumió la ANFP. El resto tuvo que arreglárselas como pudiera. Apelando a la tecnología para recibir asesoría de los profesionales con los que trabajan durante todo el año. Muy lejos, otra vez, de las potencias que se toman ese aspecto como crucial. Y, como la canoísta, también acusaron los efectos. “Con mi experiencia ayuda, pero son mis primeros Juegos Olímpicos en que hay una pandemia, estamos controlados, seguidos, analizados las 24 horas para ver si estamos bien, si no estamos contagiados. No podemos salirnos de la rutina y hay un desgaste en la cabeza que antes no existía y que estamos viviendo ahora”, había dicho la nadadora Kristel Köbrich.

Kristel Kobrich, durante los 800 metros libres, en Tokio (Foto: Reuters)

La carta

En junio de este año, los profesiones del área de Sicología Deportiva de la UCAD, Unidad de Ciencias Aplicadas del Deporte, del CAR, le manifestaron la inquietud formalmente al jefe de la repartición, Hugo Cerda, a través de una carta. La misiva, que fue escalada a la ministra Cecilia Pérez resumía la preocupación de los especialistas y ponía en evidencia los problemas que podrían sufrir al no contar con apoyo en un evento que supone un alto nivel de estrés.

Los JJOO son, de por sí, eventos muy estresantes y, sumado el contexto actual, los Juegos de Tokio pondrán a los deportistas muy al limites de sus recursos psicológicos, y no contarán con un apoyo profesional in situ, para resolver estas temáticas. De más está decir el enorme estrés que los entrenadores también deberán resolver y que en muchas ocasiones se apoyan en el trabajo del psicólogo deportivo”, explicaba el punto 6 del documento al que tuvo acceso El Deportivo. El anterior aludía precisamente al contexto que implica la pandemia. “El contexto mundial de la Pandemia, encierro, restricciones en la interacción social, ha demostrado afectar la salud mental de todos, deportistas incluidos, que se han manifestado en sus viajes y torneos preparatorios, donde han requerido constante apoyo, y aún cuando la tecnología es un importante aliado, no logra reemplazar la presencialidad ni el trabajo cara a cara”, advertía.

En esa línea, los profesionales esperan que la tendencia se revierta para los próximos eventos deportivos en los que participe el Team Chile. “Esperamos que para los próximos megaeventos, se considere nuevamente el apoyo de profesionales de la psicología, como parte de todo el ciclo de entrenamiento mental, tal como lo hace las grandes potencias que en sus equipos multidisciplinarios de apoyo cuentan con suficientes psicólogos o psicólogas que trabajan habitualmente con los deportistas y los acompañan en sus competencias importantes”, concluye la comunicación.

Simone Biles luce la medalla de bronce que consiguió en Tokio (Foto: Reuters)

Un problema de cupos

En el Comité Olímpico de Chile recogen la inquietud, pero aseguran que la explicación es casi matemática. Que mientras más deportistas clasificados tiene un país, más acreditaciones de oficiales recibe, pero que esa condición también debe distribuirse entre entrenadores, médicos, kinesiólogos y masoterapeutas. Y que, ciertamente, no se trata de un problema económico ni de voluntad. ”Por supuesto que el ideal hubiera sido que todos los deportistas pudieran venir con sus psicólogos, pero la cantidad de acreditaciones de oficiales de cuerpo médico que entrega la organización a una delegación como la nuestra hace que sea imposible, y con esa cantidad debemos considerar doctores, kinesiólogos y masoterapeutas para todos los días”, afirma, a modo de respuesta, Jaime Agliati, el jefe de la misión olímpica chilena en Tokio.

La carta que llegó a las manos de la ministra Pérez, precisa, sin embargo, que, en el último tiempo, los deportistas siempre habían contado con el apoyo. “Desde la creación del CAR, se ha considerado, no sin dificultades, la asistencia de algún profesional de la Psicología a los megaeventos deportivos, Juegos Sudamericanos, Juegos Panamericanos y Juegos Olímpicos”, argumentan.

Ahí radica uno de los temas de fondo que plantean los sicólogos. “Fueron más deportistas que nunca, pero no llevaron sicólogos deportivos. ¿Qué pasó? Chile privilegia a los traumatólogos. Para mi modo de ver, esto es tema de las ciencias del deporte. Los deportistas necesitan más apoyo que el del área asistencial. Chile lleva solo profesionales por si alguien se lesiona o se enferma físicamente. Hay delegaciones que llevan fisiólogos, deportólogos. El concepto es Ciencias del Deporte. Y no se está aplicando”, había advertido Enrique Aguayo, profesional con amplia experiencia en el trabajo con deportistas de alto rendimiento.

El énfasis en la materia surge, también, a propósito del ejemplo que dan las grandes potencias del deporte mundial, que no olvidan la inclusión de los especialistas en la salud mental en sus delegaciones. “Estados Unidos lleva, habitualmente, entre 10 y 12″, dicen los emisores de la carta vinculados a la UCAD. Incluso, acercan el ejemplo. “Brasil lleva tres”, sostienen. Y añaden: “En el caso de Brasil, se les genera hasta un espacio de trabajo, a modo de consulta. Ahí están los resultados”. Colombia, Cuba y Costa Rica también los incluyen.

Sin embargo, según el estudio que han realizado los mismos profesionales, también hay otros países sudamericanos que suelen no considerarlos. En esa lista se incluyen Argentina, Uruguay, Bolivia, Perú y Paraguay.

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