Abbott comienza a despedirse del Ministerio Público

El periodo de fiscal nacional dura, actualmente, ocho años, pero -por su edad- Jorge Abbott sólo estuvo siete.

Este es el último mes en que Jorge Abbott ocupará el cargo de fiscal nacional. El 1 de octubre cumple 75 años y, con ello -según la actual Constitución- el máximo de edad para liderar al organismo encargado de perseguir delitos. Con su partida, la carrera por sucederlo se ha intensificado en los pasillos de la Corte Suprema, La Moneda y el Congreso.


En siete años como fiscal nacional Jorge Abbott se trazó un objetivo: conocer todas las reparticiones del Ministerio Público del país. De Visviri a Puerto Williams. A un mes de dejar el cargo, debido a que el 1 de octubre cumple 75 años -el máximo de edad para ejercer como autoridad-, el abogado está a punto de cumplirlo. El 14 de septiembre arribará a Collipulli, Región de La Araucanía, la única fiscalía local que no ha visitado durante su mandato.

Ahí, en una de las zonas más complejas del país, marcada por sucesivos hechos de violencia rural, inaugurará “Red gestión penal”, un nuevo sistema informático de tramitación de casos. Lo hará junto con uno de los fiscales regionales mejor evaluados, Roberto Garrido, quien la semana pasada asestó un duro golpe a una de las agrupaciones más violentas del país, la CAM, al apresar a su líder, Héctor Llaitul, tras acusarlo de estar tras los atentados y robos de madera que afectan a la Macrozona Sur.

Desde hace semanas que Abbott se ha abocado a una especie de “gira de despedida”. Sus cercanos lo notan silente. Y es que debe dejar de ser fiscal nacional un año antes de que expire el periodo de ocho años estipulado en la actual Constitución. Con un mandato marcado por las investigaciones por financiamiento de la política -Penta, SQM y Corpesca- y críticas a cómo terminaron algunos de estos casos, quienes lo conocen dicen que los éxitos investigativos de La Araucanía y el Biobío le han dado un envión anímico para afrontar sus últimos días en el Ministerio Público.

Los fiscales regionales del país le están organizando una despedida. Será la última semana de septiembre y la anfitriona es la jefa del Ministerio Público de Valparaíso y una de sus más cercanas colaboradoras: Claudia Perivancich. El puerto no fue un lugar escogido al azar. Ahí Abbott ejerció durante ocho años como fiscal regional (2002-2010) y también es su ciudad natal. La mayoría de los integrantes del consejo han sido nombrados por él, por lo que se espera una emotiva ceremonia de adiós. Y, entre ellos, además, está quien podría sucederlo.

La temprana partida de Abbott ha intensificado la carrera por este apetecido cargo, por lo que las tratativas y gestiones de los candidatos en los pasillos de la Corte Suprema, La Moneda y el Senado -quienes participan en la designación- se han agilizado con miras al llamado a concurso que debe hacer el máximo tribunal tres días después del cumpleaños de la autoridad. Y si bien hay aspirantes que ya han abierto sus cartas, en los últimos días irrumpieron rostros externos -o más bien viejos conocidos- con la ambición de ocupar el sillón que Abbott deja en el décimo piso del recinto ubicado en calle Catedral 1437.

Las sorpresas

Una de las favoritas del Ejecutivo para ser fiscal nacional y convertirse en la primera mujer en ocupar el cargo, comentan en el Ministerio de Justicia, es María Elena Santibáñez. La penalista y académica de la UC, que hace unos días entregó el informe que estableció “verosimilitud” del relato de denunciantes contra el sacerdote Felipe Berríos, en el pasado fue directora de la Unidad de Delitos Sexuales del organismo. La puso ahí el primer fiscal nacional, Guillermo Piedrabuena, y la sacó Sabas Chahuán. Ahí emprendió un camino como abogada particular. Consultada por La Tercera admitió que “está evaluando” presentarse como candidata externa por el cariño que le tiene a la institución.

Otro externo, pero que suena en los recovecos del Palacio de Tribunales, es el exfiscal Rodrigo Ríos. El abogado -quien tiene estudio con otros experseguidores penales- es actualmente docente de la Facultad de Derecho de la Universidad Finis Terrae y tendría buenos lazos con el actual gobierno.

El primer obstáculo que deben sortear los aspirantes a fiscal nacional es la votación del máximo tribunal. Cada ministro de la Suprema votará para elaborar una quina. En esta carrera, admiten en las altas esferas del Poder Judicial, van con ventaja el fiscal regional de Aysén, Carlos Palma; el fiscal regional Centro Norte -que en el pasado fue juez-, Xavier Armendáriz, y uno de los fiscales más antiguos del Ministerio Público, José Morales. Pero quizás lo que más pesa en este minuto es la aspiración de la propia ministra de Justicia, Marcela Ríos, de nominar a una abogada.

Una que cumple este requisito y que es observada con atención en La Moneda es la jefa Anticorrupción de la Fiscalía Nacional, Marta Herrera, quien además cuenta con el respaldo de varios fiscales adjuntos. En esa misma línea está Patricia Muñoz, actual defensora de la Niñez y quien en el pasado lideró la asociación gremial de investigadores y ocupó también -en la era Chahuán- altos cargos en la institución.

Se dice que entre los internos existirían ya alianzas. Aunque no se explicitan. Hay candidatos naturales y que sobresalen por su trabajo, comentan fiscales, como es el caso del fiscal regional Sur, Héctor Barros, y el de Magallanes Eugenio Campos. También se menciona a los fiscales regionales del sur Juan Agustín Meléndez y Nayalet Mansilla. Incluso, no pocos apuntan a que el “rebelde” fiscal regional de O’Higgins, Emiliano Arias, emprendería una aventura para heredar el puesto de uno de sus enemigos públicos.

Con todo, la carrera desatada por suceder a Abbott ya entró en su recta final y los candidatos se juegan todo en el mes de la patria.

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