Ángela Vivanco, la vocera que agita las aguas en la Corte Suprema

La vocera de la Corte Suprema, Ángela Vivanco, ofrece un punto de prensa en una imagen de archivo.

La vocera de la Corte Suprema, Ángela Vivanco. FOTO: LUIS FELIPE ARAYA / AGENCIAUNO.

Su estilo no pasa desapercibido, sobre todo desde que el presidente del máximo tribunal le pidió ser la vocera del pleno. Su activa vida social le pasó la cuenta esta semana cuando algunos cuestionaron el que haya invitado a su casa a un investigador que luego quedó en la quina para fiscal nacional. ¿Cómo es la portavoz del Poder Judicial?


El próximo jueves 12 de enero el Poder Judicial inaugurará la tercera edición del Ciclo sobre Literatura y Sistema de Justicia. Ese día, la ministra y vocera de la Corte Suprema, Ángela Vivanco, encabezará el análisis de la novela Los Miserables, de Víctor Hugo. Ahí será protagonista, ya que la jueza posee una faceta poco conocida, que es su gran afición a la lectura. De hecho, como destacan quienes la conocen, tiene estudios de extensión en la materia, al igual que en pintura e historia.

Quien se ha vuelto el rostro más visible del Poder Judicial -todos los martes hace conferencias para dar a conocer las noticias del máximo tribunal- esta semana estuvo en el centro de una polémica. Tras detallar en entrevista con CNN que dos candidatas a fiscal nacional, Patricia Muñoz y Marta Herrera, le pidieron audiencia para presentarse previo a las exposiciones de los aspirantes al pleno; horas después se reveló una cena en su casa a la que asistió el fiscal regional de Aysén, Carlos Palma. Fue en mayo de este año y, pese a que en ese momento no estaba abierto el concurso para suceder a Jorge Abbott, ya que había más jueces y exfiscales presentes, no pocos en las esferas del Poder Judicial cuestionaron la prudencia de dicha cita. Más aún porque ella misma luego votó por ese candidato que hoy está en la quina desde donde el Presidente Gabriel Boric debe proponer -por segunda vez- un nombre al Senado.

Y es que el “estilo” Vivanco no pasa desapercibido entre sus pares. Algunos supremos creen que agita las aguas y que da opiniones que, a veces, no son acordadas en el pleno y más bien son de índole personal. Esto es descartado de plano por sus cercanos, ya que cada vez que se acerca una vocería la ministra se junta con el presidente de la Suprema, Juan Eduardo Fuentes, quien le pidió que fuera su portavoz, y asesores de comunicación con quienes acuerda los temas que se van a tratar.

Sobre la cena con Palma, su entorno la defiende: ella no sabía que iba a ser candidato y fue un encuentro protocolar y no secreto. Y es que los eventos sociales que organiza en más de una ocasión han trascendido en los pasillos del Palacio de Tribunales. De hecho, en noviembre de 2021 también se divulgó una invitación que envió con motivo de una celebración de Halloween. La que tras filtrarse fue suspendida.

Discípula de Cea

A la ministra Ángela Vivanco le gusta aprender, estudiar y es tildada de “matea”. Estudió en las monjas argentinas para luego ingresar a Derecho en la Pontificia Universidad Católica, y más tarde hizo un doctorado en la Universidad de La Coruña, en España.

No por nada, recalcan quienes le han seguido los pasos, fue ayudante del exministro del Tribunal Constitucional José Luis Cea en la PUC, con lo que además inició sus propios pasos como profesora. Pronto cumplirá 40 años impartiendo clases.

Esa labor marcó sus primeros años como profesional, pero como ella misma ha reconocido públicamente, uno de sus principales desafíos ha sido asumir como jueza de la Corte Suprema a la que ingresó en agosto de 2018 tras ser propuesta por el entonces Presidente Sebastián Piñera.

Pese a los cuestionamientos que recibió en ese momento por parte de sectores progresistas, ya que era sindicada como una abogada “conservadora”, tras haber alegado en el TC en contra de la Ley de Aborto en tres causales, fue finalmente ratificada por el Senado.

Cuando arribó al máximo tribunal, de inmediato pasó a integrar la influyente tercera sala encabezada por el ministro Sergio Muñoz, con quien mantiene una “buena relación”, aunque no de amistad. Entre sus cercanos, destaca el presidente Juan Eduardo Fuentes y la ministra Adelita Ravales, con quien coincidió en épocas universitarias. Ella también estuvo en el encuentro con Palma y, al igual que la vocera, votó por él.

Durante su trayectoria, nunca ha ocultado su cercanía con la derecha, pues es de público conocimiento que en la década de los ‘90 incluso presidió el extinto movimiento creado por el empresario y excandidato presidencial Francisco Javier Errázuriz, Unión de Centro Centro (UCC). En 1997 fue candidata a diputada por Renovación Nacional (RN).

Sin embargo, como explican abogados expertos en la materia, esa parte de su pasado no ha influido mayormente en sus posturas y resoluciones en la Corte.

“La ministra Vivanco llegó a potenciar, en algunos casos, pronunciamientos con una mirada más progresista, por ejemplo, en materia de salud”, aseguran abogados que siguen el trabajo de la sala constitucional. Ahí se une a votos de Muñoz, Ravanales y el ministro Mario Carroza, todos quienes provienen de apoyos políticos diversos. Es autora de fallos en que se ha ordenado a las isapres a costear medicamentos de alto costo o tratamientos de salud.

Una ministra disruptiva

Desde que Vivanco arribó al máximo tribunal, y en su rol como portavoz, ha propiciado una mayor presencia en los medios de comunicación.

Contrario a lo que eran antiguos voceros, quienes estudian la evolución de la Suprema la sindican como una figura “disruptiva”. “Es por lejos la ministra que más ha hablado. De hecho, antes los voceros no daban entrevistas, salvo en casos que el pleno quisiera hacer un punto específico”, sostiene un conocido litigante de palacio.

Con todo, quienes aplauden su gestión aseguran que la ministra Vivanco sí o sí llegará a presidir la Corte Suprema, pese a que ella ha sincerado a sus cercanos que eso, al menos por ahora, no está entre sus planes.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.

La startup hizo pública su intención de revivir al ave conocida como Dodo, que desapareció en el siglo XVI.