Columna de Stéphanie Alenda: Alemania, el triunfo de la vocación pactista

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Por Stéphanie Alenda, directora de Investigación de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de UNAB

Las recientes elecciones federales de Alemania confirmaron el declive de la CDU que obtuvo la peor votación de su historia con tan solo un 24,1%. ¿Cómo interpretar ese resultado a la luz de la popularidad de quien fuera nominada por la revista Forbes como la mujer más poderosa del mundo? Una posible explicación radica en la fragmentación del sistema de partidos alemán y el debilitamiento de las fuerzas tradicionales ya observable en diferentes países de Europa.

Este fraccionamiento se debe a la aparición de una oferta electoral más diversa que segmenta generacionalmente las preferencias: los jóvenes tienden a inclinarse por los Verdes (14,8%) y los Liberales (11,5%), mientras los mayores se mantienen más apegados a los partidos consagrados. En este sentido, al lograr un modesto 25,7% de los sufragios, el SPD solo se adjudicó una victoria a medias.

Otra interpretación de esa aparente paradoja se puede encontrar en las dinámicas propias de las democracias parlamentarias. Tres de los cuatro gobiernos de coalición liderados por Angela Merkel fueron en alianza con el SPD, lo que puede explicar la socialdemocratización de la canciller y de su partido a lo largo de 12 años de convivencia. Merkel, más propensa al statu quo que al reformismo, aprovechó primero las reformas de su antecesor socialdemócrata Gerhard Schröder. Se abrió más tarde a las tesis progresistas de sus aliados sobre el matrimonio igualitario, apostó por la igualdad de género, desdibujando la identidad conservadora de su partido. Ante ese acercamiento de las posiciones, no es de extrañar que el actual ministro de Finanzas Olaf Scholz, del ala derecha del SPD, tenga vocación de delfín.

A pesar de dejar desafíos pendientes como la lucha contra el cambio climático que apareció durante la campaña como la principal preocupación ciudadana, los gobiernos que encabezó la canciller tuvieron la capacidad de resolver problemas estructurales (el desempleo disminuyó de dos tercios entre 2005 y 2020) con vocación pactista. La misma que anima a Verdes y Liberales que están mirando más allá de sus diferencias para negociar la formación del próximo gobierno en el que ambos participarían; o la que mostró la distribución de los sufragios entre cuatro rostros del centro político que garantizan un cambio en la continuidad.

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