Mundo

Carlos Granés: “No creo que sea tan evidente que haya una ola derechista arrasando el continente”

El antropólogo social y ensayista colombiano, considerado uno de los más agudos observadores de la idiosincrasia política y cultural de América Latina, cree que una “nueva derecha está tomando la iniciativa” en la región y “arranca con mucho más brío”. Ello, mientras “la izquierda no ha sabido renovar su proyecto”, sostiene.

Carlos Granés, antropólogo social y ensayista colombiano.

En su celebrado libro Delirio Americano, elogiado en Latinoamérica y España como uno de los mejores ensayos del 2022, el colombiano Carlos Granés propone una provocadora interpretación que relaciona la trayectoria de las vanguardias artísticas del continente con los derroteros políticos de sus países. “No creo que nadie haya trazado un fresco tan completo, animado y lúcido”, llegó a decir Mario Vargas Llosa sobre la obra que catapultó al antropólogo social y ensayista como uno de los más agudos observadores de la idiosincrasia política y cultural de América Latina.

Autor también de El puño invisible (2011), una historia de las vanguardias artísticas y políticas de inicios del siglo XX, Granés publicó en 2025 El rugido de nuestro tiempo. Dedicado expresamente a Vargas Llosa, con quien mantuvo amistad en sus últimos 20 años, el libro analiza el panorama cultural y político del último lustro, explorando fenómenos como el populismo en América Latina y la curiosa inversión de roles entre artistas e ideólogos políticos en el mundo hispano.

Granés, quien durante 10 años fue columnista de El Espectador (Colombia) y actualmente escribe en los medios ABC y The Objective de España, país donde reside, inaugurará este lunes, a las 11.30, la Cátedra Carla Cordua en la Universidad Diego Portales.

En conversación con La Tercera vía Zoom antes de su arribo a Chile, Granés entrega su análisis del escenario político en ambas orillas del Atlántico, con énfasis en las elecciones presidenciales del próximo 31 de mayo en Colombia, su país natal.

Carlos Granés, antropólogo social y ensayista colombiano.

A dos semanas de las elecciones y a contracorriente de la región, el delfín político del presidente izquierdista Gustavo Petro, Iván Cepeda, lidera las encuestas en Colombia. ¿Cómo ve ese fenómeno?

Digamos que la popularidad de Petro había estado descendiendo por un manejo bastante errático de muchos asuntos. La política internacional había sido un desastre por culpa de su Twitter. Había protagonizado escándalos relacionados con su vida privada, muchos escándalos de corrupción que estallaban en el palacio de gobierno entre sus más inmediatos colaboradores, peleas entre ellos. Parecía que no podía gobernar ni siquiera el Palacio de Nariño. Y en el último momento, saca una medida arriesgada económicamente, que es subir el salario mínimo un 23%. Es una subida brutal de un golpe. Claro, de manera inmediata le mejora la vida a un 40% de la población, sobre todo a empleados públicos, sobre todo al Ejército. Y esto le supone un repunte en la popularidad tremenda. Fueron 10 puntos de subida, de remontada.

Gustavo Petro y Donald Trump en la Casa Blanca. Foto: Presidencia de Colombia

Pero se trata de medidas arriesgadas, porque para la economía soportar ese aumento tan bárbaro del salario mínimo va a ser complicado. Va a aumentar la inflación, el déficit público está disparado, la regla fiscal se ha roto, entonces para la economía, a mediano plazo, está incubando una bomba que Petro no va a tener que afrontar. Entonces él se va con el aplauso mayoritario. Pese a que la situación de orden público es un absoluto desastre. Su plan de paz es un absoluto desastre. Hace un mes, hubo 20 atentados en pocos días en el sur de Colombia. Sus mesas de diálogo, sus mesas de paz, para lo único que han servido es para que los grupos armados se relajen, dejen de sufrir la persecución del gobierno y prosperen en sus negocios ilícitos, se armen mejor, se fortalezcan. El país no está del todo gobernado por el Estado. Hay muchísimas zonas, muchísimos municipios que están en manos de estos grupos ilegales que, además, han sufrido tantas fragmentaciones y tantas metamorfosis que es casi imposible seguirlos. Es muy complicado saber la taxonomía de la delincuencia en Colombia. La plata en mano ha hecho que todo esto pase a segundo plano. La idea de haber integrado al proyecto nacional a una cantidad de gente que se sentía ninguneada, desconocida, eclipsada, no reconocida, ha sido suficiente para que se haya ganado el fervor popular.

Y esta popularidad se la ha endosado a Cepeda, que es un personaje muy gris, muy poco carismático, que ni siquiera es capaz de hablar en público sin un papel. Él lee sus discursos. A pesar de todo esto, esa popularidad se la ha endosado casi por completo. Entonces es un trasvase directo. Y quizás ese haya sido el gran logro de Petro, eso sí, aglutinar y homogeneizar a la izquierda en torno a un mismo proyecto. Ya toda la izquierda está totalmente compacta en torno al Pacto Histórico, que no es lo que ocurre con la derecha, para nada. La derecha sí está muy fragmentada.

Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico.

Y entonces eso ya nos lleva al escenario electoral, en donde Cepeda evidentemente va a ganar la primera vuelta, va a pasar con mucha facilidad. Y la derecha se debate en un escenario muy contemporáneo, entre una derecha más institucional, más tecnócrata, más centrada, y una nueva derecha de un outsider con todos los vicios de estas nuevas ofertas políticas: histrionismo, incorrección política, machismo desenfrenado, promesas de mano dura, paranoias con respecto a la delincuencia, promesas de cárceles gigantes a lo Bukele y sobre todo falta de experiencia, falta de equipo técnico, falta de criterio moral que brinde algún tipo de confianza al electorado. Sin embargo, esas opciones políticas están teniendo mucho éxito. Y él va de segundo, este es Abelardo de la Espriella. Y de pasar él a segunda ronda, lo más seguro es que Cepeda gane con cierta facilidad. Si pasa Paloma Valencia, lo va a tener más difícil Cepeda, porque todo el voto de De la Espriella se va a ir a Valencia, pero no todo el voto de Valencia se va a ir a De la Espriella.

Paloma Valencia, candidata presidencial del Centro Democrático.

¿Cuánto dice el despegue de De la Espriella en los sondeos del hastío de los colombianos con la política tradicional?

No sé si es un problema de política tradicional, porque ya Petro había roto ese molde de política tradicional. Entonces no es que estuviéramos pasando de un momento ortodoxo a un momento de outsiders, Petro ya se comportó como un outsider. Yo creo que es más una reacción más al petrismo. El petrismo ha generado mucha animadversión en sectores de la población y De la Espriella, por estar más en el extremo, parece un antídoto más fiable. Parece ser más contundente su respuesta al petrismo. También supongo que los ejemplos de Bukele y Milei, que han llamado la atención en toda la región, pues le sirven de estandarte. Él se ha parado en un pedestal muy similar al de estos presidentes, sobre todo al de Bukele. Y ha sabido aprovechar la buena prensa que este presidente tiene en los sectores de derecha latinoamericanos, muy preocupado sobre todo con temas de seguridad. Y en Colombia el tema de seguridad, por supuesto, que siempre está en el primer renglón de preocupaciones. Entonces creo que es más bien eso, más que un cierto hartazgo con la política tradicional. La política tradicional en Colombia ha dado mejores resultados de lo que se piensa. No es una política necesariamente rancia, ni necesariamente corrupta, ni necesariamente anticuada. Han sido más bien los experimentos anómalos los que han promocionado corrupción y demás. El caso petrista es evidente. No ha habido tanta corrupción en los últimos años como ahora, con un gobierno en teoría no tradicional.

Abelardo de la Espriella interviene durante la convención del movimiento político "Defensores de la Patria" en el Movistar Arena, en Bogotá, el 3 de noviembre de 2025. Luisa Gonzalez

¿Cómo interpreta la reacción de la izquierda regional ante el avance de los gobiernos de derecha y extrema derecha?

Sí, pero primero yo relativizaría esa idea del avance de la extrema derecha, porque si uno mira en población, América Latina está gobernada por la izquierda en población: Brasil, México y Colombia. Que Ecuador, El Salvador, Chile estén en manos de la derecha, son muchos países, pero en población es menos, en realidad. En población sigue predominando la izquierda. No creo que sea tan evidente que haya una ola derechista arrasando el continente. Pero sí es verdad que hay un nuevo fenómeno que es esta nueva derecha. Esta nueva derecha está tomando la iniciativa. Arranca con mucho más brío y la izquierda no ha sabido renovar su proyecto. De alguna forma, en realidad, la izquierda y la derecha están bastante obsesionadas con el pasado. La izquierda está muy preocupada por los temas decoloniales, por lo ancestral, por los vicios de la modernidad y el mundo indígena como una salvación a todo esto. Entonces, en realidad, tiene una mirada hacia el pasado. Pero la derecha también. La derecha también está queriendo hacer América grande otra vez, Milei volviendo a la edad de oro del siglo XIX. No hay en realidad, en la política actual, una visión de futuro que entusiasme al ciudadano. Y creo que es un vicio de ambos, de la derecha y la izquierda. Entonces creo que la idea de futuro está bastante perdida hoy en política. Nadie sabe cómo entusiasmar y cómo ganar al votante desde el optimismo, sino más bien desde el miedo.

Nayib Bukele, presidente de El Salvador.

¿Cómo ve lo que está pasando en Venezuela, con Donald Trump permitiendo que el chavismo aún siga en el poder?

Es muy extraño, porque al día de hoy Venezuela es una colonia seudocomunista y autocrática. El que sea autocrática no es una novedad, pero el que mantenga una cúpula venida de la izquierda radical sí es muy extraño. Y eso hace que el optimismo que uno podía sentir o que yo pude haber sentido en un primer momento de un cambio en el sistema o una apertura en el sistema venezolano se esté empezando a difuminar. Yo creo que nuevamente volvemos a las épocas en donde todo el discurso de la democracia y de las libertades a la hora de aplicarse a América Latina se relativiza viniendo de Estados Unidos. Y lo que quieren es más bien gobiernos que no les den problemas y que se plieguen dócilmente a sus políticas. Yo creo que hay opciones de que eso se revierta si un liderazgo tan fuerte como el de María Corina Machado vuelve a Venezuela y desde allí reactiva a la oposición y a la ciudadanía para pelear por la democracia. Pero con Trump creo que no se puede confiar. Marco Rubio un poco más, pero tiene sus propios intereses políticos, quiere ser presidente, no quiere enfrentarse al Partido Republicano. Entonces tampoco es una ficha tan fiable en este escenario. Creo que ya esto está en manos de los venezolanos y que son ellos los que van a tener que pelear nuevamente por su democracia. Estados Unidos no fue ese agente liberador que parecía o que pudo parecer en determinado momento en este 2026 tan extraño.

El secretario del Interior de EE.UU., Doug Burgum, y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. Foto: Europa Press

Usted reside en España, donde el jefe de gobierno, Pedro Sánchez, resiste en el poder pese a los escándalos dentro de su Partido Socialista. ¿Esto tiene que ver más con sus cualidades personales o con la incapacidad del opositor Partido Popular de capitalizar esta crisis?

Creo que es un personaje que ha sabido romper todos los límites sin que sus propios copartidarios y sus votantes lo llamen al orden. Eso es lo que tiene de especial Sánchez. Por ejemplo, lleva gobernando tres años sin presupuestos y eso es violar la Constitución española. Y nadie le ha pasado factura por eso. Ha hecho cosas impensables para un socialista, como pactar con Bildu, los herederos de ETA, o como ceder una cantidad de competencias a los nacionalistas catalanes. Ese ha sido el peaje que ha tenido que pagar para mantener, y además pegada con babas, una coalición de gobierno muy extraña. Aquí la llaman Frankenstein, porque no se corresponde con la socialdemocracia tradicional. Entonces, es sencillamente un personaje. Como dice Pérez Reverte, un killer. No le importa nada, sino su supervivencia en el poder y está dispuesto a hacer cualquier cosa, pasar cualquier límite, entregar competencias, pasar por encima de la ideología, de la historia del partido, de la norma democrática con tal de permanecer un día más en La Moncloa.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, participa en un acto electoral, en el Complejo Cultural San Francisco, el 14 de diciembre de 2025, en Cáceres, Extremadura. Foto: Europa Press Carlos Criado / Europa Press

El PP siempre es torpe también. El PP es muy torpe, no sabe aprovechar este desencanto social que hay en torno a la figura de Sánchez, que es cada vez más creciente, no lo sabe aprovechar. Finalmente, es Vox el que saca partido de todo esto. Siempre que hay elecciones se disparan un pie en la última semana. No es un competidor eficaz en las elecciones. Pero Sánchez es una máquina de poder que tiene, en realidad, a todo el mundo desconcertado. Y a los que lo critican, lo que más los desconcierta es la capacidad que ha tenido para modelar al PSOE en tono a su imagen. Y, a pesar de los casos evidentes de corrupción, poder evadirse de toda responsabilidad. Nunca es él el culpable, el responsable, siempre es otro. Y eso sí es una habilidad política tremenda. Ese don resbaladizo para escaparse de las esquinas cuando está totalmente arrinconado. Siempre se escapa y siempre sale adelante y siempre tiene un día más por delante para gobernar. ¿Cómo acabará? No lo sé, pero por ahora demuestra una capacidad de supervivencia impresionante y no tengo ninguna duda de que va a acabar la legislatura. Es decir, que contra pronóstico va a llegar hasta el 2027 con una base de socialistas muy leal a su proyecto y a su figura, sobre todo.

Más sobre:LT DomingoCarlos GranésColombiaeleccionesGustavo PetroIván CepedaAbelardo de la EspriellaPaloma ValenciaVenezuelaTrumpMachadoEspañaPedro SánchezPPPSOEVox

Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.

Plan Digital$6.990 al mes SUSCRÍBETE