El intento de Xi y Trump por evitar la “trampa de Tucídides”
Aunque el inquilino de la Casa Blanca aseguró durante la cumbre en Beijing que “la relación entre China y Estados Unidos va a ser mejor que nunca antes” y que “cerramos unos acuerdos comerciales fantásticos, excelentes para ambos países”, la prensa internacional destacó que Trump dejó Beijing “con pocos resultados concretos, pero con una relación estabilizada. Analistas consultados por La Tercera estiman que “la competencia e incluso la confrontación van a continuar”.
En el imponente marco del Gran Salón del Pueblo en Beijing, el Presidente chino, Xi Jinping, recibió el jueves al mandatario estadounidense, Donald Trump, con una pregunta directa: “¿Pueden China y Estados Unidos superar la trampa de Tucídides?”. La expresión suena académica, pero refleja la esencia de las ambiciones del gigante asiático respecto de su compleja relación.
El término, apunta Bloomberg, fue popularizado por el politólogo de Harvard Graham Allison a comienzos de la década de 2010, tomando como referencia los escritos del historiador griego Tucídides sobre la Guerra del Peloponeso en el siglo V a.C. Su argumento: cuando una potencia emergente (como fue Atenas) desafía a otra establecida (como era Esparta), el conflicto es inevitable. La investigación de Allison encontró que este patrón se repitió a lo largo de la historia y utilizó este enfoque como un lente para analizar la rivalidad entre EE.UU. y China.
En términos simples, se trata de una tensión estructural. El ascenso de China -económico, tecnológico y militar- desafía la prolongada dominación de EE.UU. como superpotencia global. Incluso si ninguna de las partes busca la confrontación, el riesgo es que la propia competencia genere presiones difíciles de controlar. Según las investigaciones de Allison, en los últimos 500 años de historia se han documentado 16 casos de este tipo, y en 12 de ellos el desenlace fue una conflagración catastrófica.
El uso del concepto por parte de Xi se remonta al menos a 2014, según Zichen Wang, un analista radicado en Beijing que investigó referencias previas del líder a este marco. Más recientemente, el presidente chino utilizó el término en una reunión con su par estadounidense Joe Biden en noviembre de 2024, en el marco de la cumbre de APEC en Perú.
El mensaje del líder chino ha sido consistente: el conflicto no es inevitable. El enfoque de China sostiene que ambas partes deben encontrar una forma de coexistir, a menudo descrita por Beijing como “respeto mutuo” y “cooperación de beneficio mutuo”.
La mención de Xi durante esta cumbre no fue casual. Ocurre en un momento donde las tensiones por los aranceles, la hegemonía en la inteligencia artificial (IA) y la situación en Taiwán han llevado la relación a un punto crítico. Según analistas, al elevar el debate hacia la “trampa de Tucídides”, Beijing busca posicionarse como un igual ante Washington, sugiriendo que el problema no es una disputa comercial aislada, sino una prueba histórica sobre la madurez de los líderes de las naciones más poderosas. Xi intenta transmitir que el conflicto es una elección política que ambos deben rechazar.
En vísperas de la cumbre en Beijing, el columnista del diario The New York Times y tres veces ganador del premio Pulitzer, Thomas L. Friedman, afirmó que la reunión entre Donald Trump y Xi Jinping podría ser el encuentro “más significativo” entre líderes estadounidenses y chinos desde que Richard Nixon se reunió con Mao Zedong en Beijing en 1972.
“Esa cumbre atenuó décadas de animosidad sino-estadounidense y forjó una alianza tácita entre Estados Unidos y China contra la Unión Soviética. Esta cumbre se produce en un momento de transformación similar en los asuntos mundiales, cuando existe una nueva amenaza común tanto para China como para Estados Unidos”, escribió Friedman en una columna en el Times en alusión a los usos maliciosos de la IA, “ahora que los modelos más recientes han demostrado capacidades de ciberataque asombrosamente poderosas”.
Pero Rana Mitter, profesor de Relaciones entre Estados Unidos y Asia de la Kennedy School de la Universidad de Harvard, comentó en una columna para The Conversation que la cumbre Trump-Xi “no será un momento tipo ‘Nixon en China’”. “Por ahora, basta con que estén hablando”, señaló.
“Es probable que los resultados de esta cumbre entre Trump y Xi Jinping sean inciertos, ya que los objetivos de ambos líderes aún no están del todo claros. La visita responde a imperativos comerciales, pero existen otros problemas que amenazan las relaciones entre Estados Unidos y China a largo plazo”, prosiguió.
“Ambiciones reducidas”
Al respecto, el periodista de The New York Times, David E. Sanger, quien suele escribir sobre el resurgimiento de los conflictos entre superpotencias, dijo en víspera de la cita en Beijing que, “distraídos y estancados, Trump y Xi llegan a una cumbre con ambiciones reducidas”. “La guerra en Irán ha ensombrecido el panorama de ambas superpotencias, atenuando las esperanzas iniciales de que pudieran comenzar a abordar los problemas más importantes que han deteriorado su relación”, vaticinó.
El diagnóstico de Sanger sobre las “ambiciones reducidas” de ambos líderes fue compartida por Xulio Ríos, fundador y asesor emérito del Observatorio de la Política China. “Esa es la sensación dominante”, dijo a La Tercera.
“Que se celebre después de nueve años es un dato significativo y si es relevante que se recupere la normalidad en el diálogo al máximo nivel con el intercambio de visitas de Estado si la de Xi a EE.UU. se lleva a cabo este año. Pero en las negociaciones económicas y comerciales llevadas a cabo en Seúl se aprecia un esfuerzo de último minuto para ofrecer resultados que eviten la sensación de fracaso”, comentó el sinólogo español, para quien Trump llegó a este cumbre en Beijing “debilitado y urgido por el condicionante de las elecciones de noviembre y la duda es si Xi le echará o no un cable y a qué precio”. “Nada de ello afectaría a las dinámicas de fondo que orientan las relaciones bilaterales”, afirmó.
Para Victoria Tin-bor Hui, académica del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Notre Dame, “tanto Xi como Trump consideran las relaciones entre Estados Unidos y China como la relación geopolítica más importante del mundo y desean gestionar la creciente rivalidad entre ambas potencias”.
En todo caso, la experta explicó a La Tercera que los objetivos con que Xi llegó a esta cumbre eran “relativamente claros”: “proyectar una imagen de estabilidad y responsabilidad, al tiempo que busca la aceptación tácita de Trump respecto a Taiwán”. “No está tan claro cuál es la estrategia final de Trump, al igual que su enfoque hacia la guerra con Irán a menudo ha parecido improvisado y carente de objetivos a largo plazo claramente definidos”, cuestionó.
Mientras Trump amenaza con abandonar la OTAN por la negativa de la alianza a respaldar la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, lo que aleja aún más a Estados Unidos de sus aliados tradicionales, la cumbre Trump-Xi revitalizó la idea de un Grupo de los Dos (G2), una agrupación informal en la que las dos mayores superpotencias del mundo podrían dirigir el futuro colectivo mundial.
El concepto de un “G2” entre China y Estados Unidos fue propuesto originalmente por el destacado economista estadounidense C. Fred Bergsten en 2005, recordó Al Jazeera.
A lo largo de los años, la idea de que Estados Unidos y China pudieran ser administradores responsables del bien común ha suscitado un “considerable escepticismo”, sostiene la cadena qatarí. “La idea de un G2 ahora genera temores de un alejamiento del sistema multilateral hacia uno en el que dos superpotencias impongan sus intereses sobre los de otras naciones”, agrega.
Jing Gu, directora del Centro para Potencias Emergentes y Desarrollo Global del Instituto de Estudios del Desarrollo (IDS) en Reino Unido, afirmó que la reunión no debe interpretarse como el inicio de una cumbre del G2, sino más bien como un “reconocimiento estratégico”.
“Ambas partes intentan descifrar los límites de la otra, definir sus líneas rojas y tantear hasta dónde puede llegar la presión antes de que la tensión estable se convierta en una ruptura”, declaró Gu a Al Jazeera.
“La tensión fundamental radica en que Trump quiere reafirmar a Estados Unidos como el país más poderoso, y Xi quiere lo mismo. Ambos no pueden tener éxito, incluso si Xi solo desea que China sea reconocida como preeminente en lugar de como hegemónica”, señaló Steve Tsang, director del SOAS China Institute en Londres.
Victoria Tin-bor Hui cree que “Xi busca un ‘G2’ que represente la paridad con Estados Unidos tanto en poder como en prestigio internacional”. Y añade: “En muchos sentidos, ya logró avances simbólicos en esta dirección en cumbres anteriores, tras las cuales los documentos estratégicos estadounidenses comenzaron a referirse cada vez más a China como un ‘competidor a la par’. Sin embargo, si el ‘G2’ implica cooperación, esto sigue siendo difícil, ya que la relación se caracteriza cada vez más por una rivalidad estructural en lugar de una cooperación estable”.
“China rechaza esa pretensión de un ‘G2’ desde los tiempos de Hillary Clinton. Eso no significa que no se apueste por el diálogo sobre los grandes temas, pero los enfoques son bien distintos. Eso hace difícil la cogestión de lo global. China se instala en una contienda sistémica de largo plazo en la que la cercanía a Rusia, la multipolaridad, el Sur Global, el multilateralismo, etc., le sitúa en otras coordenadas. Eso no quita que pueda haber acercamientos, pero con límites que no se han diluido, sino reforzado con el mandato errático de Trump”, opina Xulio Ríos.
¿Cooperación o conflicto?
Con todo, la BBC apunta que esta cumbre “podría sentar las bases para una futura cooperación, o un conflicto, en los años venideros”. “Puede que los dos líderes no tengan mucho tiempo para alcanzar acuerdos sustanciales, pero incluso un encuentro tan breve podría marcar el rumbo de las negociaciones y las relaciones entre las dos superpotencias durante los próximos años”, agregó la cadena.
Pero Ríos cree que ese vaticinio “puede resultar exagerado”. “No atisbo en el horizonte cambios sustanciales en la pugna global por la hegemonía que, previsiblemente, se acentuará en los próximos años. La competencia e incluso la confrontación van a continuar”, vaticina.
“La novedad podría venir de un cambio de enfoque en la cuestión de Taiwán que tampoco parece fácil ni irreversible. Pero si Trump rebaja la ambigüedad estratégica y se aproxima más a China en la visión del problema, eso fortalecería enormemente a Xi. Para China es lo más determinante de esta cumbre. Pero no va a haber avances estructurales”, enfatiza.
Previo a su viaje a Beijing, Trump afirmó que el comercio, y no Irán, sería la prioridad en la cumbre con Xi, quien es aliado de Teherán. Respecto a esta postura del inquilino de la Casa Blanca, Victoria Tin-bor Hui cree que “es probable que Trump comprenda que la guerra con Irán conlleva el riesgo de resultar estratégicamente costosa y políticamente perjudicial”.
Y añade: “Al mismo tiempo, sigue considerándose principalmente un negociador y, por lo tanto, cree que es más factible avanzar con China en materia comercial y económica”.
En todo caso, aprovechando una conversación distendida con Xi durante la tercera y última jornada de su visita a China, Trump se refirió al tema: “Sentimos lo mismo, ¿verdad? Queremos que esto termine. No queremos que tengan armas nucleares. Queremos que el estrecho (de Ormuz) esté abierto”, dijo en un encuentro de ambos líderes en Zhongnanhai, la sede del gobierno chino.
Pero los titulares de los medios internacionales tras la partida de Trump de Beijing fueron lapidarios. “Trump deja China con pocos resultados concretos, pero con una relación estabilizada”, destacó CNN, mientras The Guardian apuntó que “Trump abandona China sin avances significativos en Irán, Taiwán o la IA”. “Trump abandona Beijing con pocas victorias, pero con palabras amables para Xi”, reiteró Reuters.
Una visión que contrasta con la manifestada por el inquilino de la Casa Blanca. En línea con el primer intercambio de palabras con Xi el jueves, cuando fue recibido por su homólogo chino en el Gran Salón del Pueblo, y aseguró que “la relación entre China y Estados Unidos va a ser mejor que nunca antes”, en la sesión final de la cumbre este viernes, Trump destacó que de esta visita a Beijing, la primera de un mandatario estadounidense en casi una década, salieron “muy buenos resultados”.
“Cerramos unos acuerdos comerciales fantásticos, excelentes para ambos países”, dijo, mientras Xi lo acompañaba por los jardines de Zhongnanhai, el complejo central del gobierno chino junto a la Ciudad Prohibida en Beijing.
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