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El “Rey del Norte” a Downing Street: los desafíos de Andy Burnham como nuevo primer ministro de Reino Unido

El exalcalde de Manchester, criado en la Inglaterra postindustrial y catapultado a la fama por su rebelión contra el conservadurismo de Londres durante la pandemia, se apresta a asumir este lunes como el 59º primer ministro británico, en sucesión a Keir Starmer. Pero su administración enfrentará desafíos no resueltos ni por el mandato saliente ni por los gobiernos conservadores que le precedieron.

Andy Burnham se apresta a asumir como primer ministro de Reino Unido. Foto: Archivo

Este lunes, el rey Carlos III le solicitará formalmente a Andy Burnham que forme gobierno, como parte del proceso protocolario tras la dimisión de Keir Starmer, y se convierta en el 59º primer ministro de Reino Unido. El político de 56 años, que hasta hace poco más de un mes dirigía la alcaldía del Gran Manchester y el viernes pasado fue electo como líder del Partido Laborista, cierra así un recorrido de más de dos décadas marcado por dos derrotas en la carrera por el liderazgo de su partido y por casi una década de distancia respecto de Westminster.

La llegada de Burnham al número 10 de Downing Street se produce tras el desgaste de Starmer, uno de los líderes británicos más impopulares de la historia reciente -según YouGov, la desaprobación del expremier alcanzó el 62% y casi un tercio de la población británica califica su mandato como “terrible”-, castigado en los comicios municipales de mayo pasado donde se impuso la derecha populista representada por Reform UK y debilitado por el escándalo en torno a Peter Mandelson, socio de Jeffrey Epstein y a quien Starmer había nombrado embajador en Estados Unidos.

Andy Burnham junto al primer ministro saliente, Keir Starmer. Foto: Archivo

En cambio, Burnham se apresta a asumir con una reputación construida sobre su conexión con las clases trabajadoras del norte de Inglaterra. Sin embargo, llega al gobierno con dudas sobre su capacidad de traducir su cercanía con las clases populares a los principales desafíos de Reino Unido.

“Andy Burnham es, fundamentalmente, un político instintivo”, señaló el fundador del medio The Manchester Mill, Joshi Herrmann, a The New York Times, que ha seguido su trayectoria durante años. “Es una habilidad valiosa, pero es ingenuo pensar que un mejor comunicador podrá sortear estos problemas fundamentales de la vida británica”.

El ascenso del “Rey del Norte”

Andrew Murray Burnham nació en 1970. Creció en Culcheth, una localidad ubicada entre Manchester y Liverpool, dos ciudades postindustriales en declive. De familia católica y de clase trabajadora, el mismo Burnham escribió en su libro de memorias Head North: “Nuestro estilo de vida era modesto y nunca tuvimos vacaciones familiares en el extranjero”.

Ese origen habría condicionado su relación con la educación de élite. A los 17 años fue rechazado en una entrevista en la Universidad de Cambridge y asumió que aquel entorno estaba fuera de su alcance. Según relató su profesor de inglés a la BBC, su reacción inicial fue negarse con un “eso no es para gente como yo”. Un año después, en 1988, ingresó en el Fitzwilliam College y se graduó en Literatura Inglesa.

Su ambición política fue temprana. Tras trabajar como asistente de la entonces diputada laborista Tessa Jowell, se presentó como diputado por la localidad de Leigh y ganó su escaño en junio de 2001, a los 31 años.

El exalcalde de Mánchester, Andy Burnham, en un pub. Foto: Archivo

Su ascenso fue rápido. Ejerció como ministro en los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, con carteras como Cultura y Salud. Sus dos intentos por liderar el laborismo terminaron en derrota, en 2010 y en 2015. Tras la segunda caída, sumada a su desencanto con la política londinense, decidió dejar Westminster en 2017 para postular a la alcaldía del Gran Manchester.

El punto de quiebre en su trayectoria fue la tragedia de Hillsborough, el desastre deportivo de 1989 en el que murieron casi 100 hinchas del Liverpool y cuya responsabilidad fue atribuida por la prensa y la policía a los aficionados. En un acto conmemorativo en 2009, siendo ministro, Burnham fue abucheado por una multitud que todavía exigía justicia.

Este episodio lo llevó a respaldar la reapertura de la investigación, que años más tarde confirmó los errores policiales y logró la exoneración de los fanáticos condenados. En sus memorias describió esa fecha como el momento en que comprendió que el sistema político británico “falla a la gente de una manera muy personal”, convicción que orientó el resto de su carrera.

Como alcalde de Manchester consolidó un perfil de cercanía con la ciudadanía. Se comprometió a donar el 15% de su salario a organizaciones de ayuda a personas en situación de calle y mantuvo esa práctica durante sus nueve años en el cargo, aunque la promesa de erradicar la indigencia quedó incumplida.

Su legado más reconocido como alcalde fue la gestión del transporte público mediante la creación del sistema integrado “Bee Network”, que recuperó el control municipal sobre las líneas de autobuses, en contra de las objeciones de las empresas privadas, y logró congelar tarifas y mejorar la puntualidad. “Supuso una diferencia enorme y muy visible para la gente”, resumió el exmiembro de la Municipalidad de Manchester, Luke Raikes, al Times.

Su proyección para un mandato a nivel nacional se produjo en octubre de 2020, cuando se enfrentó públicamente al gobierno conservador de Boris Johnson por las restricciones sanitarias impuestas a su región sin el financiamiento de 87 millones de dólares que reclamaba para sostener a los trabajadores de menores ingresos. El episodio, ampliamente difundido, le valió el sobrenombre de “Rey del Norte”, que se asocia popularmente con la saga Canción de Hielo y Fuego (adaptada como Juego de Tronos), donde el título ancestral es “Rey en el Norte”.

Con el gobierno de Starmer permanentemente en crisis, su proyección a premier se aceleró. Un diputado laborista de Makerfield renunció a su escaño para permitirle competir por él, elección que Burnham ganó con holgura. Así, la semana pasada fue electo como líder del laborismo con 379 votos -de 407- de los parlamentarios laboristas.

En su discurso de asunción como líder del partido izquierdista criticó el legado de Margaret Thatcher, a la que acusó de haber “despojado cruelmente” del poder económico a los bastiones tradicionales de la clase trabajadora mediante la desindustrialización de los años 80.

En la alocución, Burnham sostuvo que en esa década el país tomó “una serie de decisiones equivocadas”, con la centralización del poder político y la privatización de servicios esenciales como la vivienda, el agua, la energía y el transporte. “La derecha utiliza la frase ‘recuperar el control’, pero fueron ellos quienes lo cedieron en primer lugar”, afirmó, y prometió terminar con “la cultura del encubrimiento” y transferir poder a las comunidades.

Los “dolores de cabeza” de Burnham

No obstante, el capital político resultado de la cercanía y confrontación que lo llevó al poder empezará a ponerse a prueba. El país que recibe Burnham arrastra problemas estructurales que no han sido resueltos ni por el alicaído Starmer ni por los gobiernos conservadores que le precedieron.

El primer frente es el gasto en asistencia social. Según BBC Verify, el costo de las prestaciones por enfermedad e invalidez para personas en edad laboral ronda los 58.000 millones de libras anuales y se proyecta que alcance los 78.000 millones en 2030.

El principal factor es el aumento de beneficiarios de la Prestación por Independencia Personal -una pensión por discapacidad entregada a las personas en edad laboral- que pasarían de cuatro a cinco millones al final de la década, con un alza pronunciada entre jóvenes con problemas de salud mental o trastornos del neurodesarrollo.

El gobierno de Starmer intentó recortar 5.000 millones anuales endureciendo los requisitos, consignó el medio británico. Pero la medida se revirtió ante la resistencia de sus propios diputados. Un informe oficial reconoció que la pensión “no cumple su función”.

Burnham ha planteado que buscará reducir el gasto por la vía de incentivar la reinserción laboral y no mediante recortes directos.

El buque destructor Tipo 45 HMS Defender de la Marina Real Británica. Foto: Archivo

El segundo desafío es la defensa. El plan de inversión publicado en junio por Starmer elevó el gasto militar solo al 2,7% del PIB para 2030. La presión para llevarlo al 3% -lo que supondría 9.000 millones de libras adicionales al año- proviene de dentro del partido. El exsecretario de Defensa, John Healey, exigió el aumento y, ante la negativa, renunció.

A esto se suma el nuevo objetivo de la OTAN de alcanzar el 3,5% en 2035, que implicaría un sobrecosto de 24.000 millones anuales para Reino Unido.

Luego, aparece la atención social a los adultos mayores, un sistema que el propio Burnham ha calificado de “fallido”. Gestionado mayoritariamente por proveedores privados, deja hoy a unos dos millones de personas mayores con necesidades sin cubrir, mientras cerca del 10% de los mayores de 65 años enfrenta costos de cuidado superiores a las 100.000 libras a lo largo de su vida.

Según BBC Verify, el programa laborista de 2024 prometió un “servicio nacional de atención”. Starmer aplazó esa reforma y encargó un informe cuyo plazo original era 2028. Burnham sugirió adelantar este reporte para fines de este año. El principal problema sería el financiamiento. En el pasado propuso un gravamen del 10% sobre las herencias y recientemente planteó eliminar el impuesto de sucesiones para, en su lugar, gravar la riqueza de los sectores más acomodados en vida.

Los ni-ni

En cuarto lugar aparece la vivienda. El gobierno se comprometió a construir 1,5 millones de residencias en cinco años, una media de 300.000 anuales, y en los 12 meses previos a marzo de 2026 solo entregó 204.000.

Según la cadena británica, Burnham ha anunciado su intención de impulsar el mayor programa de vivienda social desde la posguerra, sin precisar todavía su alcance. En 2025, los municipios ingleses construyeron apenas 1.970 viviendas, frente a las casi 200.000 anuales de la década de 1950. Alcanzar un incremento significativo requeriría unos 13.000 millones de libras adicionales al año en subvenciones, por encima de los 4.000 millones actuales, y financiarlo mediante deuda contravendría la atención a las reglas fiscales que él mismo se ha comprometido a mantener.

Jóvenes en Reino Unido. Foto: Archivo

El quinto “dolor de cabeza” de Burnham, según la BBC, será el desempleo juvenil. Más de un millón de jóvenes de entre 16 y 24 años no estudian, no trabajan ni reciben formación -llamados “ni-ni” o NEET-, aproximadamente uno de cada siete.

En 2015, Reino Unido se ubicaba en la media de la Unión Europea y en 2025 había escalado al segundo lugar en desempleo juvenil, solo por detrás de Rumania. Entre las causas señaladas por el medio británico aparece la caída del 20% en el inicio de cursos de formación profesional. Un informe encargado por el exministro de Salud británico, Alan Milburn, describió el fenómeno como una “crisis nacional urgente”.

Burnham ha sostenido que el sistema educativo está demasiado orientado a la vía universitaria y podría apostar por reforzar la formación técnica, una prioridad que gobiernos anteriores también apuntaron, pero sin llegar a concretar nada al respecto.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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