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Guerra contra Irán: El millonario costo de querer eliminar al régimen islámico

La diferencia en el gasto de la escalada militar en Medio Oriente es abismal. Mientras Irán gasta 20.000 dólares en un dron, el Pentágono puede gastar tres millones en interceptarlo. Entre expertos consultados por La Tercera, esto plantea la discusión sobre si el excesivo precio de la ofensiva puede definir el resultado.

Sistema de defensa Patriot. Foto: Archivo

“Tenemos una potencia de fuego sin precedentes, munición ilimitada y tiempo de sobra”, afirmó el presidente estadounidense, Donald Trump, en Truth Social el jueves pasado. A dos semanas de los primeros ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel a Irán, lo que causó la escalada de la guerra involucrando a los países del golfo Pérsico, la discusión ya no se centra únicamente en la intensidad de la ofensiva en los objetivos militares alcanzados.

A propósito del alto costo de mantener el operativo militar estadounidense, en conjunto con la histórica alza de los precios del petróleo debido al bloqueo del estrecho de Ormuz, los focos apuntan hacia otro factor que podría terminar determinando el resultado de la confrontación: el costo de sostener la guerra.

En este sentido, la duración del conflicto dependerá de la capacidad de cada actor para mantener sus arsenales, sostener sus sistemas de defensa y asumir los costos económicos de una campaña prolongada. En ese escenario, la relación entre el precio de las armas utilizadas y el costo de neutralizarlas se ha transformado en un elemento central.

En el inicio, Trump sostuvo que la operación militar en Medio Oriente podría extenderse entre cuatro y cinco semanas. Pero su publicación reciente esboza la posibilidad de que, contrario a lo sostenido por él mismo, la guerra dure más.

Además, distintos analistas sostienen que la extensión real dependerá de variables como la disponibilidad de municiones, la presión económica y la voluntad política de los gobiernos involucrados.

Ryan Bohl, analista de Medio Oriente y Norte de África de RANE Network, señaló a la agencia Anadolu que los precedentes históricos sugieren que las campañas estadounidenses por aire no suelen prolongarse indefinidamente. Según explica, “la operación aérea más larga de Estados Unidos fue la realizada contra Serbia en 1999, que se extendió durante aproximadamente 90 días”.

Pero, en su opinión, el actual conflicto podría ser considerablemente más corto. Bohl sostiene que la disposición política en Estados Unidos para sostener una campaña prolongada es limitada, por lo que una operación de varias semanas podría ser un escenario plausible si los ataques generan resultados estratégicos relevantes en poco tiempo.

Despliegue a gran escala

Estados Unidos movilizó una importante capacidad militar en el marco de la operación conjunta con Israel. De acuerdo con el Comando Central de Estados Unidos (Centcom), más de 50.000 soldados fueron desplegados, junto con alrededor de 200 aviones de combate y dos portaaviones en la región, el USS Gerald Ford y el Abraham Lincoln. El viernes, una fuente contactada por The Associated Press indicó que el Centcom enviará 2.500 marines y el anfibio USS Tripoli a la región.

Sobre esto, el comandante del Centcom, el almirante Brad Cooper, señaló que las fuerzas han impactado más de 5.000 objetivos dentro de Irán, utilizando más de 2.000 municiones desde el inicio de las operaciones.

El arsenal desplegado incluye las aeronaves bombarderas furtivas B‑2 y B‑1, cazas F‑15, F‑16, F‑18, F‑22 y F‑35, aviones de ataque A‑10, aeronaves de guerra electrónica EA‑18G, drones MQ‑9 Reaper y LUCAS -la versión estadounidense de los Shahed iraníes-, además de destructores de misiles guiados y sistemas antimisiles como Patriot y THAAD.

No obstante, algunos analistas advierten que el problema no necesariamente radica en la capacidad ofensiva, sino en los sistemas defensivos necesarios para interceptar los ataques iraníes y el costo de los mismos.

Aviones F-35A de la Fuerza Aérea de Estados Unidos durante un ejercicio. Foto: Archivo

Sobre esto, Joze Pelayo, director asociado de iniciativas estratégicas y políticas de la Iniciativa de Seguridad de Medio Oriente del Atlantic Council, señaló a Anadolu, la agencia turca, que las reservas de interceptores podrían convertirse en una preocupación urgente para Estados Unidos y sus aliados.

Según explicó Pelayo, la frecuencia de los ataques iraníes podría provocar que el inventario de interceptores disminuya rápidamente, lo que obligaría a los aliados a administrar cuidadosamente sus sistemas defensivos.

Bohl, el analista de RANE Network, reconoció que existen informes sobre posibles estrecheces, pero sostiene que Washington todavía dispone de diversas reservas estratégicas. Entre ellas se incluyen arsenales almacenados en Israel, así como suministros que podrían ser trasladados desde Europa o desde territorio estadounidense si fuera necesario.

“Esto es muy impredecible, por lo que no sabremos el costo hasta que termine”, dijo Lindsay Koshgarian, directora del programa del Proyecto de Prioridades Nacionales del Instituto de Estudios Políticos, quien afirmó que el conflicto “no es necesario” y está restando importancia a otras políticas que podrían “hacer la vida más asequible para los estadounidenses”.

“El costo de la guerra en Irak terminó siendo de casi 3 billones de dólares”, señaló Koshgarian a CNN. “Así que esto podría ser astronómico, fácilmente”.

Según el mismo gobierno de Trump, los primeros seis días de la guerra habrían costado más de 11 mil millones de dólares.

Al respecto, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), que analizó la información que el Pentágono ha compartido sobre los objetivos atacados y los recursos involucrados en la operación, la guerra está costando alrededor de 891,4 millones de dólares al día.

El think tank predice que el costo disminuirá a medida que Estados Unidos opte por municiones menos costosas y que Irán reduzca el uso de drones y misiles. “Sin embargo, los costos futuros dependerán principalmente de la intensidad de las operaciones y la efectividad de la represalia iraní”, agregó el CSIS en su informe.

Kent Smetters, director del programa Penn Wharton Budget Model, declaró a CNN que una guerra de dos meses podría costar entre 40.000 y 95.000 millones de dólares, dependiendo de si Estados Unidos despliega tropas terrestres y de la rapidez con que se reabastezcan las municiones.

En suma, mientras Estados Unidos e Israel dependen de sistemas militares sofisticados y de alto costo, la estrategia iraní se basa en gran medida en el uso masivo de drones y misiles relativamente baratos.

Bajo costo para Irán

Desde el otro bando, el régimen islámico ha lanzado más de 500 misiles balísticos y más de 2.000 drones en ataques de represalia, según datos del Centcom.

Entre ellos se encuentran los drones Shahed‑136. Estos pueden ser lanzados desde la parte trasera de camiones y resultan difíciles de detectar debido a su tamaño y forma de operación. Y la versión de largo alcance del Shahed -el 139- puede recorrer alrededor de 2.000 kilómetros, lo que le permite alcanzar objetivos en distintos puntos de Medio Oriente.

Pero su principal ventaja está en el costo. Cada uno de estos drones puede costar entre 20.000 y 50.000 dólares, dependiendo del modelo y los componentes utilizados. Y el uso extensivo de estos drones de bajo costo introduce una compleja ecuación económica para los sistemas de defensa occidentales.

A propósito de esto surge la pregunta sobre hasta qué punto el bajo costo relativo de la defensa iraní puede disminuir la brecha frente a Estados Unidos e Israel. Sobre esto, el investigador para Medio Oriente en el Instituto Baker, Kristian Coates Ulrichsen, aseguró a La Tercera que la táctica “cantidad sobre calidad” de Irán parece jugar a su favor.

“Enfocarse en la producción de los drones Shahed permite al liderazgo iraní compensar la falta de recursos y potencia de fuego, y concentrarse en el tipo de guerra asimétrica que favorece a Irán y le permite atacar a Estados regionales”, explicó Coates Ulrichsen.

Luego, aseguró que esta táctica pretende, a propósito, aumentar el costo del conflicto para Estados Unidos. “Los drones son difíciles de contrarrestar y causan una disrupción significativa incluso si son interceptados y derribados, lo cual forma parte del componente psicológico del objetivo de Irán de causar la máxima disrupción con recursos mínimos”, agregó el investigador.

Consultado por The New York Times, el CEO de la empresa estadounidense de drones Hylio, Arthur Erickson, sostuvo que el problema radica en que neutralizar estos aparatos suele ser mucho más caro que producirlos. Según explicó, “es un ‘juego de dinero’. La relación costo-beneficio por disparo, por intercepción, es, en el mejor de los casos, de 10 a 1. Pero podría ser de 60 o 70 a 1 en términos de costo, a favor de Irán”.

Un dron iraní, Shahed-136, en vuelo. Foto: Archivo STRINGER

Por el otro bando, uno de los sistemas más utilizados para derribar misiles y drones es el Patriot, considerado durante años como el estándar en defensa antimisiles. Cada interceptor de este sistema puede llegar a costar más de tres millones de dólares por disparo.

Y la disponibilidad de estos misiles también es limitada. En 2025, por ejemplo, la empresa de defensa y seguridad aeroespacial Lockheed Martin entregó 620 interceptores del sistema Patriot. Fue una cifra histórica de producción de misiles interceptores en un año.

Pese a las preocupaciones de disponibilidad de munición, Trump ha descartado públicamente estos temores. El mandatario afirmó que Estados Unidos cuenta con un suministro “prácticamente ilimitado” de armamento de precisión y que, en teoría, las operaciones podrían sostenerse durante un largo período utilizando esas reservas.

El Ejército estadounidense ha intentado complementar estos sistemas con alternativas más económicas. Entre ellas se encuentra el sistema antidrones Coyote, desarrollado por Raytheon, cuyo costo se estima en unos 126.500 dólares por interceptor. Aunque esa cifra es considerablemente menor que la de un Patriot (PAC‑3), sigue siendo varias veces superior al precio de un dron Shahed.

Dinero ilimitado

Más allá del gasto y el poder de combate, algunos analistas apuntan a otro factor que podría mermar las ambiciones de Estados Unidos en la región.

Sobre esto, el académico de Ciencias Políticas, Relaciones Internacionales y Ciencias Espaciales de la Universidad del Sur de California (USC), Steven Lamy, señaló a La Tercera que, si bien Estados Unidos es una potencia militar sin parangón, Washington no tendría claridad sobre el fundamento ideológico que sostiene el conflicto.

“Para Israel, esta guerra es una cuestión existencial: la idea de Israel está en juego, por lo que lucharán eternamente”, comparó Lamy, y luego agregó: “¿Cuál es la idea o ideas por las que Estados Unidos lucha en esta guerra? La incapacidad de la administración Trump para articular claramente nuestros intereses nacionales significará que será difícil tener una guerra prolongada”.

Misiles interceptores del Domo de Hierro de Israel sobre Tel Aviv. Foto: archivo

Sobre el excesivo costo que supone el conflicto para los contribuyentes estadounidenses, el académico de la USC señaló: “Estados Unidos no tiene limitaciones financieras. Simplemente gastará y se preocupará por ello después”.

Finalmente, Lamy indicó que “esta no es una ‘guerra justa’. Trump no presta atención al derecho internacional ni a las normas y principios. Es un oportunista que ve cada movimiento como una oportunidad para enriquecer a Estados Unidos y a sus amigos y familiares”.

La opinión pública estadounidense ya está preocupada por la bolsa y el precio del combustible y otros productos. Los ciudadanos están empezando a darse cuenta del costo de esta guerra y se hacen una pregunta sencilla: ¿por qué luchamos allí si tenemos nuestro propio petróleo y gas? ¿Acaso necesitamos todavía de Medio Oriente?”, finalizó Coates Ulrichsen.

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