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El año en que los moteles quedaron en el pasado

El fin del trasnoche, los nuevos hábitos sexuales, la digitalización tardía y la competencia con Airbnb tienen a la industria de los moteles de parejas en jaque. La epidemia de piezas vacías, aseguran en el gremio, es crítica: este año ha disminuido casi un 30% la demanda. Varios empresarios han tenido que achicarse y otros contemplan alternativas más drásticas. Incluso, las de derrumbar sus edificios con piezas temáticas.

04/09/2026 - MARIN 014. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

Para Héctor Silva las habitaciones de moteles fueron el paisaje de su adolescencia. Paseaba entre las luces neón de Marín 014, en Providencia: un emblema de los moteles para parejas en la capital. Ahora, con 51 años, hizo suya la oficina que antes ocupó su padre. Ahí tiene enmarcada la ilustración de un motel rojo. También guarda un Cadillac rosado en miniatura para la nueva habitación de Elvis Presley, cerros de papeles y las colas de sirena que adornarán la futura pieza que bautizó como una oda al mar. Los nuevos dormitorios se unirán a las otras 68 habitaciones temáticas: un raso que intenta imitar un cuarto de seda china, una moto convertida en sillón tántrico y un variopinto abanico de colores y gustos.

Ha pasado los últimos meses remodelando las piezas y agregando nuevas opciones de decoración. Creía que eso podría atraer más parejas. Hace poco fusionó dos habitaciones en una sola, para recibir a grupos. El problema es que ninguno de sus cambios ha dado frutos. Las parejas simplemente ya no van al motel.

Silva cuenta que han disminuido su ocupación al doble. “Un viernes en la noche, el mejor turno de la semana, se vendían cerca de 140 habitaciones. Ahora apenas llegamos a 70”, cuenta el empresario.

04/09/2026 - MARIN 014. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

Lo que pensó que podría ser una mala racha cambió a una preocupación en la mayoría de los propietarios de ese tipo de alojamientos. Pese a que el rubro motelero no tiene mediciones como la industria de hotelería, desde el gremio dicen que hay una baja transversal. Francisco Soto, presidente de la Asociación de Hoteles para Adultos, relata: “Lo que vemos es que ha disminuido casi un 30% la demanda. Tampoco es que exista una crisis, pero sí nos alerta, porque la baja no es aislada. Les está pasando a muchos socios y se está agravando cada mes”.

Gabriela Zabos (41) ha sido testigo de ese cambio. En 2023 arrendó el motel de Marín 066, era su sueño desde que llegó a Chile desde Argentina, en 2011. Trabajó casi ocho años en la industria hotelera, hasta que administró un motel y se enamoró del negocio: “Ves a la gente salir y entrar feliz, además que todos esos años que trabajé como administradora me di cuenta de que era muy rentable, mucho más que los hoteles”. Sin embargo, ese auge se detuvo.

El primer año generó ganancias, pero al cierre de 2025 comenzaron las dificultades. Al final de cada mes se repetía a sí misma que el próximo sería mejor. En marzo se convenció de que era un período de gastos –algo que no le había pasado antes– y en mayo se dio cuenta de que la tendencia no iba a mejorar. Su último recurso fue pedir un crédito para cubrir los gastos de las operaciones.

“En julio decidí achicarnos. Me costó mucho, pero la mayoría de las personas de los turnos que cerré, ellos mismos decían que lo esperaban, porque no había clientes. Acá hay 115 habitaciones divididas en tres sectores. Desde febrero que el personal no iba a una de las torres, porque simplemente no se ocupan”, relata Zabos. Desde entonces ella misma cubre algunos turnos de limpieza y recepción.

Zabos dice que “estos números nunca se vieron después de la pandemia. Solo me digo que ‘tranquila, esto ya va a mejorar’”.

04/09/2026 - MARIN 066. EN LA FOTO, GABRIELA ZABOS. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

¿Puriteens?

En países como Colombia, Argentina y Puerto Rico, la desocupación de los moteles ha llevado a que muchos de ellos cierren. Acorde a medios transandinos, en Buenos Aires, al menos 40 moteles han dejado de funcionar. La Asociación de Moteles para Adultos en Chile asegura que están lejos de ese punto y que se trata de cierres aislados, como el del reconocido motel La Pirámide, en San Bernardo, que dejó de operar el año pasado.

Para el sociólogo de la Universidad Central Matías Gómez no se trata de un colapso de la industria de moteles, sino que de una transformación cultural que tiene que ir de la mano con la reconversión de los moteles de antaño.

“El motel pertenece a una infraestructura social de la sexualidad que está cambiando. El motel resolvió un problema específico que es ‘¿dónde encuentro privacidad?’. Eso era especialmente funcional en una sociedad donde existía un mayor control familiar, y un encuentro sexual necesitaba un espacio más discreto y relativamente barato. Ese problema no desaparece, pero ahora existe más oferta y otras maneras de organizar ese encuentro sexual y de entender qué es la sexualidad”, plantea Gómez.

El académico apunta a que las generaciones jóvenes ampliaron el concepto de sexualidad, entendiendo el sexo como un acto que también se puede realizar sin contacto físico o, inclusive, sin compañía.

Además, enfatiza en que “para los jóvenes la sexualidad no necesariamente se vive cara a cara, también se explora de otras maneras. Hay plataformas web para coordinar encuentros sexuales”.

Son varios los estudios alrededor del mundo que han situado a la generación Z –nacidos entre 1997 y 2012– como personas que han cambiado los esquemas de la sexualidad, priorizando las conexiones emocionales por sobre los encuentros sexuales. Medios como The Guardian han acuñado el término puriteens: un juego de palabras en inglés que mezcla el puritanismo con los adolescentes, para referirse a los comportamientos de esta generación y su lejanía con el alcohol y el sexo. Según datos del Injuv, en 2018 los jóvenes que habían iniciado su vida sexual rondaba el 73% y en 2025 esa cifra bajó a 69%. Sin embargo, para el sociólogo Gómez nada indica que los jóvenes tengan menos sexo. Sino que, más bien, han cambiado los paradigmas de su vida sexual y tienen más consciencia sobre cuándo quieren tener sexo.

Este cambio generacional en las preferencias de los moteles tradicionales lo ve cada día Sandra Fredes. Toda su vida ha trabajado en esa industria y desde hace cuatro años administra el motel Marín 014. Ella asegura que aunque reciben un público transversal, sus huéspedes están concentrados principalmente en un rango etario de entre los 35 y 60 años.

La realidad económica del segmento más joven también afecta. La población de entre 18 y 25 años tiene una tasa de desempleo que bordea el 20%, mientras que para las mujeres jóvenes aumenta a un 23%. Si se añade que en promedio una habitación por tres horas en un motel puede costar entre $ 20.000 y $ 35.000, se hace más fácil explicar la poca presencia juvenil en los recintos tradicionales. Sobre todo porque, como señala el sociólogo Gómez, los moteles tradicionales cargan con un estigma que es difícil de extirpar. “Para muchos jóvenes no ofrecen la seguridad ni la higiene que ellos quieren, y cuando buscan un producto de mayor calidad los costos se disparan y simplemente optan por otras alternativas”, explica.

Los factores demográficos sólo hacen más compleja la sobrevivencia de la industria: durante los últimos años en el país han crecido los hogares unipersonales, representando casi un 22% del total nacional, según datos del Censo 2024. Esa gente, que vive sola, no necesita la privacidad que podría entregar un motel.

Todas esas variables daban vueltas en la cabeza de Héctor Silva, propietario de Marín 014: “He escuchado comentarios diversos. Todavía no sé bien cuál es la causa, pero supuestamente a los jóvenes ya no les importa tanto el sexo. Yo no sé si en verdad esa es la razón o un montón de cosas que se nos han juntado, porque es una necesidad biológica que, independiente de la edad, todos tenemos”.

De lo que sí tiene certeza es que un factor que ha influido en la baja de clientes es la muerte de la vida nocturna. De hecho, la encuesta Red Global ubica a Chile en los primeros puestos en las mediciones sobre la inseguridad que percibe la población. Eso explica, en parte, que las personas eviten salir durante la noche. Si se combina con que tras la pandemia los bares y restaurantes no volvieron a recuperar el horario nocturno y la mayoría cierra antes de la medianoche, el resultado es letal para una industria como esta.

En el rubro suman un último elemento que, creen, ha coartado el crecimiento de los moteles: el esfuerzo que significó para las empresas con turnos continuos la implementación de la ley de las 40 horas. Héctor Silva cuenta que no ha tenido que despedir gente gracias a que este mal periodo coincidió con la renuncia de tres empleados, pero es algo que constantemente analiza.

“No quiero despedir a nadie, pero tengo que darle una vuelta al tema de cómo voy a dejar los equipos -explica el empresario-. Porque el negocio está tan bajo, que cuando llego a las 7.00, el turno de la madrugada ha dormido toda la noche, porque no viene nadie”.

04/09/2026 - MARÍN 014. EN LA FOTO, HÉCTOR SILVA. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

El nuevo motel

“¿Para qué vas a gastar plata en publicidad por internet?”. Esa fue la pregunta que le hizo su padre a Ignacio Carrasco (31), gerente general de Íntimo y Red, una cadena de moteles en Santiago.

Su padre, que tiene un motel desde los 80 en el centro de Santiago, estaba en contra de que publicitara un lugar que, sentía, debía permanecer en privado. El hombre creía que su hijo no entendía los códigos del mundo en el que estaba trabajando.

Lo que no veía el empresario motelero es que los usuarios sí estaban optando por experiencias digitales. La plataforma de hospedaje Airbnb entendió esa necesidad y en 2015 llegó a Chile a conectar a huéspedes con cientos de alojamientos disponibles solo desde el celular. Ya no hace falta conocer un lugar de forma física para elegirlo. El mercado de la aplicación creció tanto, que en 2024 contribuyó con cerca de US$ 1.300 millones al PIB.

Desde el rubro de moteles también reconocen la aplicación como una de sus principales competencias, especialmente porque el precio de una habitación por tres horas puede coincidir con el valor de una noche en un departamento de Airbnb. Además, ofrece cientos de opciones en la zona geográfica donde se encuentre el usuario. Por lo mismo, ya no es necesario trasladarse para encontrar un alojamiento. Un ejemplo: en el sector de Parque Bustamante hay más de 100 alojamientos disponibles en Airbnb, con precios que varían entre los $ 35.000 y $ 80.000, según las comodidades. Los moteles del sector, teóricamente, también compiten con ellos.

Teniendo en cuenta este cambio en la industria es que Carrasco abrió su primer motel en 2020, aprovechando el espacio que se generó con los negocios que no sobrevivieron a la pandemia. Habilitó una reserva digital y canales de atención con inteligencia artificial. Carrasco ideó una estrategia en redes sociales con promoción de influencers de Onlyfans para viralizar su marca. Actualmente tiene ocho sucursales y planea abrir otras dos en lo que queda del año. Si bien reconoce que en los últimos tres meses han estado bajas las ventas, también admite que eso lo ha obligado a buscar nuevas formas para atraer a los huéspedes.

04/09/2026 - PADRE MARIANO 98, EN LA FOTO, IGNACIO CARRASCO. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

Su público, a diferencia del de sus competidores, son principalmente jóvenes de 18 a 25 años que aún viven con sus padres y, por lo mismo, no tienen privacidad. Ahí encontró una necesidad que no estaba cubierta por los moteles tradicionales.

“Hay que dejar atrás ese concepto antiguo de motel. Las personas ya no salen en la noche, por eso hay que adelantar el check in nocturno. Antes era un negocio pasivo, la gente llegaba directamente. En cambio, hoy en día hay que salir a buscar al cliente: hay que invertir en redes sociales, hay que invertir en marketing digital. Una vez nos viralizamos porque no les cobramos extra a las parejas que reservaban con una tercera persona. Ya no existe la idea de un motel escondido sin ningún indicio de que sea motel”.

Eugenio Saavedra, fundador de Motel Now, una aplicación que reúne a los moteles por ubicación y disponibilidad, coincide con este análisis. Cuando creó la aplicación, hace alrededor de 10 años, los propietarios de moteles se negaban a incluir su negocio. Creían que los usuarios no iban a estar dispuestos a entregar su identidad para acceder a la plataforma.

“La gente quiere saber todo por anticipado. Los precios, cómo son las habitaciones. Ya no sirve que no tengas ni un aviso. Es lamentable, pero todos esos moteles tradicionales van a morir si no se actualizan”, agrega Saavedra.

El economista Jean Paul Quinteros, de la Universidad Central, explica que ante la dificultad en la demanda, la única alternativa que queda es renovarse: “Hay mucha oferta actualmente, con la irrupción de Airbnb y otros alojamientos de corta estadía. Pero todo ese cambio corresponde a que los consumidores prefieren hacer todo online, tienen mayor disponibilidad y pueden cotizar fácilmente”.

Para entrar en este mercado, Héctor Silva contrató a una agencia de publicidad con la que espera sacar a flote el motel que ha estado toda la vida en su familia. Es su último intento, dice. Por eso, estos días ha pensado qué hará con el negocio familiar en caso de que no funcione. “Justo a mí me tocó recibir el legado en este momento, sería muy difícil cerrarlo”, comenta. Por ahora, piensa que si no resulta lo más seguro es que derrumbe las piezas temáticas y pruebe suerte en un negocio completamente distinto al que conoció durante toda su vida.

“Es más rentable tener un estacionamiento y aprovechar el suelo -reflexiona-. Mis piezas son como de 15 m2. Un auto ocupa casi 12 metros. Por estar una hora pagan 3.000 pesos, quizás me convenga más eso”.

04/09/2026 - MARIN 014. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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