Por Francisco CorvalánEl día después de los aluviones: Kast constata en el norte el paso del barro, rutas cortadas y fallas en servicios básicos
Tras el paso del sistema frontal, el norte enfrenta ahora una segunda etapa de la emergencia: despejar caminos, recuperar servicios y evaluar viviendas. Geólogos advierten que el episodio volvió a mostrar las debilidades de la planificación urbana y de la infraestructura frente a lluvias extremas.

El sol volvió a imponerse este miércoles sobre buena parte del norte del país, pero la emergencia provocada por el sistema frontal está lejos de terminar. Con el cielo despejado en Antofagasta y Coquimbo, y condiciones similares en Arica y el interior de Tarapacá, comenzó la etapa de remover toneladas de barro y sedimentos, recuperar caminos, restablecer servicios básicos y determinar cuánto daño dejó el agua en viviendas e infraestructura.
Las tres primeras regiones del país concentran buena parte de los daños. En Tocopilla, una de las comunas más golpeadas por los aluviones, 423 personas permanecen en albergues y unas 400 continuaban sin suministro de agua potable.
La infraestructura vial también seguía gravemente comprometida. La Ruta 1 permanecía cerrada en distintos tramos entre Tocopilla y Taltal por rodados y caída de material, mientras que en Tarapacá continuaban los cortes en distintas rutas. En Atacama había caminos interrumpidos por activación de quebradas y en Coquimbo se reportaban socavones y localidades aisladas. En total, 4.714 clientes permanecían sin electricidad entre Arica y Coquimbo, aunque la SEC precisó que estos cortes no necesariamente tenían su origen en el sistema frontal.
En paralelo, el Hospital de Tocopilla continuaba operativo, aunque con capacidad reducida debido a la inundación del primer nivel, con la Unidad de Diálisis como principal área afectada. Diez establecimientos de salud de las regiones involucradas no estaban operativos y sus pacientes habían sido derivados a otros recintos. La emergencia, además, obligó a mantener suspendidas las clases en Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta, además de algunas comunas de Atacama.
A primera hora de este miércoles, el Presidente José Antonio Kast aterrizó en la Región de Antofagasta para monitorear en terreno los efectos del temporal. El Mandatario destacó los avances en la recuperación de la conectividad y señaló que la infraestructura sanitaria se mantenía, en términos generales, operativa, aunque con una afectación mayor en Tocopilla. También apuntó a la necesidad de recuperar viviendas, servicios sanitarios y la actividad educacional.
“De estas tragedias podemos aprender hacia adelante. Hay muchas situaciones que se pueden ir proyectando para tener un plan maestro, por ejemplo, en situaciones de agua lluvia, en temas de construcción de viviendas, para ir solucionando de manera definitiva temas de campamentos”, sostuvo el mandatario.

El Presidente también puso el foco en las personas que viven en sectores considerados de alto riesgo. “Tenemos que trabajar en que las personas que se han instalado en zonas de alto riesgo tienen que abandonar esas zonas”, afirmó, señalando que el Estado dispone de terrenos que podrían permitir planificar el crecimiento de Antofagasta ante la expansión asociada a la actividad minera.
Durante la tarde, Kast se trasladó a Tocopilla, donde se reunió con la alcaldesa, Ljubica Kurtovic, y recorrió sectores afectados. Allí, la prioridad fue puesta en la recuperación de la conectividad y en la ayuda a las familias que sufrieron daños en sus viviendas y pérdida de enseres. Además, explicó que la ayuda será focalizada mediante la Ficha Básica de Emergencia (FIBE), que permitirá establecer distintos grados de afectación. Posterior a eso, se trasladó a Iquique para entablar una mesa técnica con autoridades locales y ver en terreno la situación tras el temporal.
La visita se produjo mientras equipos de emergencia continuaban trabajando para despejar rutas y atender a personas aisladas. Carabineros desplegó incluso un helicóptero para rescatar a ocho personas que habían quedado aisladas en la Ruta 1 por una remoción en masa. Tres adultos mayores fueron trasladados hasta el estadio de Tocopilla para posteriormente ser derivados al hospital.
Para los especialistas, sin embargo, la emergencia no termina cuando deja de llover. La geóloga y académica de la U. Católica del Norte, Francisca Roldán, advierte que las primeras horas posteriores al aluvión son críticas.
“El barro básicamente se seca y, por lo tanto, es muy difícil de poder limpiar. Las primeras acciones se tienen que hacer dentro de las 24 horas. Ojalá dentro de las primeras 12 horas”, explica. La razón es particularmente relevante en el norte, ya que la radiación solar acelera el secado de los sedimentos, que después resultan mucho más difíciles de remover de calles y viviendas. Además, el material fino puede convertirse en una fuente de contaminación atmosférica.
Quebradas que terminan en las ciudades
La académica plantea que para comprender lo ocurrido hay que mirar más arriba de las zonas urbanas. Los aluviones se originan en sistemas de quebradas que forman parte de cuencas hidrográficas. Estas captan el agua de lluvia y la conducen hacia cauces principales que, en el caso de ciudades como Tocopilla, terminan desembocando directamente sobre la plataforma urbana.
En Tocopilla, Roldán pone especial atención en el sector Pacífico Norte, donde fueron reubicadas familias después del terremoto de 2007 y donde también se instalaron viviendas sociales. El área está confinada entre el mar y las quebradas y posee una microcuenca con roca expuesta, lo que favorece una escorrentía rápida. A ello se suma la presencia de un antiguo acopio de áridos abandonado en la desembocadura, que, según su análisis, pudo incrementar el volumen de material movilizado hacia las viviendas.
El episodio también puso a prueba las obras de mitigación instaladas en Tocopilla. En la quebrada Tres Puntas existen muros de decantación y barreras de retención, algunas de las cuales aparentemente colapsaron durante el evento.
Roldán advierte que estas estructuras se diseñan a partir de determinados caudales y períodos de retorno. El problema, según acusa, es que en el norte existe una baja densidad de estaciones pluviométricas y, por tanto, escasa información sobre cuánto puede llover en las partes altas de las cuencas.

El geólogo y académico de la U. Mayor, Raúl Ugalde, coincide en que las obras de mitigación no eliminan el peligro. Antofagasta, Iquique y Tocopilla han desarrollado mapas de peligros y planes de acción, muchos de ellos durante la última década y considerando la experiencia del evento de 1991. Sin embargo, las ciudades se encuentran sobre plataformas costeras estrechas, al pie del escarpe costero, y reciben el agua de numerosas quebradas. “Una lluvia muy concentrada puede activar de inmediato quebradas que no habían mostrado actividad reciente”, explica.
Los efectos tampoco se limitaron a los aluviones. En Iquique y Alto Hospicio aparecieron socavones asociados a la saturación y erosión de los suelos, mientras que numerosos caminos quedaron interrumpidos por deslizamientos y rodados.
El alcalde de Iquique, Mauricio Soria, detalló la grave afectación que dejó el sistema frontal en la comuna. Según Senapred, hasta este miércoles se registraban 102 viviendas con daño mayor y 869 con daño menor, mientras unos 6.000 habitantes permanecían sin electricidad debido a averías en postes de baja tensión. El cierre de la ruta también afectó el acceso a Zofri y dejó camiones atrapados en el sector del Marinero Desconocido. En materia sanitaria, una sección del hospital, con 19 pacientes, debió ser evacuada al Estadio Tierra de Campeones por anegamientos y el colapso de un techo.
Para Ugalde, parte de la respuesta pasa por mejorar la caracterización geológica de los terrenos sobre los que se construyen rutas e infraestructura. Hay materiales que se degradan o disuelven con facilidad ante grandes volúmenes de agua, por lo que conocer el sustrato resulta fundamental para anticipar dónde pueden producirse fallas.
Roldán apunta en la misma dirección. A su juicio, las obras viales suelen considerar el caudal como si se tratara únicamente de agua, sin incorporar suficientemente el transporte de rocas y sedimentos. En una quebrada, una alcantarilla puede recibir no solo agua, sino una masa capaz de bloquearla y destruir la estructura.
El país, según sostiene, ha desarrollado capacidades relevantes para enfrentar terremotos y tsunamis, pero mantiene una deuda en materia de amenazas hidrometeorológicas.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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