Música, boxeo y política: lanzan memorias de Valentín Trujillo

Escrita por Darío Oses, la biografía recorre 70 años de carrera del pianista que debutó a los nueve. Grabó el primer tema de jazz local, trabajó en la enseñanza pública y dejó huella en la música popular.

“¿Te gustaría conocer a Arturo Godoy? Por supuesto, contesté. Me llevaron a la pensión y ahí estaba ese hombre inmenso. Me dio la impresión de que sabía tratar a los niños. Tú eres bien maceteado -comentó-. ¿Peleas? Me pidió que tirara un golpe y le tiré la derecha y este hombre maravilloso se dejó pegar en la barbilla y se tiró de espaldas en la cama diciendo: ¡Puchas que pegas fuerte!”.

Si hay un rasgo que distingue a Valentín Trujillo (1933), más allá de la música, es su amor por el boxeo. De niño vivió cerca del Teatro Caupolicán y fue testigo de incontables veladas pugilísticas. Y entre todas estas, su encuentro con Godoy, el legendario púgil iquiqueño que disputó el título mundial con Joe Louis en 1940, es la que más recuerda.

La relación de Trujillo con el boxeo sobrevuela las páginas de la biografía sobre el pianista chileno, escrita por Darío Oses, la primera sobre el músico que alcanza las siete décadas de trayectoria. Porque si de cifras se trata, el “Tío Valentín” da cátedra: comenzó a tocar a los cuatro años, a los nueve trabajaba en radios para diferentes cantantes, a los 22 grabó su primer disco como acompañante y en 1958 lanzó su primer álbum solista, Un piano con alma. Antes, en 1945, compuso el primer tema local de jazz: A lo Shearing. Y durante 40 años (1964-2005) estuvo en el piano de Sábados Gigantes.

“Valentín es un hombre de un Chile que ya no existe, donde había tiempo para la conversa, que es afable, amistoso, hospitalario, que cultiva la amistad. Un caballero a la antigua que vive y funciona en el presente”, resume Oses. El libro, lanzado por Editorial Catalonia y la SCD, repasa en 150 páginas la gran historia de la música popular chilena desde la mirada de su más activo testigo.

Resultado de entrevistas realizadas en dos años y medio, está escrito en primera persona para rescatar la prodigiosa memoria y la capacidad para el detalle de Trujillo. El director de la Biblioteca de la Fundación Neruda tiene una larga relación con el pianista. Trujillo era amigo de su padre, desde que trabajaron juntos en colegios. Al nacer Oses, le compuso una canción y esa cercanía lo llevó a realizar su biografía.

En el libro, habla de su fascinación por George Gershwin, su labor sindical y su sensibilidad social. Afirma que la más grande cantante del país fue Rosita Serrano, que alcanzó fama en la Alemania nazi. “Fue una estrella mundial. Disputaba los primeros lugares de popularidad con Zara Leander y Marlene Dietrich, pero era más bonita. Es lo mejor que ha dado nuestro país. Pero después de que terminó su época de gloria en Alemania fue desapareciendo”.

Formado en el Conservatorio, Trujillo es un músico todo terreno por naturaleza. Amigo de Francisco Flores del Campo, dejó huella en la música popular, desde Lucho Gatica a Cecilia. Culto, admirador de Neruda y cercano a José Miguel Varas, trabajó en la enseñanza pública por 20 años, hasta 1973.

Su actividad fue incesante hasta esa fecha, incluso trabajaba con Jorge Guerra en Pin Pon, programa que fue cancelado. “Cuando me llegó la noticia de la muerte de Víctor Jara, me di cuenta de que la mano venía muy fuerte y acudí a algunos amigos que me escondieron por varios días”, cuenta. “Aunque pude retomar el trabajo en el canal, no todo fue tan fácil. En los 17 años del gobierno militar no pude grabar un sólo disco…. Pero ahora último me he desquitado, grabando mucho”. Entre sus últimos trabajos se cuentan grabaciones con Angel Parra Trío y Cristián Cuturrufo.

“Mi vocación política tal vez sea lo único que pueda compararse con mi interés total por la música”, dice. Pero ésta es más democrática, agrega: “La música es demasiado generosa”.

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