Columna de José Francisco Lagos: El valor de la sala de clases



Hace algunos meses nos sorprendió la noticia de que cientos de jóvenes no tenían una matrícula para estudiar en el colegio, principalmente debido al nuevo sistema de admisión escolar y la burocratización en el proceso para abrir nuevas matrículas. Lamentablemente esa realidad no ha cambiado para muchos de ellos y, aún hoy, a tan solo una semana de iniciar las vacaciones de invierno, siguen sin tener un cupo para asistir al colegio.

La mala concepción de un sistema único de admisión escolar, su mal diseño y también su mala implementación vinieron a echar por tierra los argumentos que esgrimieron sus impulsores y, por tanto, reafirmaron los argumentos de quienes se opusieron a esta idea impulsada en el gobierno de la Presidenta Bachelet.

El sistema de admisión escolar terminó siendo más burocrático y engorroso en su aplicación general y, también, terminó afectando el derecho a la educación que tienen los jóvenes de nuestro país.

A la dramática situación anterior se suman otras que dan señales que en nuestro país cada vez se valora menos que los estudiantes estén aprendiendo en una sala de clases. El paso por el colegio y la respectiva certificación se está transformando en una mera constatación del paso del tiempo y no en la principal herramienta que tienen los jóvenes para desarrollarse en un mundo cada vez más complejo y demandante de capacidades y habilidades personales.

Pareciera que una de las enseñanzas que nos dejó la pandemia del coronavirus era que los colegios debían ser los primeros en abrir y los últimos en cerrar. Esa frase fue utilizada, aunque tardíamente en algunos casos, por todos los espectros políticos. Sin embargo, hoy estamos viendo señales contradictorias con esa idea, en las que autoridades deciden intempestivamente la suspensión de clases en sus territorios sin hacer un catastro adecuado o esperar el desarrollo de otros acontecimientos. Un ejemplo reciente es la suspensión de clases por dos días en toda la Región Metropolitana cuando los meteorólogos indican que la peor parte del sistema frontal había ocurrido en la madrugada del jueves.

Otra señal que también preocupa es la lentitud en que el gobierno ha actuado para que los estudiantes que han desertado de la educación vuelvan a la sala de clases, a tal punto que hemos visto un empeoramiento de las cifras de ausentismo y deserción.

Para qué mencionar las movilizaciones estudiantiles y de profesores que tanto daño han hecho a las comunidades y a la continuidad educativa.

Lo anterior nos hace pensar que estamos frente a una pantomima. Todos dicen públicamente que la educación es de aquellas cosas más importantes, pero siempre es la que termina pagando las consecuencias de cuestiones ajenas. Los colegios tienen una importancia educativa y social, es crucial que transformemos el discurso de la importancia de la educación en una realidad, huyendo de medidas que están resultando fracasadas como el sistema de admisión, y de la tentación constante de que siempre los colegios sean los primeros en cerrar y no al revés.

Por José Francisco Lagos, director ejecutivo del Instituto Res Publica

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