Columna de Luis Larraín: Rechazo y cambios constitucionales

RECHAZO



Por Luis Larraín, presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo

La opción de rechazar el texto de nueva Constitución el próximo 4 de septiembre sigue ganando en las encuestas y ello ha llevado a plantearse la pregunta: ¿Si gana el Rechazo, qué viene después? Hasta el Presidente Boric se abrió inicialmente a esa posibilidad, lo que no fue mirado con buenos ojos por sus partidarios.

Es que la pregunta es razonable si el Rechazo tiene una buena oportunidad de ganar, y eso está ocurriendo. Afirmar que si gana el Rechazo sigue la Constitución actual sin cambios sería caer en el mismo error de la Convención: no sintonizar con lo que quieren los chilenos.

Por eso, ha surgido la idea de una tercera vía entre las opciones Apruebo y Rechazo. Las propuestas son varias. Algunos postulan el proyecto de Michelle Bachelet al concluir su gobierno. Otros piden que se elabore uno nuevo. Y allí están los que proponen otra Convención elegida, los que hablan de una comisión de expertos y quienes quieren que la elabore el Congreso; incluso algunos desean la Constitución de 1925 como punto de partida.

Todas estas opciones tienen problemas. Por ejemplo, a Michelle Bachelet no le gusta ahora la propuesta de Bachelet, prefiere la más radical de la Convención. Una mínima dosis de realismo político dice que hay un requisito que no se cumplirá en ninguna de estas opciones: que tenga los votos de dos tercios de los parlamentarios que exige la Constitución. La UDI planteó rebajar ese quórum, el gobierno ha reaccionado, vía la ministra PC Camila Vallejo, cerrando la puerta a la tercera vía institucional.

Pero esto no obliga a quedarse con la actual Constitución sin hacer nada más. Si gana el Rechazo podemos, de buena fe, apelando al sentido común de los chilenos, consensuar fórmulas para cambiar la actual Constitución. El requisito básico a mi juicio es que ellas surjan de liderazgos ciudadanos que emergen de la discusión constitucional. Y hay liderazgos como el de “los amarillos”, que ha conducido Cristián Warnken; o aquellos provenientes del mundo rural que desean más participación de las regiones sin destruir el modo de vida agrícola o minero por cambios en las reglas sobre propiedad; o de las comunidades educativas que piden garantías para la educación privada; o de los que quieren mejorar las pensiones y la salud sin prohibir la administración privada a la que aspiran millones de chilenos; y los que se niegan a la posibilidad del aborto sin restricción alguna ni objeción de conciencia.

Los políticos debieran calmar su ansiedad y observar liderazgos ciudadanos que marquen el rumbo y luego comprometerse a aprobar fórmulas creíbles para elaborar cambios constitucionales. Después del 4 de septiembre el proceso continúa y puede haber Rechazo y cambios constitucionales; opción que los convencionales, exigiendo un quórum de dos tercios, han cerrado por cuatro años si gana el Apruebo.

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