Columna de María de los Ángeles Fernández: Volver a los 30



Lo que subyace al Rechazo en el plebiscito del 4S, a pesar del empeño de las encuestas por descifrarlo, tiene algo de inescrutable. A ello contribuye, seguramente, la novedad del voto obligatorio. Frente a ello, resultan llamativas interpretaciones tan grandilocuentes como seguras de sí mismas. Un ejemplo lo brinda el académico Rodrigo Karmy, para quien sería “un momento en que, más que la Constitución propuesta, se aplasta el proceso democrático”.

A conclusiones más modestas, pero no menos riesgosas dada la volatibilidad electoral dominante y el hecho de que no sabemos si en algo ha aumentado ese magro 4% que todavía confía en los partidos, según la encuesta CEP de abril-mayo, parecen haber llegado quienes, como resultado del proceso, han advertido un vacío ideológico listo para ser llenado. Contribuye a ello el triste desempeño de una parte de los que ingresaron en el órgano constitucional bajo el rótulo de “independientes”, lo que lleva a volcar la vista de nuevo en dichos actores.

Tras el recurso a independientes, muchos vinculados a movimientos sociales, se encuentra una romantización que, como bien advirtió Juan José Linz, “desconoce su naturaleza y funciones”, las que estarían “centradas en un solo tema, sin tener que sopesar demandas en conflicto y hacer compromisos”. Las características de la agregación de demandas que son de la esencia de los partidos, son tan especiales que, como vimos, resiste mal cualquier atajo. Por otra parte, aunque han visto crecientemente usurpadas sus funciones por otros actores, los partidos mantienen el control de la estructuración del voto y de la competencia electoral.

Este contexto ayuda a explicar la intención de Amarillos por Chile de convertirse en partido, camino que se anticipa seguirán otros.

Aunque bien sabemos que, a más formaciones (serían 15 las registradas ante el Servel), mayor riesgo de fragmentación, vale la pena explorar nuevas rutas, aunque surge la pregunta de si las nuevas servirán para recuperar la confianza en su propio quehacer. Las más recientes, agrupadas en el Frente Amplio, poco o nada parecen haber contribuido.

Aunque centrado en el caso europeo, Andrea Rizzi entrega en El País algunas pistas cuando informa, a partir del último Eurobarómetro, que los partidos españoles serían los peor valorados en la UE. Indaga en países que puntúan sobre la media, como Finlandia, Países Bajos, Austria o Alemania, detectando factores como “un largo historial de políticas de búsqueda de compromisos, pragmatismo y coaliciones de amplio espectro”.

A pesar de diferencias obvias, no se trata de elementos ajenos a Chile. Es cosa de hurgar en los últimos “treinta años”, período de su historia reciente que algunos, tanto dentro como fuera del país, vienen estigmatizando.

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