Consideraciones para un nuevo royalty minero




Por Evangelina Dardati, Roberto Cases y Daniela Leitch, Centro de Estudios Públicos

Hace unos días en la Cámara de Diputados, se aprobó el proyecto que establece un royalty minero. El proyecto estipula una tasa del 3% sobre las ventas brutas creciente con el precio del mineral. La tasa efectiva sería por ejemplo de un 21,5% con un precio de 4 dólares por libra y de un 30% a un precio de 4,75. En este sentido, creemos que hay tres puntos importantes a considerar.

Primero, a diferencia del actual Impuesto Específico de la Minería (IEM) en donde la tasa depende del margen operacional (una medida de rentabilidad de la firma), este proyecto estipula un rango uniforme de tasas. Esto implica que no se tiene en cuenta la capacidad de pago de la empresa y, por ende, las minas más afectadas por el nuevo impuesto son aquellas con márgenes operacionales bajos. Por otra parte, la estructura actual del IEM ya implica una mayor tasa cuando aumenta el precio ya que aumenta el margen operacional de la firma y por ende ésta debe pagar más (al menos en el corto plazo si ese aumento del precio no se traduce en mayores costos). Es decir, un aumento del precio se traduce en una mayor recaudación, pero se cobra en mayor medida sobre firmas más rentables, no recayendo tanto en firmas con menor capacidad de pago como sería el caso del nuevo proyecto.

Segundo, en general los países que cobran un royalty minero sobre ventas brutas tienen tasas que van del 2% al 5%, mientras que en los países que cobran el royalty sobre los beneficios operacionales (como el actual IEM) las tasas van del 1% al 13%. El nuevo proyecto de royalty dejaría a Chile con una tasa efectiva mucho más alta que la de sus competidores cercanos. Adicionalmente, para evaluar la competitividad de un país también es necesario analizar la estructura de costos y la ley del mineral. En el caso de Chile durante los últimos años la ley fue bajando debido al relativo envejecimiento de los yacimientos. Asimismo, los costos fueron aumentando. Es decir, el nuevo impuesto dejaría a Chile en una posición de desventaja, tal que para muchas empresas sería más rentable invertir en otros países.

Tercero, es importante analizar las consecuencias que esta política puede tener sobre el empleo y los ingresos. La pérdida de competitividad que traería el nuevo royalty puede generar menos exploración en Chile y por ende menos inversiones tanto en nuevos proyectos (efecto de mediano plazo) como en inversiones de minas ya instaladas para que exploten más el recurso (efecto de corto plazo). Proyectos que nunca se realizan no generan recaudación. Adicionalmente, todo esto puede impactar adversamente en el empleo y en los ingresos, especialmente en regiones donde la minería y sus actividades relacionadas son la principal fuente de ingresos.

En síntesis, la discusión de modificar el actual IEM es válida, pero se debe realizar analizando cuidadosamente cada uno de los puntos mencionados anteriormente. De otra forma, se corre el riesgo de implementar una política que termine generando consecuencias contrarias a las buscadas.

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