Derecha: construir sobre lo avanzado



Por Juan Ignacio Brito, periodista

Aunque sufrió una derrota contundente el domingo, la derecha ha salido relativamente bien parada de las elecciones parlamentarias y presidenciales. Su candidato obtuvo un número de votos levemente inferior al de Sebastián Piñera en 2017, mientras que en el Congreso domina la mitad del Senado y tiene el bloque más numeroso de diputados. Constituye una sorpresa que la derecha haya logrado reconstituirse con rapidez dos años después del estallido social, con un gobierno desacreditado, un Presidente impopular y sonoros fracasos en el plebiscito constituyente y los comicios para elegir a los miembros de la Convención Constitucional.

Sin embargo, más allá de los triunfos morales, la derecha volverá a estar en la oposición en marzo. Necesita rearmarse y reflexionar para desempeñar ese rol y volver a ser una alternativa competitiva de poder. Ello implica levantar liderazgos “fusionistas” (que sepan aglutinar las distintas corrientes que existen en el sector) y realizar un diagnóstico de lo que le ha ocurrido en el último tiempo. El objetivo debe ser idear y lanzar un proyecto político sustentado en una visión que entregue esperanza al país.

Parece necesario superar de una vez proyectos que a veces dieron resultados electorales, pero que fueron vaciando de contenido y mística la propuesta de la derecha. El piñerismo, el lavinismo y la identificación con sectores del gran empresariado fueron pan para hoy y hambre para mañana. Deberían ser abandonados para promover un proyecto propio y coherente.

Resulta impostergable el desarrollo de una propuesta que tenga presencia en las regiones y ámbitos populares para dejar de lado la impronta de clase que ha ido adquiriendo el sector; que promueva un discurso nacional alejado de los intereses de grupo e identidades particulares; restaure valores amenazados y abrace tendencias nuevas; considere la dignidad humana sin miradas reduccionistas y promueva un desarrollo integral, no limitado a los aspectos económicos; y posea un fuerte componente social que se haga cargo de problemas de larga data con soluciones originales y acordes al ideario de la libertad con responsabilidad.

Si la derecha pretende ganar elecciones futuras, debe ser asimismo capaz de hacer campañas en positivo. No basta con denunciar condiciones deterioradas (de orden y seguridad, socioeconómicas, etc.) y ofrecer una mejor gestión en áreas sensibles, sino que también es imprescindible entusiasmar a la opinión pública con un proyecto que haga volar la imaginación y despierte ilusión.

Gracias a la campaña restauradora de José Antonio Kast, la primera piedra de esa construcción ya está instalada. Ahora queda lo más difícil: consolidar lo avanzado en un proyecto coherente y duradero. Se requerirán esfuerzo, ideas y altruismo para perseverar en la tarea.

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