El gobierno no puede solo

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Es un hecho que de esta crisis social que vivimos no podremos salir adelante si se mira al gobierno esperando que tengan las respuestas y la fuerza política para implementarlas. Porque, por sí solo, el gobierno no la tiene. Los gobiernos atienden mil problemas a la vez: deben hacer que un país funcione con normalidad, que su economía funcione pensando en las personas (en todas y no en la ganancia de unos pocos); que los hospitales atiendan oportunamente, con especialistas e implementos que salven vidas y no den hora para meses después; que exista seguridad en las calles de todos los barrios (no en unos pocos) y que el crimen organizado esté controlado y no como ahora, que tiene calles y poblaciones bajo su narco control; que el transporte lleve a las personas a sus trabajos; que la cultura esté al alcance de todos quienes quieran; que cada escuela y liceo sea un lugar de respeto, aprendizaje y tolerancia, donde se aprenda a conversar y tener opiniones diversas, sin caer a los golpes o a los gritos. Si el gobierno descuida cualquiera de estas y otras tantísimas funciones, los resultados recaen directamente en todos nosotros.

El impacto que han tenido las movilizaciones sociales es enorme, cada encuesta lo medirá a su manera, pero la realidad se siente, se vive y se discute en todas partes. Y nos caracteriza el tipo de emoción que se elige para hablar de lo que pasa, libremente. Si se elige el miedo, esas conversaciones van a provocar miedo y polarizarán con discursos sobre un país que ahora está destruido por la violencia de la calle, pero dirán que antes era justo, limpio, y funcionaba; lo que no dicen es que funcionaba para unos pocos, pero no para la gran mayoría de las personas. Los que eligen discursos constructivos y esperanzadores, llevan adelante acciones concretas para generar cambios en los espacios que habitan, y lo hacen conversando, escuchando y tomando las decisiones de cambiar lo que antes no habían considerado.

Las universidades, las empresas, los colegios y las familias son espacios donde pasamos mucho tiempo y pueden cambiar para mejor. En muchos lugares se sentaron a conversar, miraron lo que hacían y decidieron cambiarlo, ajustarlo, dejarlo de hacer; incluyeron a los que no habían incluido, le dieron oportunidades a los que no las habían tenido y abrieron los espacios para integrar mujeres, jóvenes, viejos, los de afuera y conversar con los de arriba. El primer paso fue escuchar con ganas a quienes no se les escucha nunca, porque la clave para seguir adelante en un país que cuide a las personas será escuchando más y hablando menos.

¿Qué sentido tiene todo lo que ha pasado si nada va a cambiar? El gobierno no puede solo, pero tiene un rol y debe ejercerlo. Tiene la responsabilidad del orden público, de que el país funcione, que el proceso constituyente esté garantizado, porque es un gran ejercicio para escuchar lo que las personas están expresando. El gobierno puede elegir palabras y acciones constructivas para avanzar, pues no se gobierna para unos pocos, se gobierna para todos y todas.


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