Por Rodrigo GuendelmanEl Premio Nacional de Arquitectura lo debe entregar el Estado

Lo recuerdo como si fuera hoy. El 4 de septiembre de 2019, en un seminario internacional sobre el color, el arquitecto Pablo Allard y quien escribe esta columna estábamos en el escenario entrevistando al gran artista Eduardo Vilches. A Pablo le vibra el celular varias veces, hasta que decide contestar. Era la ministra de las Culturas, Consuelo Valdés, que llamaba para informarle a Vilches que había ganado el Premio Nacional de Artes Plásticas. Pablo puso el teléfono en el micrófono y los cientos de personas que estaban presentes en el auditorio del campus Santiago de la Universidad del Desarrollo pudieron ser testigos de ese inolvidable momento. Claro, pues era el Estado de Chile, a través del Ministerio de las Culturas, el que premiaba a un gran talento nacional.
“El Premio Nacional es el máximo reconocimiento que otorga el Estado de Chile a la obra de chilenas y chilenos que, por su excelencia, creatividad, aporte trascendente a la cultura nacional y al desarrollo del conocimiento, las humanidades, las ciencias y las artes, se hagan acreedores a estos galardones”, se puede leer en el sitio de ese ministerio.
Una idea que nace en 1940 en el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, por iniciativa de la Sociedad de Escritores de Chile, dada la preocupación por la vulnerabilidad de los escritores chilenos, que no contaban con beneficios previsionales ni sociales. Desde 1977 se entregan cada dos años y, desde 1992, con la promulgación de la Ley 19.169 y sus modificaciones posteriores que rige actualmente, se entregan en 11 disciplinas.
¿Y qué pasa con el Premio Nacional de Arquitectura? Es como un hermano chico. No lo entrega el Estado. No tiene reconocimiento económico. Y depende de un jurado que lo forma el directorio de una institución gremial. Este premio se instauró en 1969 para reconocer a Juan Martínez Gutiérrez, el arquitecto de la Escuela de Derecho de la U. de Chile y de la Escuela Militar.
El destacado arquitecto José “Pepe” Rosas explica que “aunque es destacable que el Colegio de Arquitectos de Chile creara un Premio de Honor por una vida dedicada al servicio de la arquitectura para distinguir a Juan Martínez, es innegable que esta distinción se ha visto envuelta en diversas polémicas con el paso del tiempo. Y lo que más llama la atención es que la obra creativa y aporte trascendente de todos ellos, que destacan por su creación, desarrollo en el campo de la cultura y nuevo conocimiento disciplinar y profesional en la arquitectura, no esté considerado en la Ley 19.169 creada en 1992 que establece normas sobre otorgamiento de Premios Nacionales. Estos reconocimientos del Estado, como máximo galardón que entrega el país, cuentan con un jurado y procedimientos con mayor prestigio, transversalidad y objetividad que el otorgado por la asociación gremial y además tiene un premio único en dinero y una pensión vitalicia, de la que carece el Premio Nacional de Arquitectura”.
Pepe Rosas remata diciendo que “en un momento en que la arquitectura goza también de un alto reconocimiento a nivel nacional, donde el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio la considera como patrimonio cultural material, parece del todo pertinente solicitar que el Premio Nacional de Arquitectura tenga la misma valoración que los otros premios nacionales”. Y ojo, Pepe Rosas no es el único.
La gran mayoría de los arquitectos de Chile comparten esta visión. Como el ex presidente del Colegio de Arquitectos y Premio Nacional de Arquitectura, Juan Sabbagh, quien explica que “al provenir del Estado, el premio asegura el reconocimiento institucional con alcance nacional, incorporando oficialmente su obra como un legado al patrimonio cultural del país. Un premio de una institución gremial prestigia y valora desde los pares, muy meritorio, por cierto, pero cuando el premio nacional viene desde el Estado es la patria la que reconoce y premia, y su alcance es infinito”.Y complementa con la siguiente reflexión. “Dos premios Pritzker, obras chilenas destacadas en el extranjero, cientos de publicaciones, conferencias, entrevistas, la atención del mundo sobre Chile: lo mínimo es responder a tiempo con la incorporación de la arquitectura en los Premios Nacionales. Quizás es lo que a Chile le falta para que la ciudadanía reconozca la arquitectura con una creación cultural que tiene la posibilidad de cambiar y hacer más feliz la vida de las personas”.
Un elemento adicional, que aporta Pepe Rosas. “Resulta incomprensible que en el campo de la ciudad y territorio el propio Colegio de Arquitectos en 1996, junto al Ministerio de Vivienda y Urbanismo, decidieran distinguir a los profesionales que destacan en estas áreas con el Premio Nacional de Urbanismo, que, aunque es también un reconocimiento honorífico, es un galardón con una mejor constitución de su jurado y un proceso conducido a nivel estatal”. Ya es hora de que el hermano chico y pobre se ponga los pantalones. El Premio Nacional de Arquitectura lo debe entregar el Estado de Chile.
Por Rodrigo Guendelman, conductor de Santiago Adicto de Radio Duna.
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