El retorno del MAS (y Evo Morales)



Por José Orlando Peralta, Latinoamérica21

El corto verano del bloque anti-MAS en Bolivia duró casi un año, pues el nuevo Presidente electo, Luis Arce Catacora (MAS), tendrá que jurar al cargo en noviembre o diciembre del año en curso. El posible retorno de Evo Morales genera alegría para unos y malestar para otros, pero el triunfo de su candidato (delfín) es una evidencia de que su olfato político está altamente desarrollado. Por su parte, los candidatos derrotados, Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho, tienen que asumir el papel de la oposición -minoría fragmentada- con la carga sobre las espaldas de haber repetido los mismos errores políticos pasados: no reconocer que la lógica nacional-popular es predominante en sectores populares y grupos indígenas (mayoritarios) que habitan en las periferias de las ciudades capitales de La Paz y Santa Cruz.

¿Cómo se explica el nuevo escenario político en Bolivia?

Los resultados preliminares han corroborado la idea de que en gran parte del imaginario social boliviano, Luis Arce tiene el mejor perfil para dirigir la economía del país. Su condición de exministro del área en el tiempo de la bonanza económica, en la época que mucha gente salió de la pobreza extrema y la clase media se ensanchó, ha sido su mejor carta de presentación en un momento crítico: cuando la pandemia dejó sin empleo y arrastro nuevamente a la pobreza a muchas familias, peor aún, con la pobre gestión en el área económica y de la salud pública y los hechos de corrupción en la administración de la Presidenta interina Jeanine Añez.

Por el otro lado, la campaña del candidato Carlos Mesa fue floja y sin impacto. Su discurso político no decía nada nuevo, de hecho, se desplegó bajo los parámetros discursivos del MAS en relación a la administración de las empresas estatales estratégicas. Una posición pragmática si consideramos que el papel del Estado en el manejo de la economía y generación de fuentes de empleos tiene un alto nivel de aceptación en la ciudadanía. En síntesis, Mesa fue un candidato de televisión y videos en redes sociales, no de calle. La distancia social (edad de riesgo en pandemia) se la tomó muy en serio en tiempo de campaña, y su costo fue bastante alto.

En el caso de Luis Fernando Camacho, su estrategia discursiva se fundamentó en que era un candidato que representaba la renovación de la clase política boliviana, hombre fiel a la fe religiosa (católica y cristiana) y el nuevo líder político que la región oriental de Bolivia (principalmente el departamento de Santa Cruz) necesitaba. Su antecedente: haber enfrentado a Evo Morales en el 2019 y luego provocado su renuncia -cuando supuestamente hubo fraude- le generó la credencial para postularse a la presidencia. Sin embargo, fue un fracaso. La simbiosis región-fe-juventud tuvo efecto sólo en el 14,1% de los votantes -según el conteo rápido de Jubileo (institución con alta credibilidad en el desarrollo de encuestas de intención de voto)- y marcó una polarización social con el clivaje oriente versus occidente.

¿Cuáles son los retos del nuevo Presidente electo?

Si bien para gran parte de la población (electores) Luis Arce posee los créditos necesarios para administrar las finanzas del Estado en el contexto de una pandemia que ha afectado económicamente la población más vulnerable, tiene también el gran reto de fortalecer la institucionalidad democrática. Si la mayoría en la nueva Asamblea Plurinacional (Parlamento) es representada por su partido (MAS) -como está previsto-, entonces tendrá vía libre para marcar la agenda de diversos temas y problemas pendientes. Sin embargo, si la agenda de temas de la minoría es inviabilizada en su totalidad, no se habrá avanzado mucho. Si el oficialismo neutraliza políticamente a la oposición y esta se mantiene fragmentada y desorientada, tendremos una nueva gestión caracterizada por la cacofonía de estos y la arremetida de aquellos. Nada nuevo bajo las estrellas en Bolivia.

Es necesario destacar que, en el contexto internacional, el triunfo del MAS ha sido un golazo de media cancha de la izquierda progresista latinoamericana. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, tuiteo: “Felicitaciones al MAS, que ha recuperado en las urnas, el poder que le fue usurpado por la oligarquía, con la complicidad de la OEA y la guía imperial”.  Por su parte, el expresidente ecuatoriano Rafael Correa escribió: ¡Jallalla Bolivia! Un abrazo a los hermanos Luis Arce y David Choquehuanca. Con su liderazgo, junto a Evo y Álvaro, nuestra entrañable Bolivia vuelve a su pueblo, vuelve también a la Patria Grande".

Ahora bien, una gran duda que queda en el aire es la independencia-dependencia y cercanía-lejanía entre Arce y Morales. ¿Tendrá estilo propio para gobernar Luis Arce? o ¿será Morales quien mueva los hilos del poder? Solo el tiempo sabrá dar la respuesta. Por ahora, lo cierto es que ha ganado una elección con méritos propios y tendrá como compañero de ruta al excanciller David Choquehuanca -se considera como “el último inca”-, quien fue elegido por diversas organizaciones indígenas y populares, principalmente del occidente del país, para que sea el candidato vicepresidencial. Aquí surge otra pregunta: ¿en qué medida son coincidentes sus respectivas visiones y agendas sobre el Estado, economía y sociedad de Arce y Choquehuanca?

Será la cuarta vez que el MAS llegue al gobierno nacional con un amplio respaldo electoral y un nuevo binomio con perfiles diferentes con respecto a sus antecesores: Presidente con imagen de tecnócrata y vicepresidente con cara de indígena. El retorno del MAS al gobierno y de Evo Morales al país, son dos hechos políticos que transmiten, en paralelo, encono para unos y esperanza para otros. “Vamos a gobernar para todos los bolivianos, vamos a construir un gobierno de unidad nacional”, fue uno de los mensajes de Arce como Presidente electo. Esperemos que estas palabras no se las lleve el viento y el nuevo Presidente demuestre que hará todo lo posible para ponerlas en práctica, pues hace mucha falta.

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