Estado de coma
El triunfo obtenido esta semana por el gobierno es resonante: el proyecto de Reconstrucción Nacional termina su trámite legislativo, poniendo una lápida a la reforma tributaria impulsada por el segundo gobierno de Michelle Bachelet. Aspectos clave como la rebaja del impuesto corporativo, la reintegración del sistema, la invariabilidad y el incentivo a la contratación, fueron ejes de la propuesta económica hecha por José Antonio Kast durante la campaña, y ven la luz a menos de seis meses de iniciada su gestión. Quedan aspectos pendientes, recursos en sede constitucional, pero la envergadura del logro político es innegable.
Significativo es también que la actual oposición no tuviera la capacidad de hacer en este proceso un aporte relevante. En los hechos, frente a la propuesta del Ejecutivo no hubo una alternativa para discutir y buscar acercamientos. El ministro Quiroz venía desde hace meses socializando un diagnóstico sobre el estancamiento económico y una oferta programática para enfrentarlo; las fuerzas opositoras, en cambio, llegaron a este debate legislativo con las manos vacías, salvo la decisión de rechazar todo lo que el gobierno pusiera sobre la mesa.
En rigor, la oposición no se preparó para esta instancia, no mostró una visión común respecto a las causas del bajo crecimiento de la última década y no tuvo medidas alternativas que proponer. Frustración, impotencia y la amenaza de intentar revertir esta reforma el día que vuelvan al poder, han sido sus únicas señales públicas, confirmando que la magnitud de la derrota no empieza siquiera a ser elaborada.
No hacerse cargo de lo que implica que el gobierno haya sacado adelante este conjunto de iniciativas llevó, entonces, a una serie de pantomimas. Entretener a la opinión pública comentando y sobredimensionando la entrevista de la exvocera de La Moneda; poner el grito en el cielo porque el oficialismo no tuvo los votos en el Senado para despachar el último artículo del proyecto, referido a los recursos para compensar a los municipios por la eliminación de las contribuciones a los mayores de 65 años y deberá, por tanto, esperar una semana; o la decisión de solicitar la renuncia a un subsecretario que dio positivo en un test de consumo de drogas. Todas situaciones puntuales o traspiés reales, que tienen alguna implicancia política, pero que al lado de lo que significa la aprobación de este megaproyecto, son menos que un deslavado premio de consuelo.
Son también el reflejo del estado de coma en que hoy se encuentra la centroizquierda. La ironía de que el mayor cambio refundacional de los últimos años lo esté haciendo el ministro Quiroz; que no hayan logrado parir una contrapropuesta y que su único consuelo sea la entrevista de Mara Sedini o la postergación por una semana de la aprobación de los recursos para los municipios, es algo muy sintomático. Es el desenlace de una historia de fracasos, el signo de una derrota que aún no empieza siquiera a ser aquilatada.
Por Max Colodro, filósofo y analista político
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