Opinión

Futuro Común: la cohesión social es fuente de rentabilidad

Gente en Plaza Ñuñoa

Las condiciones económicas del país se han deteriorado durante el año. Pasamos de una expectativa de crecimiento de 2,5% en octubre de 2025, a menos de 1% un año después (FMI). La inflación sube y está sobre el 4% en 12 meses. El desempleo, según la última medición del INE, está en 9,6%, siendo mayor en jóvenes (24,6%) y mujeres (10,3%). Al mismo tiempo, la aprobación del gobierno está bajo el 30% (Criteria, octubre 2026).

Por otra parte, un reciente estudio de opinión indica que un país desarrollado es, básicamente, uno donde se vive sin temor a la delincuencia (67%), con acceso a salud (66%) y educación de calidad (65%), además de trabajo estable y bien pagado (63%). Así mismo, el 65% cree que el bajo crecimiento es la principal causa de los problemas del país. Y un país que no reduce la desigualdad limita su propio potencial de desarrollo (80%), mientras que el 73% considera que la desigualdad es alta en Chile. Finalmente, el 72% cree que ante un problema serio como perder el trabajo o una enfermedad grave, es posible caer en la pobreza (Cadem, septiembre 2026).

La caída en el crecimiento no es un problema exclusivo de nuestro país. Si comparamos el último cuarto del siglo XX, con el primero del siglo XXI, el crecimiento económico en USA, Francia, Inglaterra y Japón cae a menos de la mitad (Banco Mundial). Chile muestra una caída de 35%, comparando los mismos períodos.

En este contexto surge la iniciativa Futuro Común, plataforma impulsada por Fundación Colunga, el Hogar de Cristo y la Comunidad de Organizaciones Solidarias, cuyo fin es contribuir a una agenda de desarrollo que fortalezca las condiciones sociales necesarias para crecer de manera sostenible.

El punto de fondo es la necesidad imperiosa de retomar el crecimiento económico, pero al mismo tiempo, avanzar en cohesión social e igualdad de oportunidades. En palabras del capellán del Hogar de Cristo: “los indicadores económicos no bastan. Lo que sostiene a un país son los vínculos. Sentir que le importas a alguien, que cuentas, y que también puedes aportar. Si no es común, no hay futuro”. La desigualdad y la falta de cohesión frenan el crecimiento. La evidencia internacional demuestra que la desigualdad se traduce en una pérdida directa de puntos de crecimiento en el largo plazo.

Y en esta tarea todos tenemos responsabilidad. Debemos conocernos e interactuar para dialogar, para encontrar soluciones en conjunto, diseñando y actuando para construir un futuro común. La convocatoria es a la sociedad civil, al Estado, a las empresas y las universidades, porque si no los riesgos son mayores. No solo se trata de solidaridad, que es importante, sino de convivencia de largo plazo. Lo que está amenazada en último término es la misma democracia, ya que si no es capaz de resolver los grandes problemas de la sociedad (empleo, seguridad, salud, educación, corrupción), las consecuencias son peligrosas. Si la democracia no puede defenderse por sí misma; habrá una batalla feroz entre el autoritarismo (político y económico) y el crimen organizado. Y la trayectoria es peligrosa. En los últimos 20 años, el planeta ha pasado de 12 a 44 países gobernados bajo un régimen autocrático, lo que corresponde al 41% de la población mundial (V-Dem Democracy Report 2026).

En las empresas debemos tomar muy en serio los tiempos que vivimos y los desafíos que enfrentamos -públicos y privados-, que van mucho más allá de los meramente competitivos. Lo que está en riesgo es el modelo de sociedad, tal como lo conocemos. Nada asegura que los totalitarismos de la primera mitad del siglo XX reaparezcan, pero ahora desde otra arista, menos bélica, pero más económica y/o tecnológica. No queremos que un autócrata o un líder de crimen organizado rija nuestros destinos a partir de promesas de paz y prosperidad.

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